1 de August de 2010 00:00

La izquierda marcó la vida de Kintto Lucas

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 1
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 1
Redacción Política

En 1976 el guerrillero uruguayo Enrique Lucas fue asesinado. Ese crimen definió la vida de su hermano menor Kintto, actual vicecanciller ecuatoriano. Kintto Lucas tenía apenas 13 años.

Enrique era militante de los tupamaros, uno de los grupos insurgentes más importantes del continente en los años 70. Su vinculación a la guerrilla alteró la vida de la familia Lucas, que se formó en el Salto, Uruguay. En ese hogar nació Kintto, nombre escogido por ser el quinto y último hijo.

A los 9 años, cuando su hermano estuvo preso en Punta Carretas, en Montevideo, Kintto se convirtió en un pequeño mensajero de la guerrilla. Por su edad nadie sospechaba que llevaba notas escondidas desde la cárcel a los militantes que estaban libres. Esa misión fue corta. Su familia fue obligada a refugiarse en Buenos Aires, Argentina.

Para entonces, Enrique había salido libre y fue desterrado a Chile. No abandonó la guerrilla y empezó a recorrer el continente llevando el mensaje de los tupamaros, hasta que en 1976 fue asesinado en Cochabamba, Bolivia.

Kintto, que hoy tiene 47 años, es uno de los hombres más influyentes del Ministerio de Relaciones Exteriores. Llegó a la Cancillería en enero pasado como asesor de Ricardo Patiño, pero en mayo fue nombrado Vicecanciller.

Su nombramiento causó impacto en la Diplomacia ecuatoriana. ¿Un uruguayo ocupando un cargo que por Ley le corresponde a un ecuatoriano?

Ni tanto, pues Lucas se nacionalizó ecuatoriano en el 2008.

Desde entonces, ha iniciado una política de cambios en la Cartera. Su objetivo es reestructurar al servicio exterior, a pesar de que no todos los funcionarios de carrera están de acuerdo con los mecanismos. Para muchos diplomáticos, se está tratando de desestabilizar a la Cancillería; pero Lucas defiende su plan y argumenta que la quiere transformar para que cumpla con las políticas del gobierno de Rafael Correa.

Pasa en su oficina unas 10 horas diarias. Este horario no le agrada a su única hija, Isadora, de 16 años, pero él siempre tiene tiempo para hacerle el desayuno como a ella le gusta: jugo de naranja, cereal y sánduche de jamón con queso, “pero con su toque especial”.

En los pocos momentos que ahora comparten escuchan música y leen. Isadora extraña llegar del colegio y pasar las tardes con su padre, que antes trabajaba en su casa, escribiendo.

Él es un intelectual de izquierda. Ha escrito 13 libros, todos vinculados con los grupos sociales, la política ecuatoriana y las relaciones internacionales. Pero su interés principal ha sido el movimiento indígena ecuatoriano.

Su curiosidad nació hace dos décadas, con el fortalecimiento de la Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie). Lucas había pasado su juventud entre Argentina, Brasil y Uruguay. Decidió ser periodista y le apasionó la organización indígena.

Era reportero de la revista Mate Amargo, en Montevideo, cuando decidió escribir sobre Ecuador. A mediados de los años 80, apareció Rosa Rodríguez en su vida. Ella es quiteña, militó en el grupo subversivo Alfaro Vive Carajo (AVC) y llegó a la capital uruguaya huyendo del gobierno de León Febres Cordero. Su entonces novio Ricardo Merino, uno de los jefes de AVC, fue asesinado en Cuenca en 1986, durante un operativo policial. Rosa logró escapar por una ventana.

Su amor con Lucas nació de inmediato y su ideología los ha mantenido juntos por 21 años. En 1989 se casaron y solo asistieron sus amigos intímos.

Tres años más tarde llegaron a Ecuador de visita. Pero el tiempo pasó, Isadora nació y decidieron hacer su vida en Quito. Viven hoy en Cumbayá, en una casa de dos pisos, adornada con artesanías que inundan su residencia. Cada una de ellas, dice Rodríguez, recuerda los viajes que han hecho. Tapices con motivos indígenas cubren las paredes.

Estos símbolos le recuerden su afinidad con la Conaie, que se fortaleció en 1992, cuando publicó su libro ‘Rebeliones indígenas y negras en América Latina’, bajo el sello de Abya Yala, interesada en temas de izquierda.

De la teoría pasó a los hechos. En el 2003, tuvo su primer acercamiento real con la política. Fue asesor del diputado de Pachakutik, Ricardo Ulcuango. En ese tiempo, los dirigentes indígenas lo consideraban un decidido defensor del movimiento.

Sus relaciones políticas y familiares lo acercaron a Pachakutik, en especial a Augusto Barrera, actual alcalde de Quito y su ex concuñado, pues está casado con Lourdes Rodríguez, hermana de Rosa y militante de Alianza País.

A Barrera y a Hernández, Lucas los cuestionó por su alianza con el ex presidente Lucio Gutiérrez.

Cuatro años después, los tres se unieron al movimiento Alianza País, en la Asamblea de Montecristi. El uno como asambleísta (Hernández), el otro como nexo en la Constituyente y Lucas como asesor de Francisco Velasco. Ex militantes de País y amigos suyos como Mónica Chuji, Pablo Dávalos y David Turner, no logran entender el súbito cambio de Kintto Lucas: de crítico frontal a “militante orgánico”.

Su cercanía con el movimiento oficialista se profundizó en el 2006, cuando Lucas escribió el libro ‘Rafael Correa: Un extraño en Carondelet’. En el texto resaltaba las diferencias ideológicas del Presidente, en comparación con otros gobiernos.

A pesar de las discrepancias que tenía con algunos de los miembros del Gabinete, Lucas se acercó a Correa. Y en el 2008, el Jefe de Estado firmó la nacionalización del uruguayo, por “aportes significativos al país”, que un año antes le fue negada.

Desde entonces, Kintto Lucas se ha convertido en un militante más de País. Es uno de los hombres claves de la diplomacia, cercano a Ricardo Patiño, quien es vital en el actual Gobierno.

De periodista a militante político activo

Una de las pasiones más grandes de Kintto Lucas ha sido el periodismo. Desde joven trabajó en varias revistas y periódicos en Uruguay, siempre vinculado con la izquierda. Cuando llegó a Quito, se vinculó a diario Hoy, en donde era reportero de Cultura.

Su vinculación con las artes le permitió “romper esquemas” las noticias, recuerda su colega Juan Carlos Calderón.

Pero su fuerte era la política. Por ello, empezó a hacer un periodismo de militancia, según recuerdan algunos de sus compañeros y amigos.

Esto lo llevó a producir el quincenario ‘Tintají’. El periódico de circulación restringida estaba muy vinculado a los movimientos de izquierda y a la Confederación de Nacionalidades Indígenas.

El Consejo Editorial del periódico estaba compuesto por gente de diversas corrientes políticas, pero todos de izquierda, como Luis Macas y Alejandro Moreano.

El periódico tuvo su auge durante el gobierno de Lucio Gutiérrez. Allí denunciaba y cuestionaba las decisiones que tomó el entonces Presidente.

Hace unos años, el quincenario dejó de publicar. Con esto terminó la etapa de Lucas, como periodista.

Él dice que escribir siempre será su vida, pero hoy está alejado de sus orígenes.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (4)
No (0)