21 de January de 2010 00:00

Primer grupo de viviendas para Esmeraldas Chiquito se entregará el 31 de enero

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Redacción Guayaquil

En la  cooperativa Esmeraldas Chiquito, devastada por el incendio del pasado 20 noviembre, el ruido y el movimiento es intenso. El trajín de obreros y maquinaria no cesa durante el día. 

Hoy, en ese sector de Las Malvinas, sur de Guayaquil, los obreros se esmeraban en concluir los trabajos que les fueron asignados. Para el domingo 31 de enero está prevista la entrega de las viviendas construidas para los afectados del siniestro.

El día transcurre entre el golpe de varios martillos, el ruido que produce la cortadora de hierro, el movimiento de una excavadora, el grito de los niños que corretean por las calles... Se siente con más intensidad el fuerte calor y la   alta humedad del invierno, pese a  la mañana nublada.

Bajo una de las casas construidas, personal del Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda (Miduvi) evalúa los trabajos.

Gustavo Jarama, técnico del Miduvi, dice que se trabaja a ritmo acelerado, para cumplir con el ofrecimiento de entregar la primera fase de las casas. Son  86 viviendas que se levantan en las manzanas 4497 y 4496.

El ofrecimiento total es de 121 casas. Las otras 35, que se ubican en la manzana 4498, situada a orillas del Estero Salado, serán entregadas hasta el 15 de marzo.

Jarama explica que allí el inicio de la construcción de las edificaciones se retrasó, debido a las obras que ejecutó  el Ministerio de Transporte y Otras Públicas.
“Hubo que trabajar en el talud y en el muro del estero, para darle más estabilidad al terreno. Pero allí ya estamos trabajando y se están empezando a construir los plintos y pilares”.

Entre las 86 casas se incluye el  mejoramiento o terminación de seis   viviendas de cemento que no hubo necesidad de demolerlas tras el incendio. En todas  falta colocar el techo, las ventanas, puertas, sanitarios y las instalaciones eléctricas, principalmente.

El Miduvi ejecuta la obra a través de cinco contratistas. En el lugar se trabaja  de  07:00  a  19:00 y desde hoy  se  instalarán reflectores para la labor de  cuadrillas nocturnas.  “Creemos que es   posible cumplir con la meta de entregar las casas el domingo 31 de enero”, comenta Jarama.

Pero ese optimismo no  es general entre  los damnificados. “Estoy rogando que en verdad alcancen a terminar y entregar las casas el día establecido. Ya no puedo seguir pagando los USD 60 donde alquilo, porque la plata no me alcanza”, dice María Macías,  quien vive con  sus tres hijos.
Junto a su casa, frente a un gran charco de agua, se queja de que al sitio no volvieron más las brigadas médicas del Ministerio de Salud y del Municipio de Guayaquil. Tampoco quienes llegaban a entregarles raciones de alimentos.

Reclamo que lo confirma  su amiga y vecina Julia Vargas, otra de las damnificadas. Dice que la última vez que llegó el MIES  a entregar raciones fue el 28 de diciembre. “Desde ahí nos abandonaron totalmente. Aquí hay harto mosquito y no vienen las brigadas de la Dirección de Salud a fumigar. Nos enteramos que hay personas con dengue cerca de aquí”.

Jorge Naranjo, otro de los moradores que perdió todo en el incendio, aún trata de encontrar explicación de las autoridades. Su terreno era de 8x12 m, donde tenía levantadas  dos casas. Ahora su vivienda quedará  sobre un solar más pequeño,  de 5x9 m.

“Somos 10 en mi familia, incluido el matrimonio de un hijo. Desde que empezaron a levantar las casas denuncié esto, pero nadie da respuestas. De qué me sirve que me den esta casa, si por otro lado me quitan terreno”.

Desde el incendio, Naranjo no  abandona su solar. Allí permanece, con su familia, bajo una carpa.

Los 140 obreros que trabajan en los cinco frentes  le imprimen un ritmo acelerado a las obras. 30 de ellos son jefes de hogar que lo perdieron todo en el pavoroso incendio de Las Malvinas.

Todos ellos saben que el tiempo se acorta. Las familias solo quieren  ver ya el barrio terminado y habitar  sus hogares para restablecer su vida cotidiana.

 Hasta tanto, la imagen de esa parte del suburbio cambia. Las casas de caña ya son parte de la historia, al ser reemplazadas por las de cemento.

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