6 de December de 2011 00:02

Ecuador, al margen de la condena mundial a Siria por los DD.HH.

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El Gobierno ecuatoriano se convirtió en uno de los cuatro países que no se sumó a la exigencia mundial de que Siria rinda cuentas por la supuesta represión de su Gobierno a las protestas civiles. Para las Naciones Unidas, la Unión Europea, EE.UU., y la Liga Árabe, la crisis política en ese país de Oriente Medio ha desencadenado en sangrientas jornadas que, desde marzo pasado, han cobrado la vida de 4000 personas.

El debate por la defensa de los derechos humanos pone nuevamente al Ecuador en una situación compleja de cara al mundo. El pasado viernes, el presidente Rafael Correa asistió, en Caracas (Venezuela), a la primera cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y el Caribe (Celac). Allí, pronunció un duro discurso cuestionando el papel del Sistema Interamericano de Derechos Humanos, sugiriendo al resto de mandatarios y primeros ministros de la región que la Celac se convierta en el nuevo espacio para vigilar las democracias en el continente, por fuera de la OEA.

Ese mismo día, pero a miles de kilómetros de distancia, el Gobierno ecuatoriano, junto con China, Rusia y Cuba, votaba en contra de la exigencia a Siria.

La votación se produjo en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ginebra (Suiza). Esta instancia mundial está integrada por 47 países: 37 votaron a favor del pedido de la alta comisionada, Navi Pillay, para que Siria diera cuentas de las violaciones cometidas contra los manifestantes. La moción de condena fue rechazada por cuatro países, entre ellos Ecuador. Otras seis naciones se abstuvieron.

La posición ecuatoriana quedó plasmada, cuando el embajador ante la sede de Ginebra, Luis Gallegos, explicó los motivos de su voto en contra. En su disertación no negó que es preciso exhortar a al Gobierno de Siria y a los demás actores involucrados en esta crisis a buscar fórmulas para retomar los diálogos y encontrar una solución pacífica, salvaguardando los derechos humanos de la población, conforme lo dispone la Carta de las Naciones Unidas.

Sin embargo, el Gobierno de Quito argumentó que el proyecto de resolución en debate “abriría la puerta a una resolución del Consejo de Seguridad con el riesgo de que se produzca una intervención extranjera en Siria”. En el marco de esta posición, Ecuador señaló que la impunidad sobre las violaciones a los derechos humanos no debe permitirse nunca, incluso tras las “intervenciones militares en Afganistán, Iraq, Libia o cualquier otro país”.

Los votos de Ecuador y Cuba, ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, corresponden también a la posición geopolítica que los llamados países de la Alba, liderados por Venezuela, han definido frente las revueltas políticas ocasionadas en los países de la primavera árabe. En octubre, delegados de la Alba visitaron Siria para observar de cerca la crisis, pues como lo expresó Ecuador al dar su voto en Ginebra, “es condenable el uso de información sesgada en los medios de comunicación internacional”. En esa delegación estuvo el subsecretario ecuatoriano, Pablo Villagómez. En esa visita, la Alba se solidarizó con la situación de Siria.

Tras lo sucedido el viernes, el ex canciller José Ayala Lasso, conocedor de temas de DD.HH., dijo que el voto de Ecuador en Ginebra “no corresponde al espíritu de nuestro pueblo, porque se está traicionando toda nuestra posición de defensa y de protección de los derechos humanos en el mundo”. Según Ayala, la posición de Ecuador no tiene una explicación que no sea exclusivamente política. “La ONU, EE.UU., la Liga Árabe, los europeos... dicen que lo que sucede en Siria es insostenible y nosotros votamos en contra”. A su juicio, si lo que Ecuador teme es una supuesta intervención extranjera, hay muchos espacios y momentos para alertarlo, “pero no por ello vamos dejar de condenar algo que por tradición lo ha hecho Ecuador”.

El subsecretario para Asia y África, Rafael Quintero, insiste en que el voto a favor de Siria no pone en duda la vocación ecuatoriana de defensa de los DD.HH. Pero señala que se debe cuestionar la “politización” que se ha hecho de este tema, por parte de algunos organismos de Naciones Unidas, pues no quieren que en Siria hayan bombardeos como en Libia.

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Nueve  meses en crisis

Bashar Al Assad,de 46 años,  es el actual presidente de Siria  y pertenece a una familia que ha estado en el poder durante 41 años. Las protestas civiles  que  se iniciaron en marzo son  para pedir una renovación política profunda y democrática.   

Tras la condena del viernes,  que tuvo el rechazo de Rusia, Cuba, China y Ecuador;  la secretaria de Estado, de EE.UU., Hillary Clinton, dijo que el Régimen de Assad está más aislado que nunca.   

Luego de las recientes  advertencias de la Liga Árabe,   el Gobierno sirio no descarta aceptar la llegada de observadores internacionales para palpar la situación interna.  
Sin  embargo,  y como una medida para evitar el flujo de información no controlada por el Gobierno, Siria prohibió el uso de teléfonos inteligentes.

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