1 de December de 2012 00:02

El estigma persigue a pacientes con VIH

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La Clínica del Sida del Hospital Enrique Garcés, como la conocen sus pacientes, lleva un letrero que dice Unidad de Infectología. Está fuera del edificio principal, después de atravesar los parqueaderos. Las personas que van hasta allí no llegan por casualidad. Todas son seropositivas.

Más de una vez ocurre que vecinos del mismo barrio o de la misma ciudad de provincia se encuentran en la sala de espera y hacen un pacto de silencio. “Esto es entre tú y yo”, le dijo un joven de Manabí a un amigo de su barrio. “Si guardas silencio, yo también lo hago”, le respondió el otro.

Esta clínica es una de las 28 unidades de atención de VIH que tiene el Ministerio de Salud. Están en los hospitales públicos y atienden a 9 000 personas que ya necesitan tratamiento. Pero además hay otras 10 000 que han adquirido la infección entre 1984 y el 2011, pero todavía no necesitan atención. Así lo explica Rodrigo Tobar, responsable de la Estrategia Nacional del VIH-Sida.

El joven manabita, de 37 años, que se encontró con un amigo en Quito, cuenta que el tabú se mantiene incluso dentro de la misma familia. Él tuvo un primo y un medio hermano que murieron con sida y su familia lo mantuvo en silencio hasta el final. “Las mamás de ellos andaban de médico en médico y de curandero en curandero… Cuando murió uno de ellos escuché a un familiar que decía que había que sacarle rápido del hospital porque a los pacientes con sida los queman”.

La infección no para en el país Según datos del Ministerio de Salud, solo en el 2011 hubo 3 438 casos notificados de VIH y más de 1 500 personas que cayeron en etapa de sida y sus defensas bajaron tanto que fueron víctimas de enfermedades oportunistas.

Las estrategias de prevención han estado enfocadas en los grupos de riesgo (homosexuales, trabajadoras sexuales y personas privadas de la libertad), pero en las unidades de atención cada vez con más frecuencia aparecen mujeres casadas, cuyos esposos les han transmitido el virus. Este es el caso de una quiteña de 47 años, quien recibió el diagnóstico hace seis y tuvo que apoyar a su cónyuge que cayó en etapa de sida . “No me quedó tiempo ni para llorar ni para deprimirme, me tocó buscar ayuda”, cuenta esta mujer que asumió el liderazgo de la casa, siguió trabajando y buscó la atención médica para ella y su esposo.

Esta esposa y madre ha vivido la discriminación más cruda porque más de una vez le han hecho saber que “es una mujer mala”.

Efraín Soria, de la Fundación Equidad, habla de este estigma que tienen los seropositivos: “La mayoría cree que han hecho algo estúpido y no es así”.

La nueva campaña de Salud lleva el eslogan ‘Vamos al cero’. Los responsables explican que quieren llegar a cero nuevas infecciones, cero muertes por sida y cero discriminación para el 2015. La inversión parece ser coherente porque pasó de USD 3 millones a 24 millones entre el 2005 y el 2010, según el responsable de la Estrategia Nacional de VIH-Sida.

Pero de vez en cuando saltan las alarmas por desabastecimiento de medicina y otros insumos para pelear contra la infección.

“En los dos últimos meses, ha habido complicaciones en lo que es conteo de CD4 (defensas) y carga viral (estado de la infección)”, informa el director de la Clínica del Sida del Hospital del Sur y añade que ocurre lo mismo con los antirretrovirales y que su solución es dar dosis para una semana o 10 días.

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