Las pruebas a los docentes con altibajos

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Redacción Sociedad

Anverso y reverso, cara y cruz. Eso tuvo la rendición de pruebas de conocimientos específicos, pedagogía y didáctica, de ayer, la segunda parte del proceso desarrollado entre lunes y jueves. En esos días se realizó  la evaluación interna en los planteles educativos a 14 561 maestros.

Patricia Cárdenas no se avergonzó y gritó: “Qué viva la evaluación docente”, al salir del colegio Central Técnico, que junto al Simón Bolívar y Unidad Educativa Consejo Provincial de Pichincha, sirvieron de base en Quito. Aunque esta fase del Sistema de Evaluación y Rendición Social de Cuentas (SER) se vivió en Sierra y Amazonia.

La maestra del Jardín de Infantes José Luis Román tiene 37 años, 15 en el magisterio. “Por fin hicieron algo para cambiar el sistema educativo”, dijo.

En el Central Técnico debían rendir exámenes unos 900 profesores; en el Consejo Provincial, unos 800; y en el Simón Bolívar, 250. En este último se presentaron solo 157, según Adriana Estrella, de Mejoramiento Profesional de la Dirección  Provincial de Educación de Pichincha.

Luis Calle, director provincial, explicó que no hubo ausentismo. Lo que ocurrió es que de la evaluación interna, realizada por padres, alumnos y pares de los maestros, participaron todos los convocados. Pero los exámenes no debían rendirlos los docentes de materias especiales como cultura física.

Por eso la diferencia numérica. Calle aseguró que más bien la evaluación fue exitosa en cuanto a la asistencia. No supo precisar cuándo estarán listos los resultados. Solo dijo  que en la próxima semana se anunciará el inicio de la evaluación para las autoridades educativas.

Malka Torres es maestra de sexto y séptimo de básica en la escuela José Enrique Rodó; tiene 30 años de experiencia. Estaba decepcionada como otras de sus compañeras, entre ellas  Guadalupe Ramón, de tercero de básica. “Nos quemamos las pestañas y nos hicieron una jugarreta. Estudiamos los libros hasta décimo de básica, que el Ministerio de Educación entrega a las escuelas, y nos hacen preguntas que no corresponden a nuestro nivel”.

Se trataba de factoreo. Torres aseguró sentirse traumada, enferma psicológicamente con la tensión y el estrés previo a los exámenes. Costearon de su bolsillo cursos de capacitación de USD 15 cada uno, sacaron copias a folletos y textos para prepararse. La queja fue compartida por otras maestras de escuela. 

Rosario Quispe, del colegio Carlos Zambrano, contó que le fue bien en las pruebas. Dicta clases de lenguaje y literatura y no tuvo contratiempos. Rodolfo Medina, de la escuela Japón, estaba contrariado. “Damos clases a niños de segundo a séptimo de básica. Por qué toman preguntas de álgebra”.

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