31 de May de 2011 00:02

El minero artesanal vive en la incertidumbre

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Jueves 26 de mayo. Es mediodía y los brazos de Reiniero Zaruma (68 años) halan con fuerza la cadena de la polea que levanta lentamente una gran piedra, que se encuentra en la sima de un pozo de cuatro metros. Está ubicado en las orillas del río Nambija, en la comunidad de San Carlos, una hora al oriente de la ciudad de Zamora.

[[OBJECT]]Su ropa está embarrada de lodo. Usa una gorra para el sol, jadea con fuerza cada vez que tira la cadena y se seca el sudor con la manga de la camisa. En el fondo del pozo se encuentra Édgar Romero (35 años), su socio, encargado de sujetar las piedras con la cadena y de buscar oro entre ellas.

La excavación demora entre tres y cuatro días. Rosa Medina y Mercedes Izurieta, esposas de Zaruma y Romero, están sentadas sobre una estructura de madera humedecida. Acompañan a sus maridos durante toda la jornada.

Buscar oro con el método artesanal no es fácil. Zaruma y Romero, luego de una semana de agotador trabajo, obtienen cuatro o cinco gramos del valioso metal.

El costo del oro depende de su pureza. El que sale del río Nambija se cotiza en USD 35 el gramo. Sus clientes son joyeros lojanos. Los dos mineros ganan USD 175 por semana; dinero que se lo reparten por ser socios.

Zaruma y Romero están atemorizados por los anuncios que ha realizado el presidente Rafael Correa de que si su actividad artesanal no está debidamente registrada, no podrán seguir ejerciéndola. “Tenemos miedo de que nos dejen sin trabajo, es lo único que tenemos”, dice Zaruma.

El 22 de marzo del 2010, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC) empezó con el registro de los mineros artesanales de Zamora Chinchipe, con el propósito de legalizar su actividad.

Ramiro Enríquez, técnico de la Agencia de Regulación y Control Minero, participó en el censo que culminó el 11 de abril de ese año. Solo se registraron 250 mineros en la provincia.

Sin embargo, para el prefecto Salvador Quishpe, líder de la oposición, esta cifra es irreal y no refleja el verdadero número de ciudadanos que se dedica a esta actividad artesanal. Sus cálculos superan los mil mineros. Enríquez admite que algunos habitantes pudieron haber quedado fuera.

Zaruma es uno de los olvidados y por eso desconfía del Gobierno. “Nos dejaron a un lado en el censo”. Aunque ahora puede registrarse de nuevo en la capital Zamora, le tomaría dos o tres días reunir los papeles. “Si no trabajo mi familia se muere de hambre”.

Su esposa movía la malla sobre la cual se cierne la arena para buscar el oro. Es madre de cinco hijos, la mayor de ellas, analfabeta.

Los otros cuatro van a la escuela de la comunidad de San Carlos. Mientras sus padres trabajan, ellos hacen los deberes sobre las rocas. Están a 20 metros

Cuando habla de sus hijos los ojos de Rosa Medina se humedecen. Está preocupada por su futuro ya que la casa donde viven está sobre una zona inestable. Brigadas del Gobierno y de la Prefectura le han prometido reubicarla, pero son “solo promesas”. Su preocupación es también por su futuro laboral, teme porque el oro se está acabando.

Dos kilómetros más al oriente del rudimentario pozo de Zaruma y Romero, están ya las concesiones que el Ministerio de Recursos No Renovables, entregó al grupo de los Pequeños Mineros.

Esta es una organización que agrupa a 20 asociados que, por su capacidad de organización, han logrado mejorar su método adquiriendo la costosa maquinaria. En total se han otorgado 235 permisos para hacer minería.

A lo largo de la quebrada San Carlos, hasta llegar a Nambija, se realiza la exploración permitida con maquinaria pesada. Ahí las retroexcavadoras remueven las grandes piedras mientras la clasificadora extrae el oro.

Así se obtiene entre 150 y 200 gramos de oro a la semana. En ese lugar Zaruma no puede trabajar por su edad y peor aspirar a un crédito para una retroexcavadora, que valen unos USD 200 000.

Esta minería autorizada es cuestionada por los habitantes de las comunidades aledañas, quienes sufren los estragos de las contaminación. A pesar de que no se usa químicos como el mercurio el agua baja turbia y se vuelve inútil.

María Zeleida, una mujer de 68 años que vive a 150 metros de las orillas del Nambija, cuenta que tiene tres reces a quienes lleva todos los días hasta una cascada que se ubica a tres kilómetros para que beban agua limpia y abastecerse del líquido. “Cada vez que hay votaciones los políticos llegan y prometen que controlaran la contaminación: les damos el voto y se olvidan de nosotros”, por eso ya no cree en las promesas.

Quienes sí se preocupan por las advertencias del Gobierno de combatir la minería ilegal, son los que viven de ella. En la Parroquia de Yacuambí, el río que lleva el mismo nombre baja sucio. Según los moradores, los mineros ilegales huyeron hacia Zhincata, una planicie ubicada en la Cordillera del Cóndor y cuyo acceso es complicado. Allí se han dedicado a explotar el oro. “Tenemos miedo de que nos quiten las máquinas como en Esmeraldas”, dijo uno de los comuneros.

Zaruma y Romero no creen que, pese a no haber sido censados, su trabajo se etiquetará de ilegal. Su jornada termina a las 18:00. Con sus esposa y sus hijos vuelven a sus casas.

Minería a gran escala vs minería artesanal

Alianza PaíS
José Paqui
Su experiencia. Es el gobernador de Zamora Chinchipe y apoya al Gobierno en su proyecto de minería responsable.

Estamos conscientes de que la minería debe ser regulada para garantizar un mejor trato con la naturaleza. El Presidente (Rafael Correa) tiene todo nuestro apoyo para hacerlo y estamos avanzando en el proceso.
La provincia ha sufrido históricamente por la explotación indiscriminada de oro, producto de esta explotación sin control los ríos se contaminaban y había problemas en la salud entre las personas que vivían en las riveras.
Es importante que se tenga un registro de las personas que realizan esta actividad y control sobre la explotación, para que sea responsable.

PachakutiK
Salvador Quishpe
Su experiencia. Es Prefecto de Zamora Chinchipe, por Pachakutik, rechaza el manejo minero.

El presidente Rafael Correa ha perdido la confianza de Zamora Chinchipe. Aquí tenemos el problema de la minería y las diversas formas para realizarla. En ese sentido la minería artesanal no es el problema y tampoco se soluciona con un censo. El verdadero problema se da con las grandes multinacionales que ingresan con la vela del Gobierno que explota a gran escala. De los 100 000 habitantes de Zamora un 10% está dedicado a actividades mineras de forma artesanal, ahí la gente se dedica a ir con herramientas pequeñas y rudimentarias.

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