Nathalie Cely: 'Hay buena voluntad de Obama para mejorar nuestras relaciones'

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Santiago Zeas B. Desde Nueva York

Nathalie Cely embajadora de Ecuador en EE.UU.

Su trayectoria:  Es economista, con una maestría en administración pública en Harvard. Fue ministra coordinadora de Desarrollo Social y de la Producción. A finales del 2011 fue designada embajadora en Washington.

La frase: Estamos lejos de empezar una discusión. EE.UU. tiene un modelo comerciar que implica dificultades".

¿El Gobierno quería que en Harvard y Yale se oyera la versión del Presidente sobre temas delicados como Chevron y la Comisión Interamericana?
No realmente, ya que esta iniciativa lleva algún tiempo. El Presidente tenía una invitación de Yale desde hace un año y medio, pero no la había podido atender. En octubre estuvimos en Harvard explicando los proyectos educativos. Entonces surgió el interés de la universidad de conocer del Presidente cómo se lleva este proceso. Fue así que el Presidente disertó en uno de los foros políticos más prestigiosos.

¿Cuál era el mensaje que se quiso transmitir en el Instituto John F. Kennedy de Harvard?
Un mensaje político claro. El país vive cambios profundos, con el apoyo ciudadano. También que el Presidente ha sido crítico de varias posiciones de EE.UU., pero no significa que no tenga un gran amor por este país. De ninguna manera es antiestadounidense.

¿Esas diferencias son irreconciliables?
No deberían definir nuestra relación, si se tratan de forma respetuosa.

Si ese es el objetivo, ¿fue prudente que en Harvard el presidente Correa respondiera de forma irónica que hubiese permitido que se quede la Base de Manta si EE.UU. permitía una base ecuatoriana?
El Presidente es auténtico y cuando dice las cosas es porque las siente. Él es un excelente comunicador y cuando hizo ese símil la gente se rió. La comparación no fue ofensiva.

¿Cuánto ayudarán las conferencias en Harvard y Yale para el reforzamiento del diálogo con Washington?
Es indudable que estos centros de pensamiento tienen una gran influencia en el mundo político estadounidense. Por eso fue importante su presencia. Más aún cuando hemos tenido en EE.UU. una campaña de descrédito bien financiada. Esas charlas y las reuniones con líderes de opinión van a servir para comprender de qué se trata el modelo ecuatoriano de revolución ciudadana y que queremos tener una relación de respeto con EE.UU. Si aquí hubiera suficiente apertura para entender nuestro modelo y si nosotros también tuviésemos esa apertura (habría un acercamiento); pero hay desconfianza de ambas partes.

¿Cómo percibe la actitud de la Casa Blanca frente a Ecuador?
Hay buena voluntad del presidente Barack Obama de mejorar nuestras relaciones. Ya estuvo en Quito el Subsecretario Adjunto para América del Sur, esperamos con los brazos abiertos a Roberta Jacobson (secretaria adjunta del Departamento de Estado) y luego queremos tener una cita de cancilleres.

¿Qué temas mira Ecuador con desconfianza?
A través del diario The Washington Post se confirmó la hipótesis de que hubo una participación de EE.UU. en el ataque de Angostura. Eso genera desconfianza. Obviamente, el Departamento de Estado me ha dado las ratificaciones de que algo así no volverá a suceder (…) Ecuador tiene razones para desconfiar; EE.UU. debe también tenerlas.

¿Conoce qué es lo que inquieta a Washington?
Han sido críticos de la libertad de expresión en Ecuador. Es un tema que no se lo puede mirar desde la visión de los EE.UU. Cada sociedad tiene sus valores. Aquí este es un derecho primario, en Ecuador todos los derechos tienen el mismo valor.

¿La campaña de descrédito a la que se refiere es la de Chevron?
Sí y también al elemento ideológico. En EE.UU. hay una polarización. Con la crisis la desigualdad ha crecido y hay posiciones extremas de derecha e izquierda. Entonces se ve al sur de forma maniquea: capitalismo o comunismo. Chevron se ha aprovechado de esto.

¿El Gobierno facilitó las cosas a Chevron al involucrarse en un juicio entre privados?
La memoria a veces es frágil. Por años el Gobierno solo dijo que esperaba a que haya justicia. No intervinimos frente a Chevron hasta que su campaña llegó a niveles intolerables.

¿Cuáles?
Querer tomar de rehén empleos de miles de ecuatorianos y pretender por cuatro ocasiones que nos suspendan las preferencias arancelarias.

En estas circunstancias, ¿suscribir un acuerdo comercial sería una salida?
Las relaciones comerciales van viento en popa. El año pasado rompimos récord. Creo en los acuerdos de comercio y espero que se llegue a uno con Europa. En el caso de EE.UU. es un poco más complicado.

¿Por qué?
La política comercial no es manejada por Obama, sino por el Congreso y el Senado. Estamos aún lejos de empezar una discusión, más aún cuando EE.UU. tiene un modelo de libre comercio, que implica dificultades.

¿Qué alternativas hay?
El año pasado empezamos las campañas de marcas sectoriales. La idea es promocionar bienes como rosas y camarón, como los mejores del mundo.


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