31 de May de 2010 00:00

El país cambió desde junio de 1990

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Redacción Política

Ángel Ramírez / profesor e investigador de temas indígenas

El jueves 4 de junio se cumplirán 20 años desde el levantamiento indígena de 1990. ¿Ese acontecimiento marcó un antes y un después en la sociedad ecuatoriana?

Hubo un quiebre no solo político. Antes de los noventa había un discurso monocultural. En el Estado se reconocía una sola lengua, una cultura, una religión... En 1990 irrumpió el concepto de estado plurinacional.

¿Qué cambios hubo?

Desde junio de 1990, frente a la salud hispana se habló de salud intercultural, por ejemplo. Se empezó a plantear que las prácticas ancestrales debían integrarse al sistema. Antes se sostenía que eran supersticiones, magia negra. El levantamiento permitió identificar rasgos de pluriculturalidad, lejos de la cultura blanco mestiza.

¿Antes de 1990, el ecuatoriano negaba y se avergonzaba de sus raíces indígenas?Hasta ahora pasa. Pero entonces costaba más aceptar el origen. No se entendía lo que vivían los hermanos en las haciendas.

¿Qué no se sabía entonces?

En las comunidades de Guayama, Chaupi y Chine, en Cotopaxi, había haciendas en las que se vivía en el huasipungo. Tal como escribió (Jorge) Icaza, en su libro, existían castigos corporales. En la picota o palo se colgaba al indígena para golpearlo con el látigo. Y regía ‘la primera noche’, el patrón tenía el privilegio de acostarse primero con la recién casada...

¿Las relaciones y el trato han variado ahora?

Diametralmente. Se reconocen identidades indígenas e históricas. En Guayaquil dicen ‘descendemos de los huancavilcas’.

¿Usted participó en el levantamiento indígena?

Yo tenía 22 años y era parte de la Coordinadora de Movimientos Culturales. Nos reuníamos en la sede de la Federación Unitaria de Trabajadores. Estudiaba en la U. Católica. Soy palta, indio libre, pero como otros jóvenes pintaba en las paredes: “Fin de la hacienda” o “500 años de resistencia”.

¿Creyeron que el movimiento indígena podía convertirse en actor político?Sí, con el ejemplo de mama Dolores Cacuango. En 1945 hacía levantamientos por la tierra, iba con 5 000 indígenas desde San Pablo Urco o Pesillo, en Cayambe, y llegaba a Quito en cinco días.

¿Qué es el movimiento indígena políticamente hoy?

Algunos lo quieren ver muerto. Pero Cacuango decía: “Somos como paja que lleva el viento, se la puede arrancar pero vuelve a surgir”. El plan es construir el Estado plurinacional e intercultural, con una sociedad multilingue.

Desde la primera participación electoral del movimiento Pachakutik, en 1996, ¿cayeron en el juego del poder con las alianzas?

Hay alianzas y alianzas, como la de Lucio Gutiérrez. Es un proceso histórico. Quizá se cree que todo se acabó por un error, pero es la vida: uno se enferma, se sana, algún rato morirá y los hijos seguirán. Nuestra estrategia es la creación de liderazgos, Marlon (Santi, presidente de la Conaie) pertenece a una nueva generación, con derroteros como el agua, la ecología...

¿Los líderes indígenas se embelesaron con los cargos?

Tuvimos ministros como Luis Macas y Nina Pacari. El error es haber creído que a través de un cargo se cambia el Estado. Eso ocurre al generar procesos históricos de economía solidaria, turismo comunitario, uso de biotecnología, con nuevos liderazgos.

¿Pesaron las peleas personales? En el 2002 iban a empujar la candidatura presidencial de Auki Tituaña. Pero Antonio Vargas quería un líder amazónico. Por eso respaldaron a Gutiérrez.

Nos falta tener una experticia o visión global del país. He estado en elecciones internas y he visto que hasta se envían pasquines en contra de los hermanos. No soy político, pero hemos dicho la pelea no es entre nosotros.

¿Son ‘tumbagobiernos’?

Hemos sido más utilizados, los que tumbaron gobiernos fueron otros y nos usaron de piñata.

Sobre la Ley de Aguas, el presidente Correa insiste en que pocos (indios) quieren manejar el recurso de todos.

El censo del 2001 señala que somos 800 000 indígenas, aunque creemos que sumamos 2 500 000. En noviembre habrá otro censo. Pero electoralmente significamos más votos. Podemos subir o bajar la balanza en una elección. Un punto pone o saca a un candidato en la Presidencia.

Otro de los temas polémicos es la educación bilingue. Se acusa al movimiento indígena de politizarla...

En 1995, la Dirección Nacional de Educación Intercultural Bilingue recibió 5 000 000 de sucres y hace tres años USD 5 millones. Este año fueron USD 1 400 000 para 200 000 niños. En un estudiante hispano se invierte USD 450 y por uno indígena, USD 150. No tenemos infraestructura , en eso aún falta por avanzar.

¿Por qué está aquí?

Su experiencia. Doctor en Ciencias de la Educación de la U. Católica. Es profesor de posgrado en la Salesiana, estudioso de temas indígenas y técnico de la Dineib.

Su punto de vista. Hay alianzas y alianzas, como la de Lucio Gutiérrez. Es un proceso histórico. Aprendemos del error.

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