31 de July de 2011 00:03

‘El cambio social no justifica los límites a las libertades’

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Diego Oquendo dice que detrás de las demandas a periodistas hay un mensaje de amedrentamiento. Confiesa que votó por Correa y hoy está desencantado.

¿Invitó a su programa al abogado Alembert Vera, que evalúa un juicio contra Ud.?

Por coincidencia, cuando tuve la primera noticia de que Alembert Vera intentaba iniciar un juicio en mi contra, insinué el interés de conversar con él, para conocer quién es este joven abogado que viene descollando, por obra y gracia del juicio contra El Universo.

¿Mantiene ese interés?

Incluso de conversar con su padre, Gutemberg.

¿Para hablar de su columna ‘Fregando la pita’, que molestó a Alembert?

Me interesaría saber qué piensa de su tarea abogadil.

Es decir, de temas que Ud. cuestiona en su columna...

Exactamente. Cuando conozco el juicio a El Universo me sorprende la preocupación del abogado por la aplicación de la sanción económica. Ese es el contenido del artículo: mi disconformidad con esta visión crematística de la abogacía, frente al idealismo de la justicia que defiendo.

¿No lo hizo con exageradas sorna e ironía?

No me voy a hacer el santo. A cada artículo pongo unas cucharaditas de ají, porque ese es mi estilo desde hace 40 años.

Vera dice que hay difamación, que está“fuera de foco”.

Con la mayor cordialidad le diría que él está fuera de foco.

¿Por qué?

Porque no hay agravios, ni calumnias ni acusaciones injustas; solo es mi punto de vista. Imagino que a los señores Vera les molesta que haya escrito que, si finalmente ganan el juicio a El Universo, cobrarían honorarios que les permitirían vivir tranquilos y felices el resto de sus vidas.

¿Esa afirmación no daña su reputación?

En absoluto. Creo que hay un exceso de susceptibilidad y quizás algún deseo de protagonismo.

Entonces, ¿cómo toma el pedido de Vera, con la Fiscalía, para verificar que usted es el autor de ese artículo?

Como un afán de amedrentar, como diciendo ‘si sigue molestando, esto le espera’.

¿Con el antecedente de la condena a El Universo como telón de fondo?

Claro. Es como para preocuparse que manden mis huesos a la cárcel y tenga que, por ejemplo, desembolsar un millón de dólares, que no tengo. Entonces, eso causa inquietud, pero jamás causará temor.

¿Visualiza cierta influencia política, cuando el vocero de Carondelet, Fernando Alvarado, dice que el pedido a la Fiscalía es para estar seguro que Ud. escribió eso y que “capaz Diego Oquendo dice que sí lo escribió y rectifica”?

Interpreto la declaración como una manifestación de buena voluntad hacia las circunstancias.

¿No es Ud. muy ingenuo?

Él (Alvarado) menciona la rectificación y yo me pregunto con sinceridad: ¿qué rectificación cabe? Si se lee el artículo de ‘pe a pa’, no hay nada que rectificar. Aspiro a que el asunto no pase a mayores.

¿Y si pasa a mayores?

Tendré que defenderme. He recibido la oferta de muy buenos estudios jurídicos para hacerlo con absoluto desinterés. Quién sabe si el tema no tome el rumbo que piensan los señores Vera y les sale la bigotera al revés. Si hay un solo juez independiente, que se someta a los méritos del proceso, desestimará la causa. En este país quedan muchos jueces probos.

¿No le inquieta que esos jueces probos estén bajo la voluntad de la Judicatura liderada por el Gobierno?

No quiero caer en un escenario malicioso, pero a lo mejor todo eso sea tomado en cuenta. Es posible que (los abogados Vera) piensen que acaban de ganar el juicio a El Universo y, por qué no, van a ganar uno a Diego Oquendo.

Si se agrega el caso de El Universo, ¿el intento de amedrentamiento del que Ud. habla en un mensaje al país?

Por extensión se puede imaginar eso. No olvidemos la demanda contra Juan Carlos Calderón y Christian Zurita, autores del libro ‘El Gran Hermano’. Si queremos ir un poco más allá, podemos ver la situación de Carlos Vera y Jorge Ortiz, quienes si bien no están enjuiciados, sí están fuera del escenario mediático. Puede ser un mensaje por altavoz: “si nos atrevemos con Diego Oquendo, esto puede suceder (con todos)”.

¿Recuerda un escenario tan difícil para la prensa?

Mi vida profesional ha sido dura: me desterraron dos ocasiones, me dieron una paliza en 1970, fui objeto de un intento de asesinato y de cuatro bombas. He vivido lo mío, pero nunca había visto esta presión directa y constante.

¿Ha sido objeto directo de presión de este Gobierno?

No. Pero no se trata solo del caso de Diego Oquendo, sino de la situación de otros colegas.

¿Desde el Gobierno hay una presión sistemática a todos los actores de la prensa?

Cuando el presidente Correa se posesiona, en su primer discurso, ya señala a la prensa como su adversario. Desde entonces no ha dejado de ejercer esta especie de presión a los medios independientes, al punto de crear un clima hostil perceptible para todos.

¿Cómo afecta este clima de hostilidad a la democracia?

No puede interpretarse la vigencia de un clima democrático sin una amplia libertad de expresión. Parte fundamental de la democracia es que la gente, no solo los periodistas, pueda expresarse con total libertad, sin temor alguno. No se puede decir que este es un país democrático si la prensa, los medios y la ciudadanía tienen miedo de expresarse.

¿Qué resultado ha tenido esta presión del Gobierno?

A la larga, esa campaña ha obtenido algunos efectos. Diría que hay un cierto cambio en el pensamiento de la opinión pública. Cuando estaba en la TV sentía el afecto inmediato de la gente, pero hoy también hay gente que nos señala con el dedo.

¿La gente dimensiona que esa presión también pone en riesgo sus libertades?

Eso me preocupa. Hay un segmento de la gente que no se percata que cuando la prensa deja de decir su convicción, también sufre el resto de la población. Menos mal parece despertarse la conciencia de los ecuatorianos. El jueves 28 ya hubo en Quito una manifestación de personas reclamando libertad, como días atrás en Guayaquil. Ese es un principio saludable para que el Gobierno comprenda que debe proceder siempre de forma democrática.

Correa minimiza esas protestas, pues argumenta que él tiene el apoyo en las urnas

No es lógico que el periodista deba justificar su presencia cotidiana ganando elecciones: esa no es la tarea de la prensa.

¿El Gobierno falla al minimizar esas manifestaciones?

Por desgracia, el Presidente y sus colaboradores están demasiado convencidos de su poder. Quizá esa obsesión les impide ver lo que está sucediendo en la sociedad. No voy a negar que -con semejante cantidad de dinero y sin fiscalización- el Gobierno ha hecho cosas interesantes en temas como vialidad. Pero más allá de eso hay inquietud popular.

¿Inquietud no palpable?

Por varias razones. Por ejemplo, una parte de la juventud quiteña, antes ‘forajida’, está instalada en el aparato burocrático. Por otro lado, hay una especie de revancha social que celebra los ataques. Y hay un tercer factor: el temor.

¿Es un periodista opositor?

Soy un periodista crítico. Siempre he brindado a los nuevos gobiernos el beneficio de la duda. Nunca voté por Abdalá Bucaram ni por Lucio Gutiérrez. Pero cuando llegaron a Carondelet traté de racionalizar el tema; con el paso de los días me desencanté.

¿Votó por Correa?

En la segunda vuelta, con escrúpulo, voté por Rafael Correa.

¿Por qué con escrúpulo?

No me gustó el cambio ideológico que tuvo su discurso desde la primera hasta la segunda vuelta. Pero frente a ‘Alvarito’, pensé que Correa era un hombre joven e inteligente y voté por él. Sin embargo, con el paso del tiempo me he ido desencantando.

¿Desencanto total?

Estoy desencantado, porque no veo propósito de enmienda. En el fondo de él sí subyace la idea de cambiar al país, pero no puedo estar de acuerdo sobre la base de su temperamento, su sentido autoritario y su única verdad. A título de las transformaciones sociales no puedo aceptar que nos limiten las libertades, nos adjetiven, nos traten mal y nos atemoricen.

¿Qué hace falta para que la sociedad despierte del adormecimiento frente a las amenazas a las libertades?

Así como hay gente que reconoce los méritos del Presidente, hay gente que manifiesta su inconformidad, solo que lo hace en voz baja porque hay temor.

¿Temor por qué? El Presidente dice que garantizará la libertad de expresión con la Ley de Comunicación.

Gracias a su habilidad, el Presidente tiene respuesta para todos los problemas. Habría deseado que esa ley se apruebe bajo estructuras democráticas, pero la prensa seria sabrá afrontarla.

¿Incluso cuando se busca que todas las opiniones, incluidas las de foro en medios electrónicos, sean responsables en el campo penal?

Son extremos inaceptables. Ahí está la mala fe de quienes han concebido la ley. Además, es gente que no tiene derecho de hablar de esto, porque en su momento, cuando operaban otros gobiernos, su pensamiento era diferente. Allí defendían las libertades.

¿Se refiere al poeta y actual ministro, Javier Ponce?

Es penoso referirme a Javier, porque lo conozco hace muchos años y aprecio su talento. De lo que recuerdo siempre fue crítico de los gobiernos autoritarios. De pronto lo veo en un papel que se aparta de lo, que para mí, ha sido su identidad auténtica.

HOJA DE VIDA

Diego Oquendo Silva

Su vida. Quiteño de 73 años. Tiene un título superior en Jurisprudencia, pero por más de 40 años se ha dedicado al periodismo.

Su experiencia. Trabajó en los diarios El Tiempo y Expreso. Fue presentador y comentarista de canales como Teleamazonas.

Su punto de vista. Sostiene que desde el Gobierno hay una presión sistemática contra la prensa, creando una clima de hostilidad.

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