15 de January de 2010 00:00

2 provincias en alerta por los oleajes

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Reds. Esmeraldas y Machala
ecuador@elcomercio.com

Sentada frente a su vivienda, ubicada en la playa de Rioverde, en el norte de Esmeraldas, Jennifer Estupiñán observa el mar, que esta  a más 100 metros.
Aún no cree que esas aguas, que  están tranquilas, fueron las mismas que amenazaron con arrancar las puertas de su hogar, la madrugada del 3 de enero último.

La mujer, de 21 años, todavía recuerda las olas que destruyeron el muelle, dos casas, varias cabañas de la playa e inundaron una parte de Rioverde. “Es por eso que decidimos abandonar por unos días  la casa. El agua nos llegaba hasta las rodillas”, cuenta. Su rostro bronceado y enmarcado por sus cabellos negros refleja tristeza.



Las ayudas
La Marina entregó  colchones, sábanas y toldos a las familias damnificadas.
Rioverde requiere de  USD 8 millones para las obras de reconstrucción y prevención, según el alcalde Luis López. En San Francisco del Cabo,  cantón Muisne, 32 familias resultaron damnificadas ayer por el desbordamiento del río, tras cinco horas continuas de lluvia. El Programa Aliméntate  Ecuador envió alimentos para atender a los damnificados.

Luego de permanecer cuatro días en la Escuela 24 de Mayo, que le sirvió de albergue, Estupiñán, sus padres, su hermana y sus  tres sobrinos decidieron retornar a su casa. Aunque, por el momento, no se han registrado novedades, Estupiñán está preocupada porque se ha anunciado la llegada de nuevos aguajes.

El Instituto Oceanográfico de la Armada (Inocar) alertó sobre la presencia de fuertes olas para el 16, 17 y 18 de este mes.
“Dicen que serán más grandes que las anteriores”, manifiesta, mientras amontona unas piedras y restos de conchas frente a su vivienda, intentando levantar una especie de  muralla.

La familia deEstupiñán fue una de las 127 damnificadas por las violentas olas que afectaron a los  cantones Rioverde, Eloy Alfaro y Esmeraldas.

Las paredes de bloque y cemento de su casa resistieron el  anterior embate del mar. Las de madera quedaron destruidas por completo. Sin embargo,  ahora, esta mujer teme que pueda tener menos suerte y le suceda lo que a su vecino Jorge Jiménez. El mar se llevó su casa de concreto.

 Jiménez aún permanece en la vivienda de unos parientes, en Rioverde. Ahí amontonó los muebles y los electrodomésticos que pudo salvar, porque el resto de cosas como ropa, fotos y alimentos quedaron sepultados entre las paredes destrozadas y la arena arrastrada por el  mar.

En la isla de Limones, en el cantón Eloy Alfaro, igualmente se destruyeron dos viviendas. Unas  45 casas más, la mayoría de caña guadúa, debieron ser desocupadas porque estaban muy averiadas. Hasta ayer, 12 familias continuaban albergadas en la Escuela 16 de Octubre y en el Centro Infantil Nueva Vida, que los acogió en sus aulas.

Los fuertes oleajes, además, han limitado la labor de los pescadores. La pesca es la principal  actividad en Rioverde y Eloy Alfaro.
 
El padre de Estupiñán, por ejemplo, no ha podido salir a la faena.  Primero, porque es peligroso por las corrientes que hay y luego, porque hasta los peces se han alejado de la costa.

“A pesar de eso, no han faltado provisiones”, dice Estupiñán.   El Municipio les entregó arroz, azúcar y latas de atún, como ayuda urgente. Luego, las raciones alimenticias llegaron del Ministerio de Inclusión Económica y Social.

Las raciones contenían arroz, azúcar, fréjol seco, fideos, atunes, sardina, aceite y leche en polvo, calculada para que una familia de seis miembros pueda subsistir durante 15 días.

Por el momento, el Comité de Operaciones de Emergencia (COE) de Esmeraldas está en alerta. También  el COE de El Oro. Este último  diseñó un plan  para afrontar el anunciado segundo aguaje de este mes.

El operativo prevé la evacuación de los habitantes que habitan en las zonas de riesgo, como el archipiélago de Jambelí y las localidades costeras de Bajoalto y Hualtaco. La Marina coordinará, de ser necesario, el traslado en lancha de las personas hacia los lugares seguros, en el continente.

En la isla de Jambelí, la reparación de unos 300 metros del muro de protección de la playa, dañado por los oleajes de diciembre pasado, ya concluyó. Sin embargo, la protección definitiva de la isla deberá esperar, debido a que aún no se entregan los estudios  de los muros de contención.

En la comuna Bajoalto, donde el mar ingresó hasta el área de los locales durante el último aguaje de diciembre, los comuneros también encendieron las alertas. Una sirena tocará en el poblado si se activa el plan de evacuación.

Según Marco Reinoso, jefe provincial de la Defensa Civil, desde el fuerte oleaje de mediados de septiembre no se han registrado daños de consideración en la zona.  A pesar de ello, la preocupación persiste entre los vecinos de estos lugares que están amenazados por la furia del mar.

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