16 de May de 2010 00:00

Enarsa recibió jugosos intereses

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Red. Negocios y Santiago Estrella, corresponsal en B. Aires.

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Un matrimonio fracasado entre dos compañías estatales dio a luz a dos procesos de investigación en Ecuador y en Argentina.

En febrero del 2008 se unieron Enarsa y Termopichincha para desarrollar el proyecto hidroeléctrico Coca-Codo Sinclair, apadrinado por los presidentes de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, y de Ecuador, Rafael Correa. Así se creó la firma mixta CocaSinclair. Pero esta alianza estratégica “Sur- Sur” no pudo pasar la prueba de la crisis económica mundial y terminó disolviéndose a finales de agosto del 2009.

Hasta ahí, la separación por mutuo acuerdo dejaba como único sinsabor un nuevo retraso en la construcción del proyecto de generación hidroeléctrica de mayor envergadura del país.La polémica, sin embargo, surgió al determinarse el valor del 30% del paquete accionario de la compañía CocaSinclair, en manos de la empresa argentina.

En una reunión reservada, el 17 de septiembre del 2009, en el Ministerio Coordinador de los Sectores Estratégicos, en el norte de Quito, la Corporación Eléctrica del Ecuador (Celec), propietaria de Termopichincha, compró las acciones de Enarsa por USD 5,5 millones.

En el interior negociaron sigilosamente los ex ministros de Petróleos, Germánico Pinto, y de Sectores Estratégicos, Galo Borja, junto con el presidente de Enarsa, Exequiel Espinosa y José María Olazagasti, secretario del ministro de Planificación de Argentina, Julio de Vido, entre otros funcionarios.

El hecho recibió múltiples críticas en Ecuador y Argentina, ya que luego de dos años y medio de gobierno de Correa el proyecto no arrancaba y daba la razón a quienes advirtieron que la estatal argentina no ofrecía garantías técnicas ni económicas.

Luego de cuatro meses de disuelta la sociedad, la venta de acciones a Enarsa no solo generó críticas en Argentina, sino también una denuncia interpuesta ante la Fiscalía de Investigaciones Administrativas y el Ministerio de Planificación de ese país.

El auspiciante del proceso, Alfredo Daniel Casal, ex funcionario de Enarsa, figuró como representante de la compañía en el directorio de CocaSinclair. Casal acusa a los funcionarios de Enarsa de vender a un precio irrisorio el 30% de las acciones en la empresa binacional, según una nota del diario La Nación de Argentina del 3 de mayo pasado.

El argumento es que el proyecto generaría una rentabilidad anual de más de USD 400 millones luego de terminado, por lo que las acciones de la firma debían tener un precio mayor. En respuesta, el Ministerio de Planificación argentino indicó que no podía haberse “malvendido” las acciones de un proyecto que ni siquiera ha comenzado a construirse.

Según La Nación, el proceso legal no ha tenido mayor trascendencia, a diferencia de lo que ocurre en Ecuador. Desde abril, la Contraloría realiza un examen especial a la contratación y obras preliminares del proyecto y, por ende, la participación de Enarsa.

Ello lo corroboró el ex gerente de CocaSinclair, Ítalo Centenaro, quien además firmó el memorando nro. GG-09-067 del 16 de septiembre del 2009, donde se detalla el pago de las acciones a Enarsa.

Este Diario tuvo acceso a ese documento donde, además de reconocerse USD 4,1 millones de las inversiones de Enarsa, se le pagó el 12% de interés anual por los aportes que realizó (ver infografía de los pagos).

Para el ex asambleísta, León Roldós, el interés es “altísimo considerando que las tasas internacionales en ese momento estaban por debajo del 4% anual. La alianza fue un matrimonio de interés político que en un inicio buscaba que la empresa argentina se llevara el contrato del Coca-Codo Sinclair sin licitación”.

El consultor en Energía, Ricardo Buitrón, dijo que no se ha hecho pública la justificación técnica que aclare cómo se calculó los USD 5,5 millones a favor de Enarsa y atribuye el fracaso de la alianza a la poca fortaleza empresarial, técnica y económica de la argentina.

Para el catedrático en Ingeniería Eléctrica de la Escuela Politécnica Nacional, Jesús Játiva, la incertidumbre de la ejecución del proyecto, el sobredimensionamiento de su capacidad, la falta de estudios actualizados y “la oscura negociación con Sinohydro”, (empresa china que quiere construir la central) influyeron para que Enarsa no participe.

Este Diario buscó por cuatro días la versión del ex ministro de Sectores Estratégicos, Galo Borja, del actual titular de esa Cartera de Estado, Jorge Glass, y del ex ministro de Electricidad, Esteban Albornoz, sin tener respuestas.

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