24 de March de 2012 00:01

Dos visiones sobre las marchas en Quito

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La capital del Ecuador fue, otra vez, el escenario de concentraciones y manifestaciones populares y políticas. Los grupos que se movilizaron llegaron, mayoritariamente, desde otras ciudades y se notó cierto distanciamiento por parte de quienes residen en Quito.

Para el sociólogo Mario Unda, esa actitud de involucrarse lentamente en las movilizaciones, es una tradición. “Además, hay que tener en cuenta que estamos en un año preelectoral. Por esa razón, la gente ve con cierto alejamiento los asuntos políticos”.

Durante las marchas, se notó la solidaridad de los vecinos de ciertos barrios con quienes vinieron a expresar sus demandas. Para Unda, esa es una muestra, no solo de hospitalidad, sino de que los temas demandados también atraviesan el interés de la opinión pública quiteña.

Por su lado, el constitucionalista Milton Castillo explica que a los largo de la historia nacional todo levantamiento indígena ha generado un resultado importante en materia política y que no hay que desconocer el impacto que pueda traer en los próximos días la marcha del pasado jueves.

“De hecho, el Presidente ha sabido reconocer, que va a dialogar. El problema está en determinar quiénes son los legítimos contradictores, para el Presidente, desde el sector indígena, porque él ha dicho que solamente hablará con los dirigentes honestos y eso es tremendamente subjetivo”.

El analista añade que los indígenas siempre han protestado contra los gobiernos cuando estos han aplicado políticas denominadas neoliberales. Inclusive, cuando se levantaron por primera vez en el gobierno de Rodrigo Borja, ellos reclamaban por el tema de la Ley 133, que ya empezaba a flexibilizar las relaciones laborales y el derecho a la huelga. “Lo que se vio fue una protesta democrática y no desestabilizadora”.

Entrevista a Mario Unda. Sociólogo - investigador

‘La población quiteña no se  moviliza fácilmente’
 
Para el sociólogo Mario Unda, la sociedad quiteña no tiene una tradición fuerte de movilización, pero sí de involucramiento indirecto en las marchas y protestas

¿POR QUÉ  ESTÁ AQUÍ?
Su experiencia. Es sociólogo e investigador del Instituto Ciudad, que se preocupa de temas sobre el comportamiento social. También es profesor universitario y autor de ensayos. Estudió en la Universidad Central del Ecuador*

Otra vez, Quito fue el escenario de la concentración y de la protesta popular, pero los residentes quiteños no fueron los principales actores de las movilizaciones. ¿Cómo se puede entender esa especie de apatía?

Hay que tener en cuenta que en Quito no existe una tradición de movilización tan fuerte, como la hay en los sectores campesinos y rurales. La población quiteña no se moviliza fácilmente. Además, fueron notorias indecisiones o dudas por el cruce de propagandas para atacar a los bandos que se movilizaron.

¿En qué se evidenciaron esas indecisiones o dudas?

Hay miedo de manifestarse abiertamente a favor de sectores que se oponen al Gobierno. Y si hay inconformidad con el Gobierno, no tiene la suficiente fuerza como para participar en una marcha. A pesar de ello, los quiteños y residentes en Quito se involucraron de varias maneras en las protestas del jueves pasado. Hubo quienes aplaudieron desde los balcones, quienes regalaron agua y alimentos a los marchantes, y quienes pitaron desde sus carros.

Es decir, se identificó una participación indirecta de los quiteños…

Sí, y es entendible, porque los temas que movilizaron a determinados grupos sociales, como el agua y la minería, también atraviesan las discusiones cotidianas de los quiteños. En el parque El Arbolito se vio a un grupo pequeño de cuatro personas, que exhibía un cartel que decía: ‘Gracias indígenas por despertarnos’. Esas son señales de que hay un proceso de involucramiento en las protestas.

Un proceso que aún es débil, ¿por qué?

La movilización tiene su propio ritmo, no se activa como una computadora cuando se la enciende, toma su tiempo y depende de un proceso que involucra muchos aspectos, el principal: la  toma de  conciencia. Lo que pasa en Quito es que su población está aún dispersa en ese sentido y por ello, el proceso de movilización tiene menos velocidad. También hay que tener en cuenta que vivimos un período preelectoral. Por estas épocas, el involucramiento con la política se  ve con recelo.

Suena extraño que en la capital política del país, desde el ciudadano se mire con distancia el involucramiento en los acontecimientos políticos. ¿A qué responde esa conducta?

Es bueno que los quiteños conozcamos de cerca las demandas de otras zonas del país, porque los problemas sociales, políticos y económicos no solo se los puede ver desde Quito. El hecho de que las marchas lleguen a la ciudad, la presencia de indígenas y de otros sectores que vienen con sus demandas, nos permite recordar que el país es más que nosotros mismos. Es positivo, porque es un llamado de alerta para pensar que las decisiones no se deben tomar solo en función de lo  que piensan quienes viven en Quito.

En algunos sectores por donde pasaron las marchas, los vecinos expresaron su solidaridad con los participantes. ¿Esa es la muestra de que quienes residen en Quito son tolerantes con las demandas de otros?  

Esas  relaciones sociales, comportamientos y formas  de mentalidad social son positivas para la ciudad. Mientras no reconozcamos la validez  de esas otras formas de ver el mundo, difícilmente construiremos esa sociedad intercultural. Por eso, es positiva la presencia de personas que vengan con otras preocupaciones, con otra cultura. Sería riesgoso que nos cerremos a ver, escuchar y entender las demandas de grupos que no viven en Quito.

Entrevista aMilton Castillo. Constitucionalista

‘La protesta indígena fue solo un primer aviso’
 
Para el jurista Milton Castillo sería una grave imprudencia  del Gobierno   minimizar el levantamiento del  jueves. Cree además que el mismo  Régimen está uniendo a la oposición.

¿POR QUÉ  ESTÁ AQUÍ?
Su experiencia. Es Doctor en Jurisprudencia, especializado en Derecho Constitucional. Cuestionó el cambio de nombre de Tribunal Constitucional a la actual Corte Constitucional. Ejerce  como abogado, especialista en la Constitución.

¿La marcha indígena es comparable a los levantamientos de años atrás?

No, porque el Gobierno actual actuó de una manera como nunca actuaron los otros gobiernos. Supo blindarse de manera adecuada para que no pueda haber esos efectos desestabilizadores que   advertía. Lo que se vio fue una protesta totalmente  democrática, enmarcada dentro de ese derecho de libertad de asociación y de resistencia que los ecuatorianos tenemos constitucionalmente garantizado.

¿Se puede hablar de movimiento indígena o es solo  una fracción inconforme?

Hay que reconocer que inicialmente  fue  algo estrictamente indígena, porque el resto de la oposición no ha logrado ponerse de acuerdo en una agenda única. Entonces, debo decir que los indígenas fueron los únicos que tuvieron una agenda, los demás sectores de la oposición se sumaron  con otro tipo de requerimientos, pero la agenda fue esencialmente del sector indígena.

¿Es la resurrección de este  movimiento indígena?

La respuesta es sí, porque  temas como el agua o la minería los han unido. Y hay otros temas, menos importantes, que también están uniendo  a   la oposición. Por ejemplo, lo  del monumento a León Febres Cordero ha unido a los socialcristianos, entonces, cómo no va a unir el tema del agua  y la minería a los indígenas. Lo curioso es que es el propio Presidente de la República quien   pone la agenda de unión a sus opositores.

Entonces, ¿cuál es el saldo de la marcha indígena?

Todo levantamiento indígena siempre ha generado un resultado importante en materia política. Los resultados se verán en los próximos días. Hay que analizar cuáles fueron las peticiones específicas que hicieron estos indígenas que difieran  de los anteriores levantamientos. No ha sido  habitual que los indígenas hagan levantamientos de esta magnitud por el tema del agua y de la minería. Estos dos temas son de trascendental importancia e inéditos en la historia de la República.  

El Presidente, sin embargo,  insiste en que la marcha fue un fracaso y que solo se trató de  ‘cuatro pelagatos’.

Sería una gran imprudencia del Gobierno  considerar que esto fue una marcha  sin importancia o de unos “cuatro pelagatos”. La sociedad  está formada por múltiples sectores e intereses que el Presidente no puede soslayar. Si para los próximos años, el Mandatario  quiere  paz y estabilidad, debe escuchar a la mayor cantidad de sectores sociales  que legítimamente reclama  lo que ellos consideran justo de reclamar. Este fue  un aviso. La próxima marcha, si no se atienden estos reclamos, va a ser  más grande.

Pero en la marcha ya no solo se protestaba por la minería o el agua, sino por los impuestos, los despidos, etc.

En todos los levantamientos, incluido este, los indígenas han insistido en que el Estado está volcándose a favor del sector privado y sobre todo de las multinacionales. Esas políticas neoliberales son las que han movido siempre a los  indígenas y esta ocasión no ha sido la excepción.

Pero el Gobierno resalta que hoy   la asistencia social es de las mejores, que la pobreza y el desempleo caen...

En la sociedad hay lecturas desde las que se sienten beneficiados y lecturas desde las que se sienten perjudicados por una política económica. Por supuesto que hay algunos que reclaman cierto tema en particular, pero el denominador común es el rechazo a  políticas económicas y a  la  explotación de recursos públicos que se enmarcan en la denominada economía neoliberal.


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