9 de January de 2010 00:00

La puntualidad es vital para Miguel Cedeño

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Redacción Quito

Un buen desayuno es lo que le da energías a Miguel Cedeño para empezar su jornada laboral. Él es albañil y trabaja en el norte de la ciudad. Desde las 06:00 en que se levanta, asea y desayuna comienza a pensar en los materiales que hacen falta en la obra que ejecuta frente a la estación norte del Trolebús.

Su esposa Norma Zambrano y sus dos hijas, Doménica de 8 años  y Camily de 6, lo acompañan mientras se sirve los alimentos en su casa de dos plantas ubicada en  Los Capulíes, en Calderón. Para Zambrano, estar  con su esposo en la mañana es  reconfortante, pues no lo ve en todo el día. Por eso trata de disfrutar  cuando él está en casa. 

La remuneración
Miguel Cedeño   trabaja como maestro mayor en la construcción de una concesionaria de motos. Quincenalmente gana alrededor de USD 300.
Además,   cobra  rubros por las planillas que también se presentan cada 15 días. Pero con la educación de sus hijas y los gastos de su hogar el dinero no le alcanza.
Cedeño ha  dirigido grupos de 35 personas. Hamilton Quiroga, un compañero dice que es agradable trabajar con él.

Después de media hora, Cedeño  se despide de su familia,  se coloca una chompa verde (la del trabajo)  para protegerse del frío y sale de su casa. A pesar de la neblina se puede ver en el camino, recién asfaltado,  restos de tierra y polvo de las calles empedradas que hay en la parte trasera de la urbanización.  

El hombre de estatura pequeña toma el bus en la vía a Calderón. Tiene que llegar hasta la av. 10 de Agosto y Papallacta.  Aunque la unidad interparroquial  está llena  se sube  para no llegar tarde a la construcción.  Mientras viaja en el bus repleto, Cedeño, quien renta la vivienda en ese sector desde hace cuatro  años, cuenta que vive en la urbe desde   hace 13.
 Nació en Esmeraldas pero vivió en Mindo y estudió la secundaria en Quevedo. Allí fue donde conoció a Ángel Caguano, un albañil que le introdujo en  la construcción y  le enseñó todo lo que ahora conoce.

Desde ese entonces se trasladó a Quito. En un inicio, los trabajos que obtenía eran gracias a la gente que conocía sobre el trabajo de Caguano, pero con el paso del tiempo se abrió campo en el medio e hizo contactos. “Gracias a Dios en este negocio me ha ido bien. La gente me conoce, sabe cómo trabajo y me llama para que dirija obras”.

La congestión lo detiene en la salida de Carapungo donde se forman varias filas de vehículos que intentan circular en el intercambiador hacia el sur de la urbe. En una hora  llega a la parada que queda frente a la Estación Norte del Trole. Camina menos de media cuadra e ingresa a la construcción de una concesionaria de motos cercada por láminas de aluminio.

Cuando son las  07:30, él es el primero en llegar. La hora de entrada corre desde ahí hasta las 16:30. Durante el día se da dos recesos, el uno a media mañana y el otro a la hora del almuerzo.  Janneth Villalba, arquitecta residente de la obra, dice que Cedeño es un trabajador muy puntual y organizado. “Las obras en las que ha estado a cargo han sido buenas, por eso lo consideramos un colaborador de confianza”.



Este trabajo es difícil pero me ha dado muchas satisfacciones.
Miguel Cedeño
AlbañilMientras  corta  varillas para colocarlas en  la estructura metálica, cuenta que termina el día agotado. A pesar de que sale a las 16:30 llega a su casa a las 18:00. Los buses a esa hora circulan lento por el tránsito en la entrada a Carapungo. 

Llega a su casa, se baña, revisa los deberes de sus hijas y  los planos de la obra para saber qué es lo que deberá realizar el día siguiente. Para él, el trabajo sale bien  cuando se lo hace con gusto y cariño. “Este trabajo es difícil pero me da  satisfacciones”.



 

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