12 de febrero de 2016 08:05

Los puentes 7 y 8 son las paradas más complicadas en la autopista General Rumiñahui

Usuarios del transporte público esperan una unidad en el puente 8 de la autopista General Rumiñahui. Foto: Mario González /EL COMERCIO

Usuarios del transporte público esperan una unidad en el puente 8 de la autopista General Rumiñahui. Foto: Mario González /EL COMERCIO

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Mario Alexis González

Tomar un bus en la mañana para desplazarse a Quito desde los puentes 7 y 8, en la autopista General Rumiñahui, puede convertirse en una odisea. Unidades repletas y otras que no paran son las principales dificultades con las que los usuarios de este sector del Valle de los Chillos deben luchar cada día.

Karen Cisneros ha vivido en la Ciudadela Hospitalaria desde que tiene ocho años, hoy cuenta con 24. Los habitantes de este sector tienen la posibilidad de tomar buses tanto en el puente 7 como en el 8. La estudiante universitaria cuenta que deben esperar a que existan personas que se bajen en los puentes para que los buses paren y poder subir, "sin importar que tan llenos estén".

Incluso, asegura, hay unidades que pasan los puentes y se detienen unos cuantos metros más allá para no llevar a la gente. "No entiendo por qué no quieren llevarnos", se pregunta la mujer que diariamente usa este servicio para trasladarse a su centro de estudios en el norte de la capital.

Luis Llumi, cobrador y propietario de una de las unidades que hace el recorrido desde Sangolquí hasta La Marín, explica los motivos por los que los transportistas muchas veces no paran en esos lugares. "La mayoría de días llegamos a los puentes llenos o casi llenos y en esas paradas hay mucha gente", dice. Añade que las personas no miden los riesgos y muchas veces intentan subir sin importar que tan lleno esté el bus o si deben ir colgando de la puerta abierta del transporte.

Según los moradores del sector, el horario más problemático es entre las 06:45 y las 08:00. Muchos prefieren madrugar y tomar buses antes de ese horario y llegar más temprano a sus destinos.

Rosa Beltrán, contadora en una entidad pública, expone que esta semana ha sido un respiro. Las vacaciones escolares han disminuido el número de usuarios notablemente. "Si fuera así todos los días, podría dormir 15 minutos más", bromea la oriunda de Quevedo.

Ya en los buses,  el problema es la cantidad de personas que en ocasiones sobrepasa la capacidad de las unidades. Este viernes 12 de febrero de 2016, cerca de las 07:15, esto se vivió en uno de los buses que viajaba hacia la Universidad Central. Los usuarios que iban parados estaban incómodos. Y el cobrador pedía constantemente que "se acomoden en el medio".

Rommel Ruíz, estudiante de artes en la U. Central, ya está acostumbrado. Su medida para evitar el estrés es ponerse sus audífonos y escuchar la radio. "Lo más impresionante es la habilidad de algunas personas", dice.  Algunos leen, escriben y las mujeres hasta se maquillan en esas condiciones, añade.

Otro incoveniente es la delincuencia. En varias de las unidades se han registrado robos de celulares, billeteras, relojes... Llumi dice que por eso se les pide a los usuarios que se acomoden y que no subas a las unidades tan llenas. "A veces les roban y se van contra nosotros", explica.

El recorrido desde estos puentes hacia La Marín es de 30 minutos, aunque el tráfico de las horas pico suele duplicarlo. Los usuarios ya se han acostumbrado a las dificultades: "Ya sabemos cuanto tiempo nos demoramos en coger bus y en viajar", comenta Cisneros.

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