31 de enero de 2018 12:49

El 'Príncipe de la marihuana' habló en Quito sobre el uso medicinal del cannabis

Marc Emery, en el centro y con sombrero, con activistas de Ecuador Cannábico, en el Instituto de Altos Estudios Nacionales, en donde dio una charla. Foto:  Fotos: Andrés García / EL COMERCIO

Marc Emery, en el centro y con sombrero, con activistas de Ecuador Cannábico, en el Instituto de Altos Estudios Nacionales, en donde dio una charla. Foto: Fotos: Andrés García / EL COMERCIO

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Andrés García
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Marc Emery, canadiense de 60 años, se considera un mensajero de la próxima “revolución botánica”. Pero también se ve como un emprendedor capitalista, que sigue los postulados de la filósofa ruso-americana Ayn Rand. El denominado ‘Príncipe de la marihuana’ llegó a Quito para hablar sobre la regularización del cannabis medicinal y para hacer un estudio de mercado con miras a invertir en la región, según dijo.

¿Cómo ve la situación del cannabis medicinal en Ecuador?

Está detrás de otros países de Latinoamérica, como Chile y Uruguay. Se han visto avances en Canadá y Estados Unidos. Pero en países de Europa, como Italia, Francia y Alemania la situación es similar. Esto se repite en una buena parte del mundo.
He visto que falta mucha información. Las madres de pacientes y los ciudadanos comunes no conocen sobre las propiedades de la marihuana para tratar sus enfermedades. Necesitamos darles más información. Creo que en el futuro ellos estarán presionando al Gobierno para que se permita el autocultivo. Aspiramos que se apruebe un programa o a un plan de uso médico que permita importar aceite medicinal desde Colombia. El objetivo ideal sería que los pacientes siembren sus propias plantas para obtener aceite de cannabis.

Con la experiencia de todos sus años de activismo, ¿cuál considera que debería ser el rol de los pacientes con enfermedades catastróficas en el proceso de regularización de la marihuana medicinal?

Ellos son lo más importante. Sin los pacientes estaríamos aún muy atrás. Cuando ves que el aceite de marihuana puede curar enfermedades, reducir el dolor o mejorar estilos de vida, les das una solución a su sufrimiento. Y la única razón por la que no tienen acceso a esa medicina, es porque el Gobierno aún no cambia sus políticas regulatorias. Si ves a madres de niños con epilepsia que van a la Asamblea, a los medios de comunicación y piden el acceso a la marihuana medicinal, habrá mayor repercusión. No es un argumento político muy popular decir dejemos a los jóvenes fumar marihuana, por que los hace sentir bien. Hay muchas razones por las que se debería permitir el uso recreativo, es muy seguro. Cuando criminalizamos una sustancia, propiciamos el aumento del crimen organizado, corrupción, narcotráfico, venta de armas… Lo que proponemos es hacer una sociedad más segura.

En los últimos 25 años usted ha fluctuado en una línea delgada, entre lo legal e ilegal. ¿Se necesitan líderes que ejerzan presión y hagan visible su lucha?

Ha estado en prisión en 39 ocasiones por mi activismo. 33 en Canadá y seis en Estados Unidos. Creo que ha sido útil. Ahora los medios hablan más de esta realidad y se preguntan: ¿Es legítima una medida gubernamental que encarcela a ciudadanos por esta planta? Ir a la cárcel fue una forma efectiva de desobediencia civil para que el Gobierno cambie su política, pero también para que la gente ejerza más presión y estén más involucrados políticamente en el tema. Ahora tenemos un gobierno (en Canadá), en donde la mayoría quiere legalizar el uso del cannabis, y eso ocurrirá el próximo 1 de julio.

¿Por qué es importante abrir el debate sobre el uso medicinal de la marihuana?

Esto es bueno para los pacientes, podrán investigar y descubrir las mejores variedades para tratar sus enfermedades, como cáncer, epilepsia, glaucoma, etc. Ellos mismos pueden elaborar su aceite medicinal. Pero más importante que la variedad es el método con el que se la utiliza. Sabemos que fumar no es ideal para los pacientes. Hay opciones como supositorios que son más eficientes, ya que el cannabis ingresa más rápido al sistema para tratar, por ejemplo, cáncer de páncreas, cáncer testicular, entre otras enfermedades. Eso es lo que falta, el conocimiento de cómo se puede consumir esta medicina. No hay información de eso aquí. Necesitamos en los próximos dos años promover campañas informativas sobre el uso de cannabis, dónde se lo puede obtener y cómo se lo puede hacer accesible.

¿Ya se reunió con algún representante del gobierno?

No, solo con activistas. Los gobiernos solo se concentran en las implicaciones políticas de una medida. Aquí he escuchado a personas que necesitan cannabis medicinal y piden que se cambien las leyes poder obtenerlo. Los políticos prestarán más atención a pacientes con epilepsia, en sillas de ruedas, que a un joven de 20 años que quiere fumar por diversión. No hay nada malo con eso, pero políticamente no es tan bueno. Para lograr que se apruebe el uso medicinal se necesitaría doctores que apoyen.

¿Cuánto activismo a favor de ese uso terapéutico ha hallado en Ecuador?

En Ecuador ya hay algunos doctores que están a favor. Esto está en pleno desarrollo, y creo que tomará dos o tres años cambiar de lógica. Tenemos pensado volver en seis meses y traer a médicos de Perú y Chile, que tienen experiencias en el uso de cannabis. Hay muchos doctores de allá que explicarán los usos y espero que los médicos de aquí escuchen a otros y aprendan de sus experiencias.

Usted ha sido un emprendedor exitoso desde muy joven. ¿Tiene planes de negocios en Latinoamérica?

Me gustaría ver locales de Cannabis Culture (su marca) en México, Medellín, Bogotá, Lima y Quito. La demanda existe. Acá hay pocos locales que ofrecen implementos para el autocultivo, porque tienen miedo a irse contra las leyes. Esto aleja a la gente y les impide sembrar, experimentar y descubrir sus beneficios. Pero estos locales no solo tendrán artículos para sembrar, fumar y extraer aceite, sino para dar información y auspiciar programas educativos, eso no hay acá. El futuro es prometedor para quien invierta en la región. Espero organizar próximamente una exposición grande en Quito. Tenemos muchas esperanzas.

En diciembre pasado, usted y su esposa fueron sentenciados a pagar una fianza de USD 145 000, acusados de tráfico y posesión de marihuana. ¿Qué piensa de este fallo de la justicia canadiense?

Me quisieron sacar del negocio. Una semana después de eso, cerraron mis locales de Ontario y el gobierno dijo “nosotros venderemos el cannabis y nadie más lo podrá hacer”. Yo lo objeté. Los activistas peleamos para que sea legal. Ahora que lo es, el gobierno nos dice “nosotros lo venderemos, contrataremos a socios que lo produzcan y nos haremos cargo de todo”. Eso es malo. Pero hay que seguir presionando. No es sorpresa de que las corporaciones traten de monopolizar la distribución porque se mueven millones de dólares alrededor de esta industria.

¿Qué opina del modelo uruguayo?

Uruguay es un experimento maravilloso, que muestra que se puede legalizar el cannabis y nada malo pasará. Necesitamos las plantas, el derecho de poder cultivarlas y de usarlas para nuestro cuerpo, como lo consideremos necesario. Ese es el mensaje para la gente.

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