18 de July de 2009 00:00

Quejas por la desorganización en la terminal de Carcelén

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Redacción Quito

Disgusto, incomodidad y mal humor. Ese es el ambiente que se percibe al llegar a la terminal de Carcelén. Esta empezó a operar desde anteayer para los transportes interprovinciales e intercantonales que van al norte del país.

Pasajeros, miembros de las cooperativas y transportistas se quejaron de las instalaciones y de la mala organización en las operaciones. Mercedes de Merino intentó llegar en Trolebús hasta Carcelén desde el sur. Sin embargo, el cartón y los dos bolsos que llevaba no se lo permitieron. “Gasté USD 13  en un taxi más el pasaje a Esmeraldas. Eso no es justo”, dijo indignada.

Más sobre la estación
La terminal de Carcelén ofrece el servicio para los usuarios que viajan hacia el norte del país y hacia las parroquias del norte de Quito. La estación está ubicada entre las avenidas Eloy Alfaro y Galo Plaza.
Para llegar en bus a la estación se pueden utilizar los alimentadores de los Corredores Central Norte, Ecovía y Trolebús.
Según la administración de la estación de Carcelén, 5 600 personas utilizarán las instalaciones a diario. 17 cooperativas trabajan en Carcelén. Esta semana se evitará a los voceadores.

En taxi también tuvo que llegar Pertulfo Reyes. Él tenía prisa por viajar al Carchi. “Los alimentadores del Metrobús Q se tardan más de 40 minutos”. No obstante, de todas maneras se tardó. “No hay señalización. Llevo 10 minutos yendo de un lado para el otro”.

Su situación de pérdida al igual que la de otros pasajeros fue aprovechada por algunos voceadores de las cooperativas de transporte para ganar clientela.

Ellos direccionaron a los viajeros hacia sus transportes y eso causó malestar entre las personas que atendían en las boleterías. El problema terminó en golpes. 

“Se dijo que no iba a haber más voceadores, pero los hay. Los más vivos atajan al usuario desde la entrada en lugar de dejar que los pasajeros  escojan la cooperativa de su preferencia. En tres horas solo he vendido dos boletos”, se lamentaba Doris Cabrera, de la cooperativa Espejo.

De su lado, Byron Merizalde, gerente de las terminales, aseguró que el problema se genera a partir de la falta de boleterías, pues provisionalmente las cooperativas están ubicadas en el espacio de las bodegas.

Según Merizalde, en máximo 60 días más estarán listos los espacios para vender los boletos. “Vamos a controlar que no existan voceadores. Una de las soluciones será colocar las boleterías en la parte de afuera”. Para ese fin, ayer las puertas posteriores de las bodegas fueron cortadas por la mitad.

Entre los conductores también hubo descontento por los adhesivos que se les colocará al salir de la terminal. “Eso es algo que no tiene sentido porque no solo se recoge sino que también se deja pasajeros afuera de la terminal”, señaló  Arturo Arévalo, conductor de la operadora Espejo.

Pero lo que más indigna a Arévalo es la falta de servicios que hay en la estación. Hasta ayer los puestos de venta todavía estaban vacíos. Además, cerca de la estación no existen restaurantes ni lugares donde hospedarse.

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