19 de May de 2011 00:29

‘Ecuador, el país en el que no se puede criticar al Presidente’

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Lo anterior no sería tan llamativo en América -un continente acostumbrado a la tensión entre el Gobierno y la prensa, sobre todo en Venezuela, la Argentina y Bolivia- si no fuera porque la versión ecuatoriana supone sanciones concretas, durísimas e inmediatas contra los que cuestionan públicamente al Mandatario y a sus ministros, ya sea juicios millonarios, agresiones, difamaciones y, en varios casos, hasta la prisión. En otras palabras, no se puede criticar públicamente al Presidente, sin esperar represalias .

Tal es así que no habría estado tan equivocada la encuesta en boca de urna que le daba a Correa un triunfo por 20 puntos en el referéndum, que finalmente estuvo muy lejos de concretarse.

Según varias interpretaciones, lo que ocurrió es que muchos dijeron que habían votado por el Gobierno, por temor a expresar que en realidad fue en contra.

“En Ecuador se deteriora la libertad de expresión en América. Tenemos una política de Estado sistemática para castigar las críticas y la posibilidad de expresar alguna opinión negativa sobre un funcionario”, dijo César Ricaurte, director de Fundamedios.

Esto lo sabe el diario El Universo, al que Correa demandó por 80 millones por supuestas injurias. También los periodistas Christian Zurita y Juan Carlos Calderón, demandados por 10 millones después que revelaron en un libro los contratos de su hermano Fabricio con el Estado.

Lo conoce, además, la ex embajadora de EE.UU. Heather Hodges , expulsada del país hace unos días por haber afirmado, según un cable de Wikileaks, que Correa nombró a un jefe de Policía a sabiendas de que era corrupto.

También el político César Montúfar, agredido por presentarse "para debatir" con el Mandatario en un acto oficialista. E incluso el atleta olímpico, y único medallista de oro del país, Jefferson Pérez, a quien se acusó falsamente de tener un empleado en negro, después de que recomendara la abstención en la consulta.

Otro damnificado fue el coronel César Carrión, encarcelado y acusado de intento de magnicidio, tras declarar que el Presidente no estuvo secuestrado en el hospital policial en el que se lo atendió con principio de asfixia, durante el intento de golpe.

También lo sufrieron los indígenas que quisieron entregar un petitorio a Evo Morales en una cumbre de la Alba: fueron encausados por sabotaje y terrorismo, luego de que la Policía les impidiera el paso a la reunión. Y, entre otros, Luis Corral, Marco Sovenís e Irma Parra, ciudadanos, agredidos por allegados al Presidente, o incluso detenidos, tras increpar a Correa públicamente.

Hasta el momento, Fundamedios ha contabilizado 352 agresiones a periodistas en los cuatro años de gobierno de Correa.

Pero la amenaza (si cabe) con complicarse aún más, con la consulta. “El Presidente gana un plebiscito para poner a los jueces. Entonces, tenemos que pensar que la cuestión se nos va a complicar y no vamos a tener la garantía de un juicio independiente”, dijo el periodista Calderón, para quien la intención de Correa es “liquidarlo” civilmente.

La obsesión del Presidente con lo que es verdadero -algo que, según se desprende de sus afirmaciones-, siempre sería incontrastable y lo ha llevado a ofrecerse a ser sometido a un detector de mentiras para confirmar, en el juicio a Carrión (quien fue liberado), fue un intento de golpe de Estado, hace tiempo aceptada por Unasur y la OEA.

¿Por qué es tan susceptible? ¿No tiene acaso el Gobierno 18 medios, alimentados por una maquinaria publicitaria en la que se invierten cientos de millones de dólares? Ocurre que, a diferencia de sus aliados, el presidente Hugo Chávez y Morales, "Correa es un recién llegado a la izquierda. Entonces gran parte de su legitimidad se basa en su credibilidad. Si la pierde, pierde su capital político”, dijo Ricaurte.

Esto explicaría por qué intenta alimentarse constantemente de la controversia para imponer sus posturas, pese a que, a la luz de la consulta, cada vez más ecuatorianos quieren ponerle un freno.

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