30 de enero de 2016 00:00

Las pruebas gratuitas de paternidad se hacen solo en dos laboratorios de Quito

En el laboratorio Servilab se toman muestras bucales para ADN. Foto: Eduardo Terán /EL COMERCIO

En el laboratorio Servilab se toman muestras bucales para ADN. Foto: Eduardo Terán /EL COMERCIO

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Sara Ortiz
Redactora (I)
ortizs@elcomercio.con

El viaje de 80 km se inició antes del amanecer. A las 04:30 de ayer, 29 de enero del 2016, Cecilia y su hijo, de 6 años, tomaron una camioneta desde Las Golondrinas, un poblado de Pedro Vicente Maldonado, hasta el centro de ese cantón. Allí hicieron un transbordo en otro bus que los trajo hasta la Río Coca, en el norte de Quito.

El recorrido no terminó. Tomaron otro bus que los dejó en la 9 de Octubre y Patria.

Allí funciona el laboratorio de ADN de la Fiscalía. El madrugón valió la pena, pues fueron los primeros en llegar a esas oficinas, en donde debían realizarse una prueba para demostrar que el pequeño es hijo de la expareja de Cecilia.

El viaje de los dos duró tres horas. Pero el lunes pasado, Ximena, salió a las 02:00 junto a su bebé de 4 meses. Llevaba dos maletas con biberones, pañales, ropa abrigada, toallas y cobijas. Viven en Shell, una zona de Pastaza.

Desde ese lugar tomó un bus para Quito y tras seis horas estuvo lista para el examen de ADN. La razón fue la misma: que su hijo sea reconocido.

A esas oficinas llegan usuarios de Esmeraldas, Morona Santiago, Guayas..., pues la Fiscalía tiene solo un laboratorio en el país en donde se hacen pruebas para paternidad. Eso lo confirmó ayer, María Elisa Lara, analista de ADN de la Fiscalía, quien fue delegada para hablar de este tema.

A pesar de que el centro de la Fiscalía fue creado en el 2010 con el propósito de analizar el ADN en casos criminales, el 66% de las estudios que se han realizado en esos años corresponde a paternidad. 

En cifras significa que, de los 16 598 estudios de ADN realizados en esos seis años, solo 5 800 (34%) fueron para casos de investigaciones penales.

Esta alta demanda hizo que el laboratorio se desbordara. Los mayores problemas se registraron en el 2012. Había personas que pasaban la noche afuera del laboratorio. Dormían allí. Las filas eran interminables. Y los resultados se entregaban luego de seis y ocho meses.

Ante eso, en ese año el sistema judicial creó un programa digital de turnos. Desde entonces se dan 15 citas diarias en las que se señala la hora y la fecha para que asistan y para la entrega de resultados a través de una plataforma al que acceden los jueces de niñez en el país.

Además, en febrero del 2014, la Judicatura y el Ministerio del Interior firmaron un acuerdo para que el laboratorio de ADN del Centro de Ciencias Forenses permita realizar allí los estudios de paternidad.

¿Todo esto ayudó a evacuar los pedidos que llegan a la Fiscalía? Lara dice que la demanda todavía es alta.

En ese laboratorio hay citas tomadas hasta el 12 de febrero. Mientras que en el laboratorio del Ministerio del Interior se entregan al día 12 turnos diarios y hay citas asignadas para dentro de un mes. Así lo señala un comunicado oficial y lo confirmó esta semana personal que labora allí.

Una de las razones para que aún sea alta la demanda en el sistema público es la gratuidad de las pruebas. Según el Código de la Niñez, al Ministerio de Salud le corresponde garantizar el derecho a la identidad de un niño cuando existan juicios por paternidad. Esto, sobre todo cuando los padres no puedan costear el análisis en laboratorios privados.

En esas oficinas particulares, puede costar USD 700 cuando la prueba se realiza durante el embarazo y USD 300 cuando ya haya nacido.

El artículo imnumerado 10 del Código de la Niñez detalla que en caso de que un padre alegue falta de recursos “el juez dispondrá que el Ministerio de Salud, a través de una Unidad de Investigación Genética, realice el examen de ADN en forma gratuita”.

En el sistema público, los resultados se entregan, en promedio, luego de dos meses de realizada la prueba. Por eso, quienes tienen posibilidades económicas sí acuden a los servicios privados. Por ejemplo, en el laboratorio de la Cruz Roja se hicieron 3 229 análisis de paternidad en el 2015.

En Servilab, otro laboratorio en el sur de Quito, cada día se hace al menos uno. Su director, Juan Vaca, asegura que en el 2007 realizaba un examen al mes. Ahora, su laboratorio tiene un equipo móvil con el que recorre el país.

Édgar acudió a un centro particular. Luego de seis años de relación con su pareja, descubrió que la que creía su hija no era biológicamente de él.

La niña tenía 4 años cuando presentó una demanda para que le quitaran su apellido a la menor. Esto lo hizo luego de que la madre de la pequeña le confesara que había tenido una relación cuando él trabaja en la Amazonía.

Él gastó al menos USD 522 en todos los estudios médicos.
En el caso de Cecilia, sus ingresos económicos como empleada en una finca le impiden costear la prueba en un lugar privado y por eso le asignaron un turno el centro de la Fiscalía. Ayer, fue la segunda vez que ella y el niño intentaban realizarse. La primera vez no llegó su expareja.

A pesar de que presentó el juicio en mayo del 2015, hasta ahora no ha podido reconocer a su hijo porque el supuesto padre se niega a realizarse el estudio. Judicialmente, si un hombre no acude luego de tres llamadas al examen, el juez puede dictar una sentencia a favor de la madre y hacer que se reconozca al menor.

En contexto
Las demandas de paternidad se pueden pedir de forma gratuita a través de la Defensoría Pública. Esa institución tramitó 5 656 casos en el 2015. En el mismo juicio, el juez puede determinar el reconocimiento del menor y a la vez una pensión de alimentos.

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