10 de June de 2012 00:00

Francisco Proaño: ‘Ecuador usa un lenguaje de hace 40 ó 50 años para criticar a la CIDH’

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Francisco Proaño, ex embajador en la OEA, dice que la reforma al Sistema Interamericano de DD.HH. no puede basarse en intereses de gobiernos

HOJA DE VIDA
Su trayectoria. Diplomático de carrera. Fue Embajador en la ex Yugoslavia, Albania, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador y Argentina. Entre el 2009 y 2010 fue representante del país ante la OEA.
Su punto de vista. Sostiene que es un error privilegiar la soberanía de los Estados sobre el cumplimiento de los derechos humanos.

¿Qué factores explican que varios países del hemisferio tengan reparos frente a organismos del Sistema Interamericano, como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)?

Siempre se puede pensar en reformar un sistema o una convención. Al ser obras humanas pueden ser perfectibles. Por eso, esas transformaciones deben pensarse en sentido positivo, en función del beneficio de las personas.

Pero las propuestas que apoyan países como Ecuador parecen estar enfocadas a protegerse de los pronunciamientos de la CIDH.

Muchas veces algunos gobiernos se sienten incómodos ante las indagaciones y llamados de atención de organismos de la CIDH.

¿Ese es motivo suficiente para pretender cambiar un sistema que protege los derechos de las personas?

Algunos gobiernos piensan que esas observaciones se dan sobre aspectos privativos de la soberanía de los Estados. Pero no todos los países tienen esa visión. En la última Asamblea de la OEA no hubo consenso para dar un paso rápido a las reformas. Países como Bolivia, Venezuela, Ecuador y Brasil quisieron un cambio inmediato, pero conducidos por sus intereses. Por otro lado, hay gobiernos que quieren una reforma, pero para fortalecer y modernizar el funcionamiento del Sistema.

¿No será que, en verdad, algunas de las observaciones de la CIDH son una intromisión en asuntos internos?

En la Dirección de DD.HH. de la Cancillería se registraba una situación preocupante: cuando se recibían denuncias de la CIDH se pedía al entonces Ministerio de Gobierno que investigara.

¿Cuál era la respuesta?

O no contestaba o las respuestas apuntaban a justificar o negar esas violaciones. Eso no debe ser así. Los gobiernos deben ser los primeros interesados en aceptar los señalamientos y sugerencias, porque la prioridad es el ser humano y sus derechos.

¿Ese comportamiento de negarse a procesar y contestar denuncias se ha acentuado en el actual Gobierno?

Cabe recordar lo que hizo el presidente Jaime Roldós, en 1980. Por su iniciativa, la Comunidad Andina aprobó la Carta de Conducta de Riobamba. Uno de sus puntos esenciales es que los derechos humanos están por sobre la soberanía de los Estados.

¿Ese principio está ausente de la reforma que los países miembros de la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba) llevaron a la Asamblea de la OEA?

Estamos en las antípodas de la doctrina Roldós, al querer privilegiar la soberanía sobre los derechos fundamentales. Estamos en el sentido inverso al llamado que hizo en su momento Roldós.

¿Un retroceso?

Así es. Al atacar al Sistema Interamericano de DD.HH. estamos usando un lenguaje sobre momentos históricos superados hace años. La Corte y la Comisión interamericanas de DD.HH. han dado pasos importantes para salvaguardar a las personas.

Pero el presidente Correa dice que la CIDH defiende la libertad de “extorsión” de las empresas mediáticas y que es un instrumento de dominio hemisférico de EE.UU.

Creo que ese (discurso) es un poco retórico y no corresponde a la realidad de las instituciones...

¿El que EE.UU. no haya ratificado la Convención Interamericana de DD.HH. no da argumentos a la postura de Ecuador de que hay una doble moral en la OEA?

A Estados Unidos se le debe exigir que pertenezca a plenitud al Sistema Interamericano, suscribiendo la Convención. Su postura encierra una contradicción amparada en un sofisma, que señala que no se puede adherir a la Convención, porque cada uno de sus estados tiene su legislación diferente. Pero ese es un sofisma, porque los derechos humanos son universales (...) lo innegable es que la Comisión y la Corte interamericanas han sido efectivas.

¿Efectivas?

Apoyaron a los gobiernos del Cono Sur en el castigo a los crímenes de lesa humanidad registrados en las dictaduras de Argentina, Chile y Uruguay. Si se presta atención, países como Argentina tienen una visión positiva del Sistema Interamericano. Ahora le dan el reconocimiento del caso, por la ayuda que recibió su democracia para castigar a los violadores de DD.HH.

¿El gobierno de Cristina Fernández, cercano a la Alba, en verdad respalda la labor de la Comisión?

Sí. Gracias al apoyo de la CIDH, con la gestión decidida de gobiernos como el de Néstor Kichner, se logró que los culpables estén en la cárcel, como Jorge Videla. Esto demuestra que no todos los países tienen la misma visión sobre el Sistema Interamericano.

¿El planteamiento de Ecuador y la Alba pierde piso cuando no reconocen de forma nítida esa labor de la CIDH frente a dictaduras?

Es un error. Es volver a las viejas prácticas de pensar que un señalamiento atenta contra la soberanía. No se debe temer a que organismos internacionales puedan investigar casos de DD.HH. En todos sus procesos hay espacio para la defensa. La Corte Interamericana tiene tradición jurídica de defensa de las personas, que no puede ser dejada de lado.

¿El discurso del Gobierno, que señala que la CIDH hostiga a gobiernos progresistas, está alejado de la realidad?

Creo que sí. Lo que la Comisión investiga es el tema de DD.HH. Y los ciudadanos tienen derecho a acudir a los organismos internacionales cuando se han agotado los mecanismos de sus países. Creo que se está utilizando un lenguaje de hace 40 ó 50 años que ya no tiene vigencia. Hay que tratar de perfeccionar el sistema y acatarlo. Lo más pragmático es apegarse a los principios y no tratar de eludir el pronunciamiento de un organismo internacional cuando se ha cometido un error.

Por la ovación que recibió el presidente Correa en el marco de la Asamblea General de la OEA en Bolivia, ¿los países del hemisferio están embarcados en ese lenguaje de hace 40 años?

Creo que es un signo de cortesía. Los países latinoamericanos son solidarios si una delegación da informaciones positivas, como los avances en políticas sociales. Sin embargo, eso no quiere decir que estén de acuerdo en todo lo que se ha dicho.

El Gobierno sugiere que fue un triunfo que la Asamblea General de la OEA haya acogido el documento con las reformas del sistema.

Lo que hubo fue un acuerdo muy diplomático ante la falta de consenso. En Bolivia quedó en evidencia que no hubo consenso con respecto a los planteamientos de un grupo de países.

¿En la práctica no tuvo consenso la propuesta de Ecuador y de la Alba, de aplicar de inmediato las reformas a los órganos de DD.HH.?

El informe que recoge las propuestas de cambio a la CIDH va a ser sometido a un proceso de debate en el Consejo Permanente. Esto durará meses o años.

¿Años? La Asamblea dio un plazo hasta inicios del 2013.

Mientras no se logre un consenso será difícil adoptar reformas realmente profundas.

Entonces, ¿la postura de Ecuador sufrió un revés?

Las reformas a la CIDH irán a un proceso de discusión, estudio y de debate. Esto quiere decir que no hay consenso y en el debate existirán grandes diferencias.

¿En qué puntos?

Básicamente en aquellos que apuntan a recortar atribuciones a la Comisión y a la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión, que incomodan a ciertos países.

Esa incomodidad puede ayudar a que reciba apoyo la postura ecuatoriana, de crear un sistema de DD.HH. alternativo en la Unasur?

Es positivo que en la Unasur y en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) se formen organismos de DD.HH. Sin embargo, no creo que lleguen a tener la efectividad que por décadas ha alcanzado el Sistema Interamericano.

¿Por qué?

El Sistema tiene una rica experiencia y abarca a casi todos los países del hemisferio. Es muy difícil que se fortalezcan tan rápido las nuevas instituciones. Como se palpó en Bolivia, no todos los países están pensando igual.

¿Es decir que no es tan fácil que en cualquier espacio de integración como la Unasur se arme un sistema de DD.HH. que responda a intereses de los gobiernos?

Así es.

El presidente Correa dice que en la Unasur y en la Celac se comparten visiones latinoamericanas y, por lo tanto, es más fácil construir sistemas de DD.HH. que respondan a su realidad.

La realidad de la región nos demuestra que hay diferencias. Es distinto lo que piensa Uruguay frente a lo que opina Venezuela. Es diferente lo que piensa Argentina de lo que cree Ecuador.

Entonces, ¿cuál fue el efecto concreto que tuvo la intervención de Correa en la Asamblea de la OEA, integrada por cancilleres, en la que pidió un golpe de timón inmediato al sistema?

Un efecto político de protagonismo. Con el derecho que le asiste como Jefe de Estado, planteó sus puntos de vista ante el cónclave continental.

¿No es contradictorio que su planteamiento lo llevase ante cancilleres, cuando pudo hacerlo en abril en la Cumbre de las Américas, el escenario natural de los Jefes de Estado del continente?

Son escenarios diferentes, que están dentro del Sistema Interamericano. Es un desnivel -que llama la atención- que el Presidente sí haya decidido participar en una reunión de cancilleres. Más allá de eso, su intervención trajo un efecto político que demostró que va a ser muy difícil que las reformas que plantea el bloque de la Alba logren un consenso.

Entonces ¿en qué pueden quedar las reformas para la CIDH y para la Relatoría de Libertad de Expresión?

Se llegarán a algunos textos transaccionales, que recogerán alguna parte de lo que quiere la Alba. Una de las características del derecho internacional es ceder para llegar a un acuerdo que satisfaga a todos. En materia de derechos humanos es más importante que los países cedan una parte de sus prerrogativas soberanas en favor de un bien más alto.

¿Un Presidente cuya propuesta se desvanece en el plano mediático?

Lo concreto es que el Consejo Permanente de la OEA analizará el asunto. Y luego de las deliberaciones se podría o no llegar a un texto de consenso.

¿Fracasó la aparente estrategia de que la presencia de Correa fuese determinante para viabilizar su propuesta?

No creo que el Presidente haya pensado que, por ir él, se aceptarían las reformas. Fue a respaldar la posición que se había expresado en el organismo. Dio un apoyo político de más alto nivel…

¿No fue una presión amenazar con sacar a Ecuador del sistema si no se da paso a una refundación de la OEA?

El Gobierno puede decir lo que desee, no por eso su postura va a ser aceptada por el resto de Estados. No necesariamente va a influir en la postura que ya ha armado el resto de naciones.

¿No le resta seriedad a la postura del Ecuador intervenciones marcadas por ataques y amenazas veladas?

Todos estos gestos protagónicos pueden ser pensados para influir en el resto. Pero eso no quiere decir que el resto va a unirse porque, simplemente, el Presidente ha expresado de forma enérgica su planteamiento. En la arena internacional interactúan factores contradictorios y los resultados generalmente son una transacción producto de una conciliación de las distintas aspiraciones.

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