28 de February de 2010 00:00

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Grace Jaramillo

Siempre me he preguntado ¿por qué los latinoamericanos que encuentran a su esposa o esposo engañándolos en el sofá de la casa, deciden cambiar el sofá para solucionar el problema?, con lo cual queda el problema completamente intacto. Es un símil tempestuoso, pero útil a la hora de entender con la cabeza fría y la mano puesta en el corazón el problema del Ecuador con relación al Grupo de Acción Financiera (GAFI) en el contexto internacional, pues terminará afectando a todos los ecuatorianos.

Primero, ningún organismo internacional castiga a un país porque ha decidido mantener relaciones diplomáticas con otro país. Muchos países de América Latina mantienen embajadas o consulados en Teherán y no por eso son señalados en ninguna forma. Así que los ministros no quedan muy bien cuando insisten en que el país fue sancionado por abrir una embajada, porque no es verdad. Segundo, la razón verdadera, la de fondo, es que hay tres resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas solicitando y -en la 1803 demandando- a los estados abstenerse de iniciar vínculos con entidades financieras iraníes.

Mucho se puede decir del Imperialismo en Naciones Unidas, pero poco se ha dicho sobre la unanimidad de los cinco países miembros permanentes al tomar estas resoluciones sobre Irán. Tercero, Ecuador entró libre y soberanamente tanto a las Naciones Unidas como al Gafisud por lo que cumplir con estas decisiones era también defender nuestra soberanía. Retirarnos del GAFI justo ahora o intentar desprestigiarlo sería dar la razón a quienes nos pusieron en la lista negra, en lugar de luchar dentro de los organismos para reivindicar nuestro nombre.

En todo caso, los que hacen la política exterior en este Gobierno deberían estar absolutamente conscientes que la ecuación de país dolarizado; más acuerdo financiero con un banco iraní bajo sospecha de apoyo al terrorismo; más apertura total de visados y fronteras a Irán iba a dar como resultado una situación de esta naturaleza, por la historia de apoyo de ese país árabe a grupos islámicos extremistas como Hamas e Hizbulá, eso sin contar el tema nuclear. Una declaración del Grupo de Río y una campaña mediática están lejos de solucionar el problema.

Esto me lleva a un punto final: La mejor manera de menoscabar nuestra soberanía es usarla como pretexto o peor, como fin último. La soberanía es un medio para construir un sentido de nación, es sinónimo de responsabilidad, es la síntesis de la construcción de nuestra idea de nación, de Estado, de acuerdo a nuestra visión compartida de cuáles son nuestros intereses nacionales. Y me pregunto ¿cuál es esa construcción compartida del pueblo ecuatoriano que puso a Irán como prioridad nacional? Ya que hemos expuesto nuestra soberanía al escrutinio de la comunidad internacional por este tema, ojalá haya más respuestas que el simple “porque sí”.

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