8 de March de 2012 00:01

Los amores que matan y no se borran

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“Era el hombre de mi vida”.  Esta frase repite una y otra vez María, mientras cuenta los días sombríos que vivió a lado de ese amor... “Él  era todo para mí”. Este sentir  hacía que pasara  por alto insultos y golpes. En  tres años de novios  y dos de convivencia  no  se le cruzó por su mente denunciarlo.                                                                                

“Estaba enamorada y tenía miedo”. Escuchar esto se ha vuelto  común en las comisarías, adonde luego de años de maltrato, las mujeres, principalmente,  entre los 18 y 30 años (5  626 casos en el  2011) , se animan a hablar. Al  menos ocho años es el tiempo promedio que soporta una víctima de maltrato antes de denunciar. En Quito, en el 2009,  se  registraron 14 810 denuncias y dos años más tarde, en  2011, la cifra subió a 15  018. La declaración de amor de María termina siendo un ruego  desesperado de ayuda. La relación de María es  similar a la de muchas parejas, pero si se ve en retrospectiva hay alertas que no se toman en cuenta y a la larga no se borran.

“Tonta, mejor cállate  porque no sabes  nada,  qué milagro que hagas  las cosas”.  Estos desprecios se exacerban con los problemas de ira, celos, infidelidad, consumo de drogas, alcohol y se confunden con el amor y el miedo que viven las víctimas de violencia. La confusión de sentimientos termina llevándolas a crear una rara dependencia a su agresor, que  los expertos llaman   síndrome de dependencia afectiva. Esto llevó  a  María a perdonar  y a negar los ataques. Y aunque no son conscientes, en muchos casos, su actitud se torna  pasiva y su autoestima decae con el  tiempo.

A  más de la sumisión  llega la culpa.“Cuando me golpeaba y me pedía perdón  pensaba que todo  era por mi culpa”, dice  María, y cuando volvía a pasar se esforzaba por evitar los gritos.

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