8 de junio de 2018 00:00

Al menos ocho prioridades tendrá el nuevo canciller

El Palacio de Najas, sede de la Cancillería en Quito, se alista para recibir a su nuevo titular, la próxima semana. Foto: Archivo / EL COMERCIO

El Palacio de Najas, sede de la Cancillería en Quito, se alista para recibir a su nuevo titular, la próxima semana. Foto: Archivo / EL COMERCIO

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Mario Alexis González

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El presidente Lenín Moreno está trabajando contrarreloj para encontrar al nuevo canciller, tras la elección de María Fernanda Espinosa como presidenta de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

La funcionaria tenía previsto llegar este jueves, 7 de junio del 2018, por la noche al país -luego de obtener la designación con 128 votos- para ejercer la titularidad del Ministerio de Relaciones Exteriores por unos cuantos días más.

El próximo lunes, Espinosa hará públicamente su rendición de cuentas del año que estuvo en funciones, a manera de despedida. Y a mitad de semana se espera que el Primer Mandatario oficialice al reemplazo en esa Cartera de Estado.

Analistas internacionales y exautoridades del servicio exterior ecuatoriano coinciden en que el gran reto del nuevo canciller será dejar de lado la carga ideológica y trabajar por los intereses del Estado ecuatoriano y la defensa de los derechos humanos y el derecho internacional. Las otras prioridades son resolver el caso Assange, que domine la diplomacia, que se encargue de reestructurar el servicio exterior y que coordine la política exterior con la política económica.

La catedrática Grace Jaramillo dice que si bien todos los cancilleres tienen una ideología, esta no se puede imponer al momento de condenar violaciones de derechos humanos como las que están ocurriendo en Venezuela y en Nicaragua.

Ella coincide con el exsubsecretario de Relaciones Exteriores e internacionalista Carlos Estarellas, en que otro problema por solucionar a la brevedad es el asilo a Julián Assange, ya que está generando bloqueos políticos y económicos.

Quien resulte designado nuevo canciller deberá cumplir dos requisitos, según Jaramillo. El primero es que domine las relaciones y negociaciones internacionales y la política exterior. Y lo segundo es que goce de la confianza del presidente Moreno, ya que deberá negociar en su nombre en los círculos diplomáticos.

Remarca la importancia del segundo punto para garantizar un éxito en la función. Incluso, dice que pasa a segundo plano si el nombramiento sale de una cuota política o es un diplomático ecuatoriano de carrera.

Desde el 2006, cuando Alianza País (AP) llegó al Gobierno, seis cancilleres han sido nombrados por cuota política, ninguno ha sido de carrera. Durante la gestión de Rafael Correa, por ejemplo, cinco exfuncionarios pasaron por esa entidad. Una antropóloga, una abogada, dos economistas y un filósofo. Y Moreno -en su primera elección- seleccionó a Espinosa, quien también fue la primera canciller de Correa. Ella es lingüista con estudios de especialidad en antropología y también politóloga.

El exvicecanciller Marcelo Fernández de Córdova considera que la Cancillería debería contar con un diplomático de carrera, ya que, por ejemplo, no se entiende por qué en la Asamblea de la OEA Ecuador se abstuvo de votar para aprobar la resolución para la suspensión de Venezuela.

Además, considera que el nuevo ministro debe tener ideas claras en materia de la crisis de Venezuela y sobre las relaciones con Colombia, sobre todo por los acontecimientos de los últimos meses.

Estarellas -en cambio- prioriza la experiencia en relaciones internacionales. Una de las prioridades en la agenda -dice- será reestructurar el servicio exterior: institucionalizarlo y profesionalizarlo.

Hasta finales del 2017 había 396 funcionarios ocupando cargos de carrera. 210 estaban obligados a tener un título universitario en ciencias internacionales, diplomacia o sus afines. Pero 141, es decir el 67,1% (casi 7 de cada 10), no tiene registrado un título en la especialidad requerida. Entre los funcionarios hay gerentes educativos, fisioterapistas, ingenieros agrónomos, filósofos, maestros, entre otros.

Grace Jaramillo considera que lo más importante es recuperar la credibilidad en el contexto internacional. “La reputación se ha lesionado porque por un lado se miraba a una Cancillería -al menos hasta la semana anterior- cercana a la Alba, Unasur y a la izquierda regional. Y, por otro, a un frente económico tratando de juntarse a la Alianza del Pacífico. El Gobierno está lanzando dardos a todos lados. No se puede querer todo sino definir prioridades”.

Estarellas añade que, teniendo en cuenta el giro económico que Moreno le quiere dar a su gestión, se debe generar un plan conjunto entre la Cancillería y los ministerios de Comercio Exterior e Industrias para generar acuerdos y atraer nuevos inversionistas.

En contexto

La canciller María Fernanda Espinosa renunciará a su cargo para presidir la
Asamblea de la ONU. El secretario de Comunicación, Andrés Michelena, aseguró que Lenín Moreno ya tiene un nombre preseleccionado pero lo anunciará la próxima semana.

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