1 de November de 2009 00:00

Una prótesis recibe órdenes del cerebro

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Redacción Sociedad

A  los 12 años, Marco David González aprendió a tocar la guitarra y a los 17, el violín. Ahora le motiva   rasgar las cuerdas con una pieza de metal que inventó, para reemplazar a su  antebrazo  derecha, perdida el 3 de agosto, hace casi tres meses.

“Siempre usé la diestra, por eso, tras aprender  a comer con la mano izquierda,  también a vestirme, a escribir y a tomar los objetos con este lado del cuerpo, siento que he nacido de nuevo”.

Lo asegura con un gesto  de  tranquilidad en su rostro,  sin siquiera mostrar  tristeza o coraje por  la situación que atraviesa. 

Prueba una prótesis mioeléctrica del fabricante Otto Bock. Es decir que funciona con los impulsos eléctricos que envía el cerebro al músculo que rodea al miembro perdido, sin los arneses  o   correas y hebillas que sirven para sujetar  equipos de tipo mecánico   al cuerpo. 

Marco es un paciente en entrenamiento de la Fundación Hermano Miguel y de Protéus. Lleva una prótesis desde el codo. Es más que un equipo cosmético, para cubrir la falta del brazo.

“Con los ojos cerrados  da en voz alta la orden a tu cuerpo: abrir y cerrar las manos. Levanta ambos brazos”, le indica David Krupa, protesista nacido en Chicago (EE.UU.) y radicado en Quito. Es el propietario de Protéus.

Krupa explica que el cerebro envía un mensaje al músculo para que realice una acción a través de esta prótesis, que no  reemplazará al brazo perdido. Pero ayudará a realizar  funciones, es más útil, no solo cosmético.

Luego de una amputación, no todos los pacientes pueden acceder a una prótesis como esta,  que cuesta desde USD 18 000.

Xicotencatl Rojas, distribuidor de Otto Bock, indica que para adquirir una prótesis mioeléctrica hay que examinar la  condición del muñón. Es la parte de un miembro cortado que permanece adherido al cuerpo.

Carlos Hurtado, otro protesista, advierte que en el caso de amputaciones por quemaduras puede haber dificultades. Las pruebas para elaborar estas prótesis se realizan a través de un aparato que mide  la señal  enviada del cerebro al músculo. Es básico que  la piel del muñón logre  transmitirlas (ver gráfico). 

En el caso de Marco, de 23 años, el tejido del muñón  aún se encuentra bien, pues  la cirugía fue reciente y está en un proceso de rehabilitación.

Él es  mecánico. Desde hace cuatro años  trabaja con equipo pesado  (retroexcavadora, soldadora y molino), en una fábrica de Pifo. Era el jefe de mantenimiento, hoy es otro  obrero por
no tener la misma capacidad.   

Durante su período de vacaciones,  en agosto, decidió aceptar la propuesta de hacer el mantenimiento de  una mezcladora de balanceado en otra empresa, que aún no responde a su pedido de indemnización por el daño causado.   “Le pedí a la encargada una espátula para limpiar    las aspas de la máquina. Fue cuestión de tres minutos,  accionó el equipo, perdí mi mano y no puedo  pagar por una prótesis”. 

Marco logra recoger un vaso plástico con la prótesis de la mano derecha. Luego también una botella de gaseosa. Rojas dice que para tener una lectura adecuada de los impulsos que permita trabajar en la prótesis mioeléctrica, el paciente debe hacer  ejercicios y someterse a la medición de la máquina durante dos horas diarias, unos 15 días.

“No puedo pagar  prótesis tan útil  como esta.  Quisiera acceder a un crédito, pero por ahora solo puedo pensar en la forma de estudiar otra carrera, como contabilidad, más adecuada a mi nueva condición. No me aflijo, incluso conduzco un auto con otra pieza que adapté. Soy mecánico”.

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