16 de September de 2012 00:03

Nos escupen en la cara

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La presencia de Rafael Correa en el homenaje para su primo segundo y presidente del Banco Central, Pedro Delgado, tiene un significado evidente: que quede claro que yo lo respaldo con todo el poder que he acumulado y que a nadie se le ocurra iniciar una investigación por las acusaciones que hay en su contra. Para ejemplo, un botón: ahí va un juicio a EL COMERCIO por haber investigado su gestión.

Esto no tiene nada de extraño en un país donde la separación de poderes es un concepto superado y la rendición de cuentas se ha convertido en un ejercicio unidireccional, donde lo que la autoridad diga es santa verdad.

Pero que el presidente del Consejo Nacional Electoral, Domingo Paredes, haya asistido al homenaje es incomprensible. Que haya estado el presidente de la Asamblea Nacional, Fernando Cordero, puede pasar como una anécdota más de una república bananera que se respete (al fin y al cabo pertenece al partido de Gobierno), pero que la persona encargada del proceso electoral venidero no tenga siquiera el recato de guardar cierta imagen de independencia es insultante y un acto de abierto desafío y soberbia.

Insultante y soberbio porque Paredes y el CNE han hipotecado, con el escándalo de las supuestas firmas falsas, la fe que los ecuatorianos deberían tener en la idoneidad del proceso electoral venidero.

“Siento que nos escupen en la cara”, decía una tuitera indignada, el jueves en la noche, mientras en el Hotel Quito se lisonjeaba a Delgado.

La verdad es que sí, que nos escupen en la cara.

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