26 de April de 2011 00:00

Qué verguenza

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Así se expresó el Presidente al referirse a una ciudadana riobambeña que supuestamente le hizo un gesto obsceno. La versión de la mujer, tras permanecer varias horas privada de su libertad, fue que se trató de un dibujo en el aire con sus dedos que decían ene o.

Este incidente, como tantos otros, ocurre en nuestra folklórica política que se enciende en cada campaña electoral. No es fácil retener en la memoria cuántas elecciones hemos tenido en los últimos años con la cantaleta de la felicidad eterna. A la señora de Riobamba le sacaron a relucir todo su pasado personal. Solo faltó que dijeran si nació por cesárea o parto natural. La vida personal sometida al escarnio público. Qué verguenza.

Pero bueno, así somos, definitivamente este es un paraíso para dicha de los políticos que buscan más poder. También da verguenza lo que ocurrió hace pocos días durante la Feria Internacional del Libro, en Buenos Aires.

Cuando la política mete sus garras, la cultura pasa a un segundo plano. La feria comenzó con exabruptos en contra uno de los más brillantes escritores latinoamericanos, Mario Vargas Llosa. Siguió con el desaguisado en el pabellón donde se exhibe literatura ecuatoriana.

‘Ecuador ama la vida’, se lee en el stand, que cuenta con el auspicio del Ministerio de Cultura. En su interior, dos encargados de la promoción del libro. Uno de ellos, audaz y en posición de combate con toda su artillería. Un categórico ‘yucazo’ acompañado del dedo medio de su mano derecha en posición de ataque.

Ramón Indart, el fotorreportero del diario electrónico Perfil, gatilla el obturador de su cámara y registra una secuencia que quedó colgada en una galería de fotos en ese medio bonaerense. Como diría nuestro presidente ¡qué verguenza! Sí, porque no es justo que nuestras disputas electorales las llevemos a ventilar allende las fronteras.

La reacción oficial fue rápida. De acuerdo con un comunicado que difundió el fin de semana la directora de comunicación del Ministerio de Cultura, Verónica Proaño, el autor del ‘yucazo’ no es funcionario. O sea, se trata de un acucioso y comedido funcionario de esos que le gusta hacer toda clase de méritos para ser tomado en cuenta.

Según la funcionaria se garantiza la libre circulación de todos los libros que están en el stand, entre ellos El gran hermano, escrito por Juan Carlos Calderón y Cristian Zurita. En principio el embajador Wellington Sandoval había dicho que ni siquiera se permitiría la exhibición del libro del Presidente.

El médico Sandoval, que ahora nos representa como diplomático, trató de suavizar el incidente. Por lo menos trató, lo importante es entender que los libros son escritos por las más diversas corrientes del pensamiento universal y que una censura es inaceptable y vergonzosa, igual que el ‘yucazo’.

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