4 de March de 2012 00:01

‘El perdón debe ser un compromiso de libertad’

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Monseñor Julio Parrilla Díaz.

Su experiencia.  Nació en España y vive en Ecuador desde hace 22 años, donde se nacionalizó. Es el actual Obispo de Loja.     
Su punto de vista. El perdón del Presidente será verdadero si permite una reconciliación nacional y democrática.

¿Es posible que exista perdón sin olvido?

Una cosa es el perdón y otra el olvido. Perdonar sin olvidar tiene sus riegos, porque la relación queda condicionada y sobre ella se proyecta una cierta amenaza. Ante una infidelidad muchas personas dicen: te perdono pero no olvido. Habría que saber cuál es la intención del corazón porque muchas veces lo que significa es “te perdono, pero no te perdono”.

¿Un perdón sin olvido no es un perdón sincero?

Esto no afecta a la sinceridad, sino a la intención.

Si una persona, como el presidente Rafael Correa, que anuncia el perdón sin olvido y a los dos días, en Chiclayo (Perú) , vuelve a atacar a la prensa, a la que acusa de una dictadura mediática, ¿está o no perdonando?

Hay que saber cuáles son las intenciones de ese perdón. El no olvidar no necesariamente tiene una connotación negativa, puesto que la memoria debe servirnos para reconocer nuestros errores del pasado y enmendarlos.

¿Cuál es la idea del perdón que maneja el cristianismo?

El perdón de Cristo va unido al amor y a la entrega de la vida. Hay en él una incondicionalidad que imitar, que conlleva una generosidad y una entrega no siempre fáciles de ejercer. El perdón va unido al compromiso de la vida. No basta decir ‘te perdono’. Hay que establecer unos mecanismos para restaurar el daño y que políticamente hagan viable la conducción pacífica de las personas.

¿A quién le corresponde hacer esa reparación?

En la ética cristiana el perdón es un viaje de ida y vuelta. Todos quedan comprometidos en un proyecto de perdón que sea clarificador en función de aquellos valores que cada uno defiende. La verdad absoluta solo es Dios y en el mundo se debe llegar a consensos de comunión.

¿Una sociedad debe o no olvidar? ¿Debe o no perdonar?

Se dice que un pueblo que olvida su historia está obligado a repertirla. Lamentablemente las personas, al igual que los pueblos, avanzan en medio de grandes contradicciones y dolores. Lo más importante no es equivocarse, sino aprender de las equivocaciones. Hay que recordar para aprender, pero no para mantener encendidos los respondos del rencor o de la venganza.

¿La función de un Presidente es perdonar? ¿Por qué una acción, que responde a los fueros internos de una persona, debe convertirse en un tema de Estado?

Yo he deseado este perdón (en los casos El Universo y ‘El Gran Hermano’), al menos para destrabar una situación que estaba ocasionando un auténtico desgaste, con consecuencias políticas internas y de imagen internacional negativa. El perdón dignifica a quien lo ejerce, pero tiene que ser algo más que un gesto: un compromiso de trabajo a favor de la justicia y de la libertad verdaderas. La función de un Presidente es crear este tipo de cultura y de valores que permitan que el país crezca en democracia y libertad. Si esta es la intención del Presidente, su perdón puede ser un auténtico signo de reconciliación nacional. Pero los signos no pueden separarse de los compromisos, sobre todo en la vida pública.

¿El no olvidar significa, desde el poder, seguir desprestigiando a quienes el Régimen considera enemigos?

El Vicepresidente (Lenín Moreno), con la mesura que le caracteriza, reconocía el exceso de estas sentencias. Y no creo que se refería solo a la cuantía de la multa. Ciertamente, no se le puede llamar asesino a alguien, impunemente. El problema es que todo este proceso entró por unos derroteros de exceso con el consiguiente daño. Si el perdón es solo un gesto político de cara a la galería, el daño seguirá. No se puede crecer democráticamente alimentando políticas y relaciones de desprestigio mutuo.

¿Por qué?

La democracia necesita planteamientos políticos claros: división de poderes, justicia conforme a derecho, participación ciudadana, libertad de expresión, políticas consensuadas, etc. Pero también un ambiente y un talante de respeto verdadero.

Usted ha explicado que el debate sobre la libertad de expresión se ha realizado desde una dimensión política y jurídica, mas no desde una esfera ética. ¿Por qué?

Todo el mundo habla de las dimensiones políticas y jurídicas en el caso El Universo y en el del ejercicio de las libertades. Desde lo político, el tema de fondo no es el perdón sino la existencia de un juicio penal fuertemente cuestionado. El perdón no purifica ni presupone la idoneidad del proceso. De hecho, si se lo lleva a la categoría de la jurisprudencia, el tema sigue abierto y donde el juicio tampoco es lo más importante sino el sistema judicial imperante. Es un doloroso cuestionamiento a la justicia ecuatoriana.

¿Y el terreno de lo ético?

Es lo fundamental para mí. ¿Qué tipo de personas y sociedad estamos construyendo? ¿Desde qué valores y prácticas democráticas? Lo cierto es que nunca habrá paz sin justicia y nuestro pueblo se merece las dos cosas.

Estos juicios ¿qué reflexiones le dejan al país?

Bueno, hay una serie de valores éticos que desarrollar si se quiere construir una verdadera democracia. Hay valores de participación y de corresponsabilidad, entre ellos, la independencia de la Justicia y del Estado de derecho.

¿En un país pobre como el Ecuador cabe que el debate político se realice sobre la base de juicios millonarios en beneficio del Presidente?

El Vicepresidente dijo que la cifra era un exceso, pero también es el reflejo de otro exceso mayor: la desproporción del planteamiento político y judicial. Una de las características de toda justicia es también la proporcionalidad. ¿Qué supondría, entonces para una sociedad, fijar penas de delitos mayores si tomamos como referencia juicios como estos? Excedería la vida económica normal de cualquier ciudadano.

¿Ud. cree que el sistema judicial ecuatoriano podrá darle a cualquier ciudadano de a pie un triunfo judicial millonario como el que recibió Correa y que luego perdonó?

Difícilmente. La desproporción de la justicia, de por sí, la muestra también como muy insegura.

¿El caso El Universo hiere de muerte a una Justicia que apenas tiene un mes?

Ha sido un debut complicado. Sería de desear que la justicia impulse procedimientos de fidelidad a la ley y al estado de derecho. Fuera del derecho objetivo y ético es difícil administrar justicia.

¿Cómo debe reflexionar el Ecuador ante las duras críticas que, desde el exterior, ha recibido su Gobierno?

Más que las críticas políticas están las críticas académicas que nos tienen a todos que hacer pensar sobre la necesidad de vivir en un Estado de derecho.

¿Por qué el Ecuador ha tenido tantos problemas con su sistema judicial?

La justicia no es una realidad que vive al margen de las otras realidades sociales y políticas. Es muy difícil, en una democracia frágil como la ecuatoriana, pensar en una justicia fuerte. Hay problemas culturales, de libertad, de madurez política. Para alcanzar esa independencia hay que seguir luchando.

Pese a lo que sucedió con estos juicios a la prensa, ¿hay que darle un voto de confianza al actual proceso de reestructuración de la justicia?

Hay que hacerlo. Pero la confianza se gana a pulso y hay un pulso muy fuerte entre justicia y sociedad. Ese pulso no debe resolverse desde la ley del más fuerte sino desde el entendimiento y desde una auténtica participación política y ciudadana.

¿Cree que Correa ha podido reflexionar estos días?

Confío en que sí. Él ha demostrado ser muy inteligente. Toda persona, sobre todo cuando tiene responsabilidades de gobierno, tiene siempre que aprender.

¿Qué lecciones debemos aprender los medios?

Deben reflexionar. Ustedes tienen una responsabilidad ética importante, educativa y formativa de la opinión pública. Pero, sobre todo, la necesidad de una libertad de expresión que haga posible que el pueblo no solo esté informado sino que tenga elementos de juicios suficientes para se que forme un criterio político y social. Un pueblo sin información es un pueblo sin opinión. Y cuando falta el discernimiento no manejamos bien la realidad.

¿En estos momentos, la opinión como género periodístico, debe ser defendida por toda la sociedad?

Por supuesto. La página más importante de un diario es la de opinión, porque formula criterios de valor para crear una conciencia personal y social que nos ayudará a funcionar como país.

¿Se vienen mejores días?

Una cosa es la realidad y otra el deseo. Esta no es la última página de nuestra historia. Lo importante es aprender de las propias experiencias y errores. Construyamos un país infinitamente mejor.

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