18 de enero de 2017 10:17

Presidente filipino se mofa de la Iglesia católica, crítica de su guerra antidroga

El presidente de Filipinas Rodrigo Duterte en Filipinas. Foto: EFE

En su discurso, Duterte buscó desacreditar a los líderes de la Iglesia acusándolos de violar sus propios votos de celibato. Foto: Archivo EFE

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Agencia AFP

El presidente filipino, Rodrigo Duterte, se burló este miércoles 18 de enero del 2017 de los sacerdotes y obispos católicos del país incitándolos a consumir metanfetaminas y acusándolos de “hipocresía” por criticar su violenta guerra contra el narcotráfico.

Duterte apuntó a los religiosos en respuesta a las críticas de la poderosa Iglesia católica que lanzó una cruzada contra la mortífera guerra contra las drogas.

Duterte afirmó que los curas de las parroquias del país están bien al tanto de la amplitud del problema de las drogas ilegales, pero que los jefes de la Iglesia que critican los “ejecuciones extrajudiciales” no tienen idea.

“Los curas (críticos) deberían tomar shabu para entender. Recomiendo que uno o dos obispos también lo tomen”, dijo Duterte refiriéndose a la apelación local de la metanfetamina, la droga ilegal más utilizada en el país.

Duterte, que en el pasado alardeó con tener varias amantes, buscó desacreditar a los líderes de la Iglesia acusándolos de violar sus propios votos de celibato.

“Somos igual, con dos, tres mujeres. No me provoquen... esta hipocresía”, dijo Duterte, de 71 años.

Duterte también acusó a la Iglesia católica del país de haber influenciado para “suprimir” la difusion de un filme, sin especificar cuál, que, dijo, aborda el tema de la “homosexualidad de los curas”.

Duterte habló para defender su campaña contra el tráfico de drogas durante una visita a un hospital en el norte de Filipinas transmitida por la televisión.

Duterte ganó las elecciones presidenciales de 2016 tras prometer que mataría a miles de criminales para erradicar el tráfico de droga, una de las lacras de la sociedad filipina.

La sangrienta guerra contra la droga que lanzó al llegar al poder se tradujo, tras siete meses, en la muerte de unas 6 000 personas, incluidas miles de ejecuciones extrajudiciales.

La policía registró la muerte de 2 250 sospechosos de estar vinculados a las drogas desde que Duterte asumió, otras 3 710 personas fueron ultimadas por desconocidos.

Los sondeos de opinión confirman la popularidad de Duterte. Los filipinos esperan que el presidente solucione los problemas de crímen y corrupción en el país.

Los líderes de la Iglesia, que mantuvieron durante meses su reserva en relación a la guerra contra el narcotráfico de Duterte, encabezan ahora una campaña para que los feligreses denuncien los asesinatos.

Un 80% de los filipinos son católicos, legado de la colonización española.

La Iglesia ocupó un rol clave en la destitución del dictador Ferdinand Marcos en 1986 y la dimisión del presidente Joseph Estrada en 2001, envuelto en escándalos de corrupción.

Los líderes de la Iglesia afirman que no están complotando para destituir a Duterte.

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