22 de December de 2012 00:03

A él no le importó dañar la credibilidad del Presidente

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Pedro Delgado echó por la borda la credibilidad de su primo, Rafael Correa Delgado, quien puso en juego gran parte de su capital político en protegerlo del huracán de denuncias en su contra, desde que era su asesor.

Lo hizo al intentar ocultar que había falsificado su título académico de economista, pese a que ya existían indicios contundentes de que él había adulterado documentos académicos en el pasado.

A Delgado no le preocupó que el Presidente de la República usara pasajes de su enlace sabatino del 24 de noviembre para defenderlo, frente a la denuncia del legislador Enrique Herrería, quien descubrió que su título era una farsa.

Aunque Delgado sabía que hace 22 años había falsificado su diploma universitario para ingresar al Instituto Centroamericano de Administración de Empresas (Incae), ni se inmutó cuando su primo insultaba a quienes ponían en tela de duda su calidad ética.

Tampoco, cuando en la cadena estadounidense CNN aseguró -dos veces- que sí era economista y que la denuncia era parte de una supuesta conspiración.

Incluso llegó a decir que su número de carné profesional era el 28 44 y que era capaz de enviar los documentos del caso al periodista Fernando Del Rincón, para demostrar que era un profesional.

Solo cuando su mentira era insostenible, el ahora ex funcionario admitió que había faltado a la verdad y que en los 6 años de Gobierno se había presentado como economista, cuando no lo era.

Acosado por las circunstancias y preso de su propia mentira, Delgado renunció a todos los cargos que le había asignado su primo: titular del Banco Central y administrador de más de 220 bienes incautados a la familia Isaías y a otras ex accionistas de la banca cerrada.

El propio Correa tuvo que reconocer que la actuación de su primo en segundo grado golpeó con dureza su proyecto político.

Y aunque el Presidente y los altos cuadros de Alianza País intentan minimizar el caso, la oposición ya se abanderó del tema e insistió en señalar que el Gobierno lo protegió a sabiendas de que mentía.

La asambleísta Betty Amores (ex Alianza País) señaló que el Régimen no puede desentenderse del tema. Y cuestionó al Mandatario, por haber defendido a su primo, quien durante estas semanas nunca fue capaz de exhibir su título.

Pero la onda expansiva de este escándalo ético que le explotó en las manos al Ejecutivo no acaba con la renuncia del implicado y los lamentos de Alianza País.

Las críticas al oficialismo arrecian, ya que solo 12 horas después de que Delgado dimitiera, tomó un vuelo a Estados Unidos, sin que nadie pudiera evitar por el presunto delito contra la fe pública, penado hasta con 9 años de reclusión.

Y aunque el Mandatario dice que su primo regresará a dar la cara ante la Justicia, Herrería responsabiliza al Gobierno y al fiscal Galo Chiriboga, de no haber hecho nada para evitar su salida del país, pese a que desde noviembre está planteada la demanda penal. Pero, Chiriboga se defiende en que, supuestamente, no inició la instrucción fiscal por que no se reconoció la demanda.

A este hecho se suma que ya hay un manto de dudas sobre las actuaciones de Delgado al frente de los bienes incautados. No solo porque no hay la certeza de que no haya actuado reñido con la ética en otros episodios, como el polémico préstamo de USD 800 000 al argentino Gastón Duzac.

Blasco Peñaherrera, presidente de la Cámara de Comercio de Quito, dice que urge un análisis jurídico sobre la validez de las documentos y resoluciones suscritas por Delgado en sus anteriores funciones. Una idea que Correa refuta, pues para él la falsificación no afecta la legalidad de las actuaciones de su primo, que en su gestión tampoco dio paso a la venta de los medios incautados por el Estado.

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