4 de April de 2011 00:00

Durante los seis meses en prisión, la familia de Araujo fue su pilar

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‘Lo primero que haré cuando salga de este lugar es reencontrarme con mi familia”, confesó el mayor retirado del Ejército, Fidel Araujo, quien luego de casi seis meses en prisión fue declarado inocente de una supuesta incitación a los policías el 30 de septiembre pasado.

Araujo todavía permanece en el Centro de Detención Provisional (CDP), ubicado al sur de Quito, a la espera de que se emita su boleta de excarcelación.Ayer fue el día de visitas en ese sitio y como todos los fines de semana su familia llegó para verlo.

A las 10:30 arribó Martha López, madre de Araujo, quien traía dos maletas. La una con ropa limpia y otra con víveres. “De un momento a otro mi vida cambió”, reconoce. Luego de que su hijo “fue encarcelado injustamente” tuvo que cambiar su rutina. A partir de ese momento todos los fines de semana visita el CDP y le proporciona a Fidel todo aquello que necesita para estar tranquilo: comida, ropa limpia, elementos de aseo, cobijas...

Este cambio de rutina no fue fácil. En la entrada del centro hay un fuerte resguardo policial. No se permite ingresar con celulares, llaveros, correas y el chequeo es pormenorizado. Ese fue precisamente uno de los momentos más “traumáticos” que tuvo que pasar la ex esposa de Fidel Araujo, Soraya Ponce, quien nunca en su vida había pisado una cárcel.

A las 11:15 llegó hasta el sitio junto con Dominique, su hija. Recuerda que la primera vez que visitó a Fidel se llevó una gran sorpresa. “Tuve que soportar el manoseo, hay un abandono al sistema carcelario”. Recordó que hizo fila durante dos horas, bajo el sol, para poder entrar.

Asimismo, para su hija Dominique, el visitar una cárcel fue algo nuevo, pero lo hizo durante todos los fines de semana para estar junto a su padre. Reconoce que al principio deseaba llorar al ver las condiciones en las que se encontraba Araujo, pero no lo hizo porque “debía ser fuerte ante él para darle ánimo”.

Para ingresar hasta el lugar donde permanece Araujo hay dos filtros de seguridad. Luego de pasarlos, aparece un pasillo de tres metros de ancho con el piso de cemento, techo cubierto de una malla metálica y a un costado se encuentran las habitaciones.

Araujo permanecía dentro de su cuarto, que es cuatro metros por cuatro, con tres literas de tres cuerpos, una cocina y un baño.

Araujo asegura que su formación militar le sirvió para adaptarse al cambio. Se levantaba todos los días a las 06:30, limpiaba la habitación y junto con sus ocho compañeros de celda conversaba y analizaba la situación del país.

También aprovechó este tiempo para dedicarse a la lectura. Su texto preferido, al que considera su amigo, es ‘Lección de libertad’, de Juan Montalvo. “Este mismo libro leía mi padre, Miguel Araujo, quien también fue político”, dice.

Junto con su madre, ex esposa e hija, Araujo ratifica su condición de preso político y de conciencia del Régimen. “Fue una lucha entre David y Goliat” y al final la verdad es la que prevaleció.

Asegura que no tiene rencores contra Rafael Correa y que la conciencia es la que no le permitirá al Primer Mandatario estar tranquilo; “culpó a un hombre inocente”, ratifica.

Dominique recuerda que cuando vio en la televisión que su padre estaba siendo acusado lo primero que hizo fue preguntarle si eso era verdadero. “Él me confesó que era inocente y por eso luché junto a él”.

Durante la audiencia de juzgamiento, Soraya acepta que estaban preparados para lo peor y que cuando escucharon que la corte declaró inocente a Araujo no lo podían creer. “Ha sido un proceso tan corrompido y lleno de vicios, que estábamos preparados para acudir ante las instancias internacionales, para exigir su libertad. Nunca hubo pruebas en su contra e incluso así estuvo preso seis meses”. Ella dice que sintieron el peso del poder sobre sus hombros.

No obstante, Araujo sacó una importante lección de todo esto: valorar más a su familia y a los pocos amigos que estuvieron siempre junto a él. “La verdadera angustia fue para ellos”, recalca.

La familia no descarta enjuiciar al Estado por el daño causado. Y aunque “el infierno terminó”, para Soraya y Martha ningún dinero podrá devolverles el tiempo perdido ni la angustia vivida”.

La conclusión a la que llega la madre de Araujo es simple. “Necesitaban un culpable para justificar un golpe de Estado”.

La hora de la visita termina a las 13:00, Araujo pone la ropa sucia en una maleta. “Todo terminó”.

Puntos de vista

Enrique Herrería / Asambleísta

‘La patraña de Correa se cayó’

Con la inocencia de Fidel Araujo se demuestra que el intento de golpe de Estado y de supuesto magnicidio solo fue una patraña perversamente montada por el Presidente, que se cayó.

En este caso, la Fiscalía no pudo demostrar que Araujo cometió ningún delito. Ahora, él decidirá si inicia acciones legales y contra quién las pone, porque le quitaron seis meses de su vida, le causaron un daño moral y psicológico muy grande. Esto no significa que no haya injerencia en la justicia de Rafael Correa. Porque si no la hubiese, ni Araujo ni (César) Carrión habrían estado presos.

Jorge Alvear / Constitucionalista

‘El Estado es el responsable’

El Estado es responsable de las acciones de los funcionarios públicos, en este caso de los jueces, que violenten los derechos civiles. Araujo puede demandar al Estado por los seis meses que estuvo detenido. Porque además, el Juez que llevó la causa pudo haber dictado una medida cautelar sustitutiva de la prisión preventiva y no lo hizo, a pesar de que la Constitución establece esta posibilidad. No se justificaba la prisión preventiva, porque no representaba, como se ha demostrado, un peligro para la sociedad. Además, la demanda puede contemplar la afectación psicológica que sufrió, porque es una persona inocente.

‘Nada en el mundo recompensará el dolor que causaron en la familia ’

Dominique Araujo. Hija de Fidel Araujo

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