8 de December de 2009 00:00

El público vio juventud, sexo y drogas en ‘Mentiras y gordas’

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Redacción Espectáculo

Inmediatamente, después de los tráilers de rigor, una frase recomienda que quien observe ‘Mentiras y gordas’, sea mayor de 18 años. El  filme es una realización de Alfonso Albacete y David Menkes. 



Más sobre la cinta
Una de los  guionistas de esta obra es Ángeles González-Sinde,quien se desempeña como ministra de Cultura en España.La cinta   derrocó, durante su semana de estreno, en España (marzo 2009), al ‘Gran Torino’ , de Clint Eastwood.
Todos los actores han interpretado  papeles para la TV, en series de adolescentes.
Los comentarios  en la web no le dan  mérito al filme. Otros lo defienden.
Sus escenas de sexo explícito, (hetero y homosexual), el libre consumo de sustancias psicotrópicas y el lenguaje utilizado por los jóvenes posadolescentes que conforman el grupo de personajes, hacen que la película no sea apta para todos los públicos.

La noche del domingo, por ejemplo, en la sala 11 del complejo Supercines 22, alrededor de 50 personas miraron este filme español. Susurros y murmullos, sumados a alguna breve risita, acompañaron los primeros momentos de la historia, a los primeros planos que muestran una conversación entre Tony y  Nico (personajes principales), y al tema La verdad del dúo
Fangoria (compuesto por Alaska y Nacho Kanut, a inicios de los ochenta).

Después de esos minutos de desarrollo lento, el ritmo de la cinta cambia vertiginosamente.  Las escenas proyectadas dan forma a una larga fiesta ‘rave’, con la música electrónica sonando alto y las pastillas de éxtasis, pasando de mano en mano, a cambio de dinero, hasta llegar a la lengua de alguno de los chicos o chicas. Cuando no era éxtasis, la sustancia consumida era cocaína.

Carola, Marina,  Nuria, Sonia, Paz, Leo, Bubu, Arturo, Pablo y Cristo  son los nombres de los personajes que se encuentran dentro de un espiral de excesos, amores , decepciones, y sexo, mucho sexo. Una actitud fílmica que acompaña a una línea de la cinta , “demasiado nunca es suficiente”.

Ante las escenas explícitas, las reacciones fueron diversas. Algunas veces, el silencio en la sala solo era roto por el crujido del nacho o el canguil; otras, la risa explotaba, pues el guión interrumpía la escena de sexo, para colocar un diálogo o una situación de humor.

“Habían escenas graciosas, me reí muchísimo, con conversaciones disparatadas. Aparte de eso, todo fue exceso, mucha droga, y mucho alcohol”, consideró Luisana Méndez, espectadora.

Hay personajes con los que el público se relacionó de mejor manera, por ejemplo con la impaciencia y torpeza de  Bubu, el abogado borrachín;  con la desesperación  de la gordita Paz, con las lágrimas de la bella Carola, o con  el traicionero de Carlos, en un espiral del que no puede escapar. Al final será Tony quien adquiera toda la atención de la historia.
 
El delirio y la furia de las noches de fiesta, se conjuga  con la venta de drogas y  hace referencia a la disolución familiar, pero muy levemente, pues la narración desenvoca siempre en la celebración irresponsable,  en el culto al cuerpo y en el consumo. Paradójicamente,   no desestima  una previsible moraleja final.

Para Juan Carlos López, quien observó el filme sentado en la décima fila de la sala tipo estadio, esta fue “una historia fácil, se intuye que algo feo va a suceder, porque el camino de esos tipos concluye siempre así”. Sin embargo, calificó a ‘Mentiras y gordas’, de “película entretenida”.

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