16 de March de 2010 00:00

Problema con los enmascarados

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Alejandro Páez Varela

Amparado en el anonimato, hace unos días un joven me amenazó. Pedí en Facebook que me ayudaran a descubrirlo. Me ayudaron. Quedé a un paso de solicitar la intervención de la Policía Cibernética de la PFP, porque el chico me explicó en un correo (disculpen su ortografía) lo siguiente: “hermano lo siento / ni te conosco no kiero pedos / se  me hiso facil comentar en tu blogg / no kiero meter en pedos a mis vecinos de kien me robo la red”.

Tengo un serio problema con los nicks (nicknames, nombre descriptivo que reemplaza al oficial); y con cualquier símbolo que sustituya la identidad en Internet.

Acepto que en un principio, mientras anunciaban una nueva era, los nicks sirvieron para provocar diversidad de opinión y mayor tráfico a las páginas de discusión. Ayudaron a participar en los sitios en los que la identidad es lo de menos (chats sobre sexo, por ejemplo) y permitieron acortar y dar seguridad a los nombres de usuario o usernames de nuestras cuentas de correo electrónico, Facebook, blog, Twitter, etc.

Soy de la idea de que los enmascarados no deberían opinar en sitios donde la identidad tiene peso. Cuando alguien desarrolla una idea y la hace pública con su nombre y apellido; cuando ese alguien expresa una opinión sobre temas que interesan a una comunidad, me parece una falta de compromiso que el otro argumente encapuchado. Nos molesta cuando un anónimo lanza desde las gradas un hielo y lastima a un jugador de fútbol o de béisbol; si en un concierto baña de orines a los músicos, o si le da una bofetada a un artista cuando sale de su camerino. ¿Por qué deberíamos ver como ‘natural’ que un desconocido descalifique con dos líneas mal escritas a alguien que comunica una idea, o desarrolla su compromiso en forma de texto?

De entrada, habré perdido esta discusión cuanto mi texto se publique en Internet. Tantos anónimos como quieran me denostarán, si esa es su intención. Mi texto tiene vida, ¿por qué habría de quedar impávido mientras lo vulneran? ¿En qué momento perdí el derecho de réplica o en qué momento los articulistas, periodistas, escritores, intelectuales y cualquier persona que firmamos nuestra opinión quedamos fuera del derecho a retroalimentarnos con una discusión directa? Piénselo así: también plantea una arrogancia atroz que yo tenga una opinión y la publique, y que, como si fuera una verdad absoluta, no deba responder a las interrogantes que abra.

Sin asustarnos, este y otros temas deberán acentuarse en la discusión sobre el futuro de Internet y el periodismo escrito.

 Sí creo en ponerle reglas a Internet. Nos llega basura, y los más jóvenes se enajenan: a ellos enseñémosles a ser responsables de sus opiniones. A dar la cara. Tengo un serio problema   amo demasiado mi libertad en Internet.

El Unviersal, México, GDA

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