15 de enero de 2016 00:00

El correísmo analizado desde sus fundadores

Alberto Acosta y Ricardo Patiño analizan la situación del país después de 9 años del período presidencial de Rafael Correa. Fotos: Archivo y Diego Pallero/ EL COMERCIO

Alberto Acosta y Ricardo Patiño analizan la situación del país después de 9 años del período presidencial de Rafael Correa. Fotos: Archivo y Diego Pallero/ EL COMERCIO

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Redacción Política
(I)

Hace 9 años, Rafael Correa ofreció cinco revoluciones: constitucional, económica, educativa y de salud, anticorrupción e integración. Dos fundadores del movimiento analizan este período.

‘Rafael Correa no estuvo a la altura del reto’

Alberto Acosta,  
Expresidente de la Asamblea Constituyente

Correa llegó al poder con cinco ejes sociales y legales. En general, ¿cómo ve su concreción a nueve años de Gobierno?

Tras el Gobierno más largo de la historia republicana, las luces iniciales ceden paso a la sombras. La esperanza en los cambios propuestos en esos cinco puntos desapareció. A la luz de los resultados, sin negar los avances sobre todo en obra pública, resulta frustrante revisar lo realizado en comparación con lo que sintetizaba el Plan de Gobierno de Alianza País, elaborado en el 2006, y plasmado en la Constitución de Montecristi.

Usted fue parte de la revolución constitucional. ¿Qué falló ahí para que se hicieran cambios tan pronto? ¿Tantos artículos son un problema?

Sin negar algunos aspectos que habría que reformar en la Constitución, no se puede decir que ha fallado. Quienes han fallado, en primer lugar, son los gobernantes que la irrespetan y violan de manera sistemática, empezando por el Presidente de la República.

Se dice que esta Constitución es fuerte en derechos, pero nefasta en estructura del Estado, pues permite acaparar poder...

La Constitución no fue un traje a la medida de Correa. Él, ahora devenido en caudillo del siglo XXI, se siente incómodo con esa Constitución que contribuyó a elaborar. La reforma a su antojo. Reduce derechos y garantías para concentrar más poder.

¿Se puede pensar que AP no tiene una verdadera capacidad de generar instrumentos jurídicos; hay una ‘reformitis’ para corregir leyes ‘impecables’?

Esta ‘reformitis’ está en sintonía con la ambición de poder del caudillo, quien, en contradicción con los planteamientos constitucionales de participación ciudadana, sigue concentrando poder y limitando autonomía, sea en la Corte Constitucional, en el Consejo Nacional Electoral, en la Justicia o en las universidades.

¿Se ha enfrentado actos de corrupción, como el de Pedro Delgado - Gastón Duzac, o casos que no se han conocido?

Este fue un eje medular de la ahora mal llamada revolución ciudadana. Los resultados son insatisfactorios. Las instancias de control del Estado, en manos del caudillo, no cumplen con sus funciones.

¿Los casos con sentencia son suficientes?

La sentencia de casos anteriores no puede ser esgrimida como éxito en la lucha contra la corrupción. Hoy, en una condición mucho más perversa que en la época de la partidocracia, se impone la opacidad en el manejo de la cosa pública, vea el manejo del endeudamiento externo.

¿La institucionalidad estatal permite un mayor control a la corrupción?

Para nada. Basta ver el pobre trabajo de la Contraloría, a la que, además, se pretende restringir sus funciones.

Correa decía que hay que parar el endeudamiento, pero el país sigue así. ¿Cómo entender eso?

La auditoría de la deuda, propuesta por la sociedad civil y asumida por este Gobierno, permitió transparentar la contratación de créditos del sector público de los anteriores. Hoy, el país se endeuda agresivamente, hasta para pagar deuda, como en el neoliberalismo, oculta la información de estos.

La concesión del campo Auca es contraria a lo que sostenían antes...

Correa sostenía, antes de ser presidente que entregar campos maduros a empresas extranjeras, como sucede con el Auca, era una acto de traición a la Patria: así es.

La soberanía es un postulado, pero los préstamos con China son vinculados a sus empresas. ¿Cómo se pueden concebir?

La soberanía es parte del discurso. La firma del TLC con la UE, la entrega de los campos maduros a las transnacionales, la apertura de la megaminería, la contratación de créditos en condiciones nocivas al interés nacional son muestras de que este Gobierno no comprendió lo que es una política soberana.

¿Cómo definiría usted estos nueve años?

Como una (casi) década desperdiciada. Ningún gobernante ha estado tanto tiempo en funciones y ninguno ha tenido tantos ingresos en la historia republicana. Lamentablemente, Correa no estuvo a la altura del reto que le planteó la historia.

‘Estamos rompiendo la desigualdad’

Ricardo Patiño, Ministro de Relaciones Exteriores

Nueve años de revolución. ¿Se cumplió con lo ofrecido en el 2006?

Nuestro Gobierno es muy celoso en cumplir con lo que ha dicho. Es de los principales activos de este proyecto. Cuando ganamos la segunda vuelta, hicimos una lista de todo lo que habíamos planteado. Rafael Correa decía que no iba a firmar nada de lo que iba a cumplir. Es un principio ético.

Las cinco revoluciones han sido cubiertas. Seguramente tenemos errores. El único punto que nosotros no cumplimos fue bajar el IVA del 12 al 10%. Los empresarios insistieron en que no porque después íbamos a poner otros impuestos.

La revolución constitucional se logró, pero se la modifica demasiado...

Si podemos hacer una crítica de la Constitución es que tiene demasiados artículos. Habíamos discutido si debía ser básicamente conceptual, más declarativa y menos procedimental. Lo más importante fue desbaratar los principios de la anterior que favorecía el neoliberalismo y quitaba al Estado la posibilidad de orientar a la sociedad. Cumplimos con ampliar los derechos.

Se la critica por ser una Carta Política peligrosa en la organización del Estado que favorece al Ejecutivo.

Es un régimen presidencialista como es la mayoría de países de la región. El proyecto político es el que tiene mayor aceptación social. El anterior Consejo de Participación Ciudadana tenía dos férreos opositores. Un Gobierno que tiene el 70% de aceptación, se entiende que el 70% de las personas en el Consejo refleje lo que siente la sociedad.

Otro eje es la lucha contra la corrupción.

Mientras más eficiencia hay en el manejo de las finanzas, menos corrupción hay. El sistema de compras públicas, que tiene errores, permite que haya más filtros para evitar la corrupción. Puede haber corrupción, pero la combatimos.

¿Se combatió lo de Pedro Delgado? Es el caso emblemático...

Delgado trabajaba en la CFN, tenía un título falso y el préstamo de USD 800 000 a Gastón Duzac, de los cuales ya devolvió 400 000. ¿Estamos hablando de un gran caso de corrupción? Es un crédito mal dado, de los miles de millones de dólares que se prestan en el sistema financiero público.

En lo económico, el Presidente habló de terminar la cultura del endeudamiento, pero el país, pese a tener un gran ingreso por petróleo, también hizo muchos créditos...

Es necesario precisar. Se ha dicho mucho que el Gobierno ha sido dispendioso y que no ha ahorrado y es falso. Entre el año 2001 y el 2006, el ahorro promedio del sector fiscal respecto al PIB era apenas del 6%. Al 2012 era del 11,7%.

En lo educativo, la educación superior ha sido también cuestionada por las cuatro universidades emblemáticas, pero relegan las públicas...

Queremos la excelencia, altos niveles de profesionales en el país. En otras partes del mundo son tremendamente exigentes para entrar a una gran universidad. Pero también estamos creando institutos tecnológicos para quienes no accedan a la universidad.

En términos económicos pueden ganar más que un profesional. No es que los pobres sean tecnólogos porque con las escuelas del milenio, para que puedan acceder a los altos niveles, que todos tengan la misma opción. Es complicado porque es un momento de transición.

El 70% de universitarios viene de familias cuyos padres no tuvieron acceso a la universidad. Estamos rompiendo el círculo perverso que reproduce la desigualdad porque ya no depende de la plata.

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