Sarayaku convive con sus tres protegidos

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Cristina Márquez. Redactora

Desde hace un mes, tres nuevos integrantes se sumaron a la cotidianidad de la vida en Sarayaku, una comunidad indígena en el corazón de la Amazonía. Carlos Figueroa, Fernando Villavicencio y Cléver Jiménez se adaptan al lugar.

Son las 05:00 y es momento de compartir la guayusa, una bebida que se prepara con chirikaspi y otras plantas medicinales. Mientras los miembros de una familia la beben, planifican sus actividades para el día.

Los huéspedes comparten el ritual. Su agenda siempre está ocupada. Cada uno presta un servicio distinto a quienes les acogieron en el seno de su familia. Las clases de realidad nacional, el periodismo comunitario y la salud de los 1 200 habitantes son algunas de las tareas que les encomendaron.

Los tres fueron acusados de injurias al presidente Rafael Correa y condenados a prisión. Jiménez y Villavicencio fueron sentenciados a 18 meses de encarcelamiento y Figueroa, a seis. El pueblo de Sarayaku los protegerá de lo que consideran una persecución política.

"Las cárceles destruyen. En nuestra comunidad son libres y cumplirán con una importante misión a favor de nuestro pueblo", dijo José Gualinga, presidente de Sarayaku. La decisión de asilarlos para que no se ejecute la orden de prisión y se cumplan las medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), se oficializó el 24 de abril.

Jiménez inicia su día con un taller con los niños y jóvenes de la comunidad. Les habla sobre realidad nacional, minería y extractivismo petrolero.

"Estamos interesados en el tema, porque nos afecta también. El asambleísta nos explica las leyes y los intentos de algunos colectivos por proteger a la Amazonía", cuenta Antonio Aranda, uno de los talleristas.

Jiménez dará este servicio a la comunidad, mientras esté asilado. "Es una de las experiencias más gratas de mi vida. Este pueblo es una lku resuelve acoger a sentenciados por injuriar a Rafael Correa  Este coección de democracia y organización".

Para él, la vida en la selva no es nueva, pues creció en Zamora Chinchipe. En cambio a Fernando Villavicencio, un quiteño acostumbrado a la vida en la ciudad, le es difícil adaptarse. Los mosquitos no le dan tregua y el calor del mediodía le resulta agotador. Tiene los brazos llenos de picaduras, pero aún así está motivado con su tarea.

Mientras esté en la comunidad investigará la cultura Sarayaku y contará sus experiencias en crónicas periodísticas.

"Es duro estar lejos de la familia, de mi esposa y de mis hijos. Ellos atraviesan momentos difíciles en Quito, pues también son parte de esta persecución", relataba conmovido el sábado.

Unos minutos después, una visita le tomó por sorpresa: su esposa Verónica Sarauz se reencontró con él, después de casi un mes. La última vez que estuvieron juntos fue el día que se conoció la sentencia.

Verónica llegó con siete miembros de la seguridad privada de la comunidad, vestía una blusa blanca y un pantalón holgado para resistir el calor. Cuando abrazó a su esposo y le contó de sus tres hijos, no pudo contener las lágrimas.

Los servicios de Figueroa, un cirujano especialista, son los más solicitados. Desde su llegada, hace 32 días, se dedicó a dar clases de salud y prevención de enfermedades en el Centro Educativo Sarayaku.

Por las tardes atiende a la gente que llega desde los siete clanes de la comunidad. "Las enfermedades dermatológicas y las complicaciones en los partos son los problemas más frecuentes", cuenta el médico.

Las alergias, las picaduras de insectos ponzoñosos y los cuadros virales son las patologías más consultadas. Incluso, convirtió el centro de salud en un quirófano improvisado para practicar microcirugías.

Uno de sus pacientes fue Neptalí Cisneros, de 75 años. Él tenía un absceso en la frente, producto de un golpe en su juventud. "Nunca en la historia de la comunidad tuvimos un médico especialista. Él tiene mucho conocimiento y estamos muy felices de que esté aquí".

Cuando llega la noche, la oficina contigua al infocentro comunitario se convierte en lo que bautizaron como 'mesa fiscalizadora'. Desde las 19:00 los tres refugiados participan en profundos análisis sobre las acciones del oficialismo.

En contexto

Los miembros de la comunidad de Sarayaku resolvieron acoger a Jiménez, Figueroa y Villavicencio, para evitar que se ejecuten las órdenes de prisión en su contra. El pueblo se declaró en alerta máxima frente a una posible incursión de la fuerza pública para arrestarlos.

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