13 de March de 2010 00:00

Un homenaje a monseñor Luna y su lucha

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Redacción Política

El Teatro Nacional de la Casa de la Cultura quedó pequeño para recibir a las más de 1 800 personas que acudieron al homenaje de monseñor Luis Alberto Luna Tobar. Fue honrado por su trayectoria, su trabajo en pro de los más pobres y por su lucha política.

‘La esperanza como destino’, decía una pancarta de unos cinco metros, que cubría el fondo del escenario del Teatro . Junto a la leyenda estaba la imagen de Luna.

En la primera fila, Monseñor esperaba que se iniciara el evento. El blanco de su cabello contrastaba con el negro de su traje. Sus manos temblorosas sujetaban un bastón de madera café. Sus amigos y conocidos le comentaban los detalles de la organización, pero él no quitaba la mirada de la pancarta, que resaltaba sobre el telón negro de fondo.

De vez en cuando, algún conocido o familiar se acercaba a saludarlo y felicitarlo por el reconocimiento que iba a recibir.

Cerca de las 19:00, llegó el historiador Jorge Salvador Lara. Su presencia, dijo, era para honrar una vida de lucha y entrega por su causa social y política.

Aunque son opuestos en las tendencias, Salvador Lara y Luna, el historiador fue el único de tendencia de centro-derecha que acudió al evento.

Junto a Luna se sentó el presidente de la Casa de la Cultura, Marco Antonio Rodríguez; y la titular de la Comisión de la Verdad, Elsie Monge. En la fila de atrás, el ex ministro de Seguridad Interna y Externa, Gustavo Larrea.

Unos minutos antes de que se iniciara el evento (19:10), la sala resonó con aplausos de los asistentes: Alberto Acosta, ex asambleísta del movimiento País, entró al Teatro. Él agradeció el gesto con una sonrisa y un saludo general.

Larrea y Acosta fueron los únicos ex militantes activos de Alianza País que fueron a la ceremonia. No estuvo ningún miembro del Gobierno, al cual Luna ha cuestionado en los últimos meses.

“Todo el país esperaba un distinto sistema de Gobierno, diferente al de los gobernantes pasados. Pensaba que iba a ser distinto. Si he de decir lo que en verdad siento, creo que el Presidente se ha defraudado a sí mismo. Ha perdido el equilibrio, la estabilidad, el juicio sereno, que antes de llegar a la Presidencia apreciábamos en él”, dijo el año pasado a la prensa.

Su postura claramente alineada con la izquierda y la causa indigenista lo llevó a trabajar con las comunidades más pobres del Azuay. Entre 1981 y abril del 2000 fue Arzobispo de Cuenca.

Allí, su trabajo inspiró a otros sacerdotes como Hernán Rodas, quien era párroco en Azogues, y a Fernando Vega, ex asambleísta del movimiento oficialista.

“Tú nos enseñaste a encontrar nuevos rostros de Dios en los excluidos. Tú nos inspiraste con el ideal de formar un nuevo país”, manifestó Rodas, el jueves durante el homenaje a Luna.

El sacerdote de 86 años sonreía, mientras escuchaba a sus pupilos contar las anécdotas.

En la ceremonia, la Casa de la Cultura entregó el reconocimiento ‘Benjamín Carrión’, por su trabajo en pro de los más pobres y desposeídos del país.

Muchos de sus compañeros de lucha rindieron un homenaje a monseñor Luna. Monge entregó, a nombre de la Comisión de la Verdad, una placa. En ella se resaltaba su labor en defensa de los derechos humanos.

Luego fue el turno del cantante Jaime Guevara. Improvisó unas coplas para honrar a Luna y luego dedicó una canción al fallecido monseñor Leonidas Proaño, quien dedicó su vida a lograr la reivindicación de los indígenas.

Cuando fue su turno, Luna subió al podio, ayudado por dos personas. Agradeció por el reconocimiento y dijo que “todo lo que he hecho ha sido porque Dios nunca me ha dejado. Él me ha guiado en cada paso que he dado”. Además, recalcó que seguirá defiendo los intereses de la gente humilde y sencilla. “Mientras me quede vida seguiré luchando por lo que creo y porque se logre una igualdad entre la gente”.

Cuando terminó su discurso, sus amigos y admiradores se agruparon frente al escenario para abrazarlo. Nadie se quería quedar sin saludarlo y agradecerle por lo que ha hecho.

Uno de los primeros en acercarse fue el medallista olímpico Jefferson Pérez. Abrazó a Luna muy fuerte. Luego, salió del Teatro.

Acosta también se acercó y felicitó a Monseñor por su trabajo. Saludó y conversó unos minutos con Vega, su ex compañero de bancada en Montecristi.

Luna sonreía a cada persona que se acercaba. A muchos no conocía, pero agradecía cada gesto.

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