9 de December de 2012 00:03

'No podemos meter al Quito de hoy en el 'corsé' de hace 50 años'

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El alcalde Augusto Barrera asegura que estas fiestas mostraron un cambio cultural en Quito. No cree que el Municipio deba relanzar la feria taurina.

¿Cuál es su evaluación de estas fiestas de Quito 2012?

Hay un mensaje esperanzador. Esta fiesta marca un modelo de celebración, mucho más diverso. Hemos tenido ‘mapping’, estas figuras de láser, hasta el pasacalle, el cuarenta o la competencia de los coches de madera que era una tradición casi muerta. También hemos añadido nuevos eventos.

¿Por ejemplo?

Se consolidaron las dos grandes ferias (Quitumbe y La Carolina). El reporte de asistencia que tenemos es que 1,5 millones de quiteños disfrutaron de todos los eventos, casi el doble que en el 2011.

Si es así, ¿por qué quedó la sensación en la gente que estas fiestas fueron las más apagadas de los últimos años?

No creo que sea una opinión generalizada. Sería interesante hacer una encuesta para poder determinar si esa impresión es de la mayoría. Pienso que ahora estamos hablando de otra ciudad.

¿En qué sentido?

Ya no es la vieja ciudad donde todos iban al mismo lugar y se conocían; esa ciudad pequeña y franciscana, con una derivación un tanto aristocrática. Ahora no, esta es una ciudad diversa.

¿Hay un cambio en las costumbres del quiteño?

Un cambio cultural. Esta idea de ciudad pequeña incluso tiene que ver con el tema taurino, donde las fiestas para muchos era verse ahí. Lo de las corridas es importante, yo soy tolerante, pero es un porcentaje de la población.

Cada día de los nueve de la Feria Jesús del Gran Poder iban unas 14 000 personas. ¿130 000 personas es poco?

Es importante, pero si lo comparamos con el resto de cosas, vemos que es un elemento más…

Si usted ve que esta actividad es marginal…

...No marginal. La única manera de poder tener una visión tolerante y plural es que podamos respetar esas expresiones. Pero lo que yo veo es un cambio cultural en la ciudad que es como una avalancha de otras sensibilidades.

Usted dice ser tolerante con la fiesta brava, pero el año pasado, suspender las corridas de toros se convirtió en una política de Estado.

No comparto esa afirmación. Fue la sociedad, no el Estado, la que diseñó ese formato de fiesta.

Pero la consulta popular fue un acto del Gobierno…

Donde votó el pueblo. Este debate (el de los toros) no es local. Se dio en Portugal, Francia, Cataluña, Bogotá… Y en algunos de esos lugares las decisiones que establecieron límites a la feria fueron tomadas por las autoridades. Aquí la mayoría de la población de Quito se pronunció.

No fue la mayoría, fue la mitad (50,8%).

No, la mitad más uno, y eso hay que valorar. Las elecciones se ganan o se pierden, no es que se gana un poquito. Y para este año, las condiciones de la feria, con todo el cambio que se introdujo, estaban dadas. Las razones para su suspensión fueron de mercado.

La suspensión de la feria taurina dejó en evidencia que una de las importantes tradiciones del país estuvo privatizada y al vaivén de las decisiones empresariales.

Hay que desdramatizar esta cuestión. A mí me preocupa mil veces más que no tengamos muertos o heridos en las fiestas…

La gente a la que le gusta las corridas siente que el Gobierno coartó su libertad de escoger. ¿No es este también un tema importante?

Es normal e importante porque se da dentro de un cambio cultural. (Anthony) Giddens dice: hace una generación, los niños y los jóvenes querían parecerse a los adultos, ahora es al revés. Este cambio cultural marca la juventud: tecnológica y ambientalista.

A los toros asisten también muchos jóvenes…

Pero la enorme mayoría de ellos no siente esa afición, tiene otras sensibilidades. La manifestación más importante de los jóvenes esta vez ha sido vivir las fiestas en paz. Yo he ido a muchos actos y los jóvenes pasaron contentos sin alcohol. No nos olvidemos lo que antes eran estas fiestas: recoger borrachos. Eran fiestas para el adulto joven, no para la familia. Antes eran auspiciadas por empresas de licor y de cigarrillo y su éxito era alentar ese consumo.

¿Que hayan sido unas fiestas sin alcohol se debe a que se prohibió el auspicio de las empresas de licor y no a un verdadero cambio cultural en el quiteño? El resto del año, cuando bajan los controles, se sigue viendo alcoholismo en la ciudad.

No podemos cantar victoria. Estos cambios toman tiempo.

¿El joven de hoy bebe menos que el de antaño?

Seguro, porque hay más conciencia sobre el respeto a su cuerpo, sobre los temas ambientales, sobre sus derechos. Y no podemos negar que esto es el resultado de una política pública: ninguna empresa de licor o cigarrillo puede auspiciar ni organizar nada.

¿Esta prohibición atenta contra las libertades económicas empresariales y contra la libre elección de la gente?

No. Yo soy médico y como autoridad pública debemos alertar a la población de que el cigarrillo mata y el alcohol tiene una incidencia directa en la accidentalidad y en la violencia.

Usted insiste en el discurso de la tolerancia, la pluralidad y la inclusión. ¿A partir del próximo año el Municipio puede apoyar directamente a la feria taurina para garantizar que la afición quiteña tenga este acto tradicional sin depender de una empresa privada como Citotusa?

Hagamos una evaluación con la cabeza fría. No demos lugar a las voces extremas, porque entre debatir un tema cultural como este y defender el derecho a la vida de un animal no llegaremos a nada.

Si el Municipio ha organizado eventos de todo tipo, ¿por qué no darle un nuevo impulso a la feria taurina?

Históricamente ha sido una fiesta organizada por la empresa privada y regulada por el Cabildo. Hay que ver qué pasa a futuro.

Da la impresión de que no le llama la atención preservar esta tradición de una parte importante de quiteños…

Yo no estoy tan seguro de que debamos meternos en una cosa de esta naturaleza.

¿Y los quiteños que viven de esta fiesta, la señora de los sombreros o el dueño de un restaurante que se quedó con los vinos en la bodega?

La gente que está alrededor de la plaza fue incorporada a muchas de nuestras actividades.

Quito ha sido parte de un circuito taurino internacional, con los beneficios turísticos, económicos y culturales que esto conlleva…

Llevamos 20 minutos de entrevista, durante 15 hemos hablado de toros y no me parece que sea lo más importante.

Lo es porque las corridas se convirtieron en un espacio de disputa política…

Eso no debe pasar.

¿Se evitará la polarización?

Con tolerancia. Discutamos si es viable o no que el espectáculo siga sin la muerte del animal y eso nos lleva al punto inicial.

¿A plantear otra consulta?

El Concejo está tramitando esa discusión desde una comisión.

¿No siente que el radicalismo de un sector como Diabluma fue el que se impuso?

No creo que la mitad que votó a favor de la pregunta tenga animadversión por la otra. Respetemos los resultados democráticos.

Que tampoco fueron contundentes...

Una elección se gana con la mayoría más uno de los votos.

Pero no fue 80-20 ó 90-10; fue 50,8 frente a un 49,2 sumando nulos y blancos.

Hay que darle viabilidad a esos resultados.

¿Estuvo bien que el Gobierno pusiera esa pregunta?

Lo que estuvo bien es que el quiteño se haya pronunciado.

¿Ahora Diabluma bajará a Latacunga, Ambato o Riobamba a hacer su protesta?

No tengo nada que ver con ellos. Diabluma tuvo una relación cercana con la administración anterior (Paco Moncayo).

Usted dice que esta ciudad ha cambiado culturalmente. ¿Le preocupa esta especie de revisionismo del imaginario de lo que es Quito: ahora se cantan otras estrofas del Himno o hay grupos que buscan cambiar hasta el Escudo?

Quito es la que más lee en el país, la que más crece económicamente, la que está mejor conectada con el mundo. Es imposible meter al Quito de hoy en el ‘corsé’ de la ciudad de hace 50 años. Aquella ciudad de 10 000 apellidos no existe más.

¿Y por eso hay que cantar otras estrofas del Himno?

Es lógico que cantemos la estrofa que habla de lo mejor que hemos hecho como pueblo mestizo: dar el primer grito libertario. Fue en el mestizaje y en la independencia donde nos consolidamos. “Cuando América toda dormía/ oh muy noble ciudad fuiste tú”...

¿Y no cree que España también amó a Quito como se canta en la otra estrofa?

Esa es pregunta para tesis de historia...Tuvimos una etapa muy dura que fue la Conquista y la Colonia, momentos de explotación.

No podemos negar ese mestizaje: por eso hablamos español y la principal joya de esta ciudad es su Centro Histórico de huella española.

No tengo la menor duda y lo valoro. Pero en 1809 se murió el 10% de la ciudad. Fue una hecatombe y lastimosamente eso se ha olvidado. No podemos dejar de reconocer este capítulo ni tampoco dejar de lado el mestizaje. La misma hispanidad ahora atraviesa diversidades: el franquismo, la resistencia, su explosión artística, la cuestión catalana…

¿Se deja de cantar una estrofa alusiva a España cuando el metro de Quito será construido por españoles?

Ahora los ecuatorianos somos España por la cantidad de gente que allá vive.

¿En Quito se vive un ambiente polarizado?

Y eso no es bueno.

¿Pero existe?

Hay al menos un debate, y no solo por los cambios políticos, sino por los culturales. Yo hago un llamado a la gente pensante a ser tolerante y constructiva. Esta ciudad tiene cosas importantes como un empresariado serio y comprometido, que paga impuestos. Por el nivel de empresarios que tenemos en Quito, sería impensable que un dueño de hacienda contrate guaguas para explotarlos. En esta ciudad hay sectores medios y populares muy bien preparados. Quito tiene 100 000 empresas, el nivel más bajo de desocupación (4%), tomando en cuenta que solo el 5% de los empleados quiteños es burocracia.

Si hay un dinamismo cultural, ¿por qué el quiteño ha dejado de protestar?

Vivimos un período de inestabilidad política muy duro y me parece que ahora la ciudad está en una fase muy constructiva.

¿No será que tiene miedo?

Para nada.

¿Está usted ya en la fase final de su administración?

Sí, pero la más fructífera.

¿Porque será el año de la inauguración de obras?

Es parte del ciclo. El primer año fue para las obras de escala intermedia y pequeña, de los estudios y eso demora. Luego vino esta etapa muy productiva

¿Aunque se diga que este ‘boom’ de obras es para hacerle campaña al Gobierno?

Para nada, por ejemplo, yo no voy a inaugurar el metro.

¿No irá a la reelección?

No lo he decidido aún.

¿Ya no lo quiere?

Tiene costos personales altos. Pero precautelaré la continuidad. Nosotros tenemos un nivel de aprobación del 70%.

¿Y todas las críticas que recibe en las redes sociales?

Eso es pensar que toda la opinión de Quito está en un teléfono.

¿Lo dice porque el ‘cacerolazo’ del 6 de diciembre se convocó por las redes sociales sin mayor fuerza?

Cómo se le puede dar estatuto político a las acciones delictivas de un grupo como Reimberg, que lucraba del espacio público. Tienen más de 50 juicios y multas por pagar. 50 ó 60 personas organizaron el ‘cacerolazo’.

¿Y ustedes los dispersaron con 200 policías para no llegar a la Plaza del Teatro?

Eso no es así. En la Sesión Solemne había 1 500 líderes barriales. ¿Y si se enfrentaban?

HOJA DE VIDA

Augusto Barrera

Su experiencia. Es médico de profesión. Se desempeña como Alcalde de Quito desde el 2009, impulsado por el movimiento  Alianza País.

Antes de ser elegido, fue concejal de la ciudad desde el 2005. Tiene una especialidad en Ciencias Políticas, Planificación y Desarrollo Local.

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