16 de marzo de 2015 12:00

El tenebroso motoclista que protege al presidente ruso Vladimir Putin

Zaldostanov

Zaldostanov, tiene como prioridad proteger al líder del Kremlin, Vladimir Putín. Foto: Diario La Nación de Argentina/GDA

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Diario La Nación de Argentina
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La amenaza era conocida por todos. Diez días antes del asesinato del opositor Boris Nemtsov, Alexander Zaldostanov advirtió públicamente: "El miedo a la muerte es lo único que puede detener a la oposición rusa".

Ese personaje omnipresente en la televisión estatal desde hace un año es un tenebroso motociclista de 52 años, fanático de Mad Max y del patriarca de Moscú, a quien Vladimir Putin denomina "su hermano". Lo quiere tanto que lo ha convertido en el símbolo de su régimen nacionalista y en jefe de una suerte de guardia pretoriana paralela.

El individuo, un gigante con cola de caballo apodado el "Cirujano" desde las épocas en que estudiaba medicina, preside el mayor club de motociclistas de Rusia. La organización agrupa a varios miles de matones en una versión eslava de los Hells Angels.

Zaldostanov, que tiene la entrada prohibida en Europa y Estados Unidos por las exacciones antiucranianas que cometió en Crimea, se cree investido de una misión divina: ayudar a Putin, el "salvador del mundo", a "reunificar el imperio ruso" y, sobre todo, proteger al líder del Kremlin contra "la bestia naranja", esa revolución popular y pacífica que Nemtsov promovió hasta el 27 de febrero último, cuando fue asesinado a dos pasos del Kremlin.

El sitio que ese extremista ocupa en la escena político-mediática rusa es revelador de las desviaciones del poder putiniano. "De Moscú a Vladivostok, todo el mundo conoce al 'Cirujano', su ropa de cuero negro, su Harley Davidson y sus tatuajes. Él y sus hombres (autoapodados 'los lobos de la noche') están omnipresentes en las celebraciones oficiales. En verdad, forman parte de la nueva historia rusa", confía Anna Dolgov, del sitio Newsreporter Media.

En febrero de 2014, bloquearon la entrada a Crimea, primera etapa de la anexión de la península. En noviembre, en Moscú, abrieron en directo ante las cámaras de televisión estatal el cortejo de la fiesta nacional enarbolando su propia bandera, un patchwork desordenado de estrella roja soviética y águila imperial.

La última demostración de fuerza se produjo el 21 de febrero pasado, durante una marcha anti-Maidán, en la que miles de manifestantes insultaban al nuevo gobierno ucraniano. Con la consigna "no olvidamos, tampoco perdonamos", Zaldostanov proclamó su intención de "exterminar" a los opositores de Putin. Una semana después, Nemtsov cayó víctima de cuatro balazos.

Su moto-center está instalado en una vasto terreno baldío unos 20 kilómetros al noroeste de Moscú. En la entrada hay un par de lobos embalsamados, una inmensa cruz ortodoxa y carcasas de camiones.

"Prohibida la ropa deportiva y de camuflaje", advierte un cartel. Dos vigías grandes como silos, vestidos de cuero negro y el cráneo rapado, bloquean la entrada. "Esto es un club privado. Hay que ser miembro o estar invitado para entrar. Pero sobre todo están prohibidas las mujeres y los pederastas", precisa el más macizo, mientras señala con el brazo extendido el camino de salida.

El encuentro de Putin con Zaldostanov se remonta a 2009, dos días antes de un show organizado por el "Cirujano". Como si ya estuviera en sus planes el giro nacionalista de su política, el entonces premier decidió aportarle su apoyo. "Me ofreció una bandera y conversamos largo rato", relató una vez. "De inmediato comprendí que ama a su país y lo comprende. De todos los jefes del Kremlin, después de Stalin, es el que tiene una visión más vasta. Como yo -suele repetir-, piensa que Rusia es el único país capaz de salvar al mundo del derrumbe moral”.

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