La oposición se juega su supervivencia política

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Carlos Rojas A. Editor Político

La del 23 de febrero no será una elección cualquiera, sino el día en que se marque el futuro de la oposición, como tendencia política en el Ecuador.

Luego de que hace un año, el presidente Rafael Correa se asegurara su tercera elección consecutiva y de que Alianza País controlara los dos tercios de la Asamblea Nacional, las fuerzas de oposición quedaron prácticamente neutralizadas.

Con 29 de las 137 curules legislativas, los seis grupos opuestos a la revolución ciudadana prácticamente no tienen voz ni voto parlamentario. Por lo que estos próximos comicios de carácter seccional serán la única oportunidad para recuperar el espacio político.

La baja votación de las agrupaciones que se oponen al Régimen obedece a una tendencia sostenida de siete años.

En la infografía adjunta es claro ver cómo, entre 1996 y el 2009, el control político en alcaldías y prefecturas se repartía de manera, más o menos proporcional, entre cuatro fuerzas. Pero, a partir del 2009, Alianza País rompió esa lógica que Simón Pachano llama en su libro 'La Trama de Penélope', "la regionalización o provincialización de los partidos", que es una respuesta a la incapacidad que tuvo Ecuador desde el regreso a la democracia de construir fuerzas nacionales.

Pero en el 2009 Alianza País logró controlar una tercera parte de todos los organismos seccionales, dejando las dos restantes para las demás fuerzas políticas, muchas muy cercanas al oficialismo.

Desde entonces, el panorama para la oposición se volvió más adverso. Las elecciones legislativas de febrero pasado, donde por primera vez un partido de Gobierno logró controlar el 72,9% del Pleno Legislativo, puso al resto de fuerzas políticas a pensar en sobrevivir.

Esa primera bocanada de oxígeno será, en teoría, las seccionales del próximo mes. Hay una argumento de peso para sostener esta idea: luego del 23 de febrero, el país no tendrá un nuevo evento electoral hasta las presidenciales del 2017.

Por lo que sin espacio en el legislativo y sin fuerza a nivel seccional -en caso de que los buenos números de Alianza País se repliquen en las urnas esta vez-, la oposición se vería avocada a tres años de silencio.

Voces consultadas por este Diario prefieren ver con menos dramatismo su futuro político. El movimiento Creo, por ejemplo, señala que su debut electoral de febrero pasado ubicó a esta tienda en la primera fuerza política de oposición. En ese sentido -explica Patricio Donoso- no hay razón para no pensar en un nuevo crecimiento para su organización. Esto a pesar de que Creo tuvo problemas para lanzar candidaturas en las ciudades fuertes como Quito y Guayaquil.

El PSC, en cierta manera, mira con menos preocupación los resultados del próximo 23 de febrero. Su director, Alfredo Serrano, señala que la política dura nunca ha sido una característica de los gobiernos seccionales y esta no va a hacer la excepción.

Desde que se impulsó la explotación del Yasuní ITT, "Correa ha metido a 200 (de los 221) alcaldes en su bolsillo. Si esta vez vuelve a triunfar, ¿cuál es la diferencia?".

Mauricio Rodas, de SUMA, prende una alerta: impedir que el sistema político del Ecuador termine en un modelo de partido único. Por eso, la consigna de las oposiciones a Alianza País debe ser aprovechar estas elecciones, cuyas realidades locales son muy distintas entre sí, para ganar espacio. Solo así "podremos ofrecerle al Ecuador visiones distintas de lo que es una política pública", toda vez que ese espacio se perdió en la Asamblea Nacional.

En contexto.  Los grupos de oposición han cuestionado que las reglas electorales (campañas opacadas por las fiestas de diciembre, la elección por distritos bajo el método D'Hondt, hostil a la representación de las minorías) ha puesto a varios partidos al borde de la extinción.

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