10 de September de 2012 00:03

32 distritos crearán un nuevo mapa político

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En los comicios de febrero del 2013, los ecuatorianos formarán parte de un proceso electoral con rasgos especiales. En primer lugar, escogerán a 137 legisladores, es decir, 13 diputados más que en las elecciones del 2009. A esto se suma que los votantes de las tres provincias más pobladas (Guayas, Pichincha y Manabí) estrenarán una nuevo método para elegir a sus representantes legislativos.

Atrás quedarán las grandes papeletas que contenían cientos de rostros de aspirantes al Congreso. En esta ocasión, en esas provincias se crearon nuevas zonas electorales. De este modo, los electores deberán escoger de entre los candidatos que se presentarán en su distrito de residencia.

La división de estas tres provincias fue realizada por el Consejo Nacional Electoral (CNE). Los partidos señalan que se trata de una tarea sensible, ya que en esas jurisdicciones está el 52% de electores del Ecuador.

La principal crítica de sectores de oposición es que esta nueva división fue hecha -supuestamente- con base en intereses políticos más que sobre criterios técnicos.

Por su parte, el organismo electoral ha insistido en que fue un trabajo que respondió a un estudio serio, que fue avalado por las fuerzas políticas del país, en uno de los consejos consultivos.

Esta división supone un nuevo sistema de representación electoral y redefinirá el mapa del Poder Legislativo desde el 2013. Entre otras razones, porque se promoverán las candidaturas de sectores rurales. A continuación, los ex vocales electorales Fausto Camacho y Medardo Oleas, así como los analistas Jorge León y Luis Verdezoto analizan las ventajas y debilidades de la división.

Los Pros

Los cantones rurales tendrán representes propios. La actual composición de la Asamblea revela que la participación de representantes de las zonas rurales o de cantones periféricos es escasa en el caso de Guayas y Pichincha. Con esta propuesta, existen circunscripciones electorales que corresponden a estas zonas, por ahora relegadas, y de las cuales deberán salir legisladores.

Los ciudadanos pedirían cuentas a sus legisladores. Una de las ideas que sustenta la nueva división electoral es que los ciudadanos puedan exigir una rendición de cuentas más directa a los diputados de su circunscripción. Esto debido a que de los ciudadanos escogerán solamente a los asambleístas de su área, no a todos los de la provincia.

El fin de las ‘sábanas electorales’. En anteriores elecciones los habitantes de Guayas
y Pichincha recibían una ‘sábana electoral’ que contenía los rostros de los aspirantes a la Asamblea. En muchas ocasiones figuraban personajes desconocidos o de difícil identificación. En estas elecciones cada distrito elegirá a un máximo de cinco asambleístas.

Habrá campañas políticas concentradas. Los ciudadanos que aspiren a una curul ya no deberán realizar recorridos en toda la provincia. Su acción y estrategias políticas y fondos se concentrarán solamente en las circunscripciones en las que van a participar.


Los contras

Se desarrollarán cacicazgos. En las provincias pequeñas -donde se elige a pocos asambleístas- se tiende a desarrollar una especie de caciques “que se eternizan en el poder”, sostiene Jorge León. En muchos casos, estos personajes tienden a tener poder por otros criterios que no son políticos, sino económicos. Estos ‘caciques’ se vuelven en intermediarios porque tienen afinidad con el Gobierno Central, dice el analista.

Los movimientos pequeños quedarán relegados . En la medida en que se reduce el tamaño del distrito, los sistemas proporcionales de adjudicación de curules son más difíciles de aplicar. Esto debido a que en la elección de los cinco legisladores, las organizaciones fuertes podrían tener tres espacios, dejando solo dos para los grupos pequeños. Además, el método de distribución de escaños D’Hondt beneficia a los grupos fuertes.

La representación provincial se diluye. La visión nacional tiende a difuminarse y se retorna a la visión parroquiana. Esto podría ser un problema al momento de legislar, pues las promesas locales de campaña podrían prevalecer sobre los intereses nacionales. Además, los distritos políticos podrían dar origen a las pretensiones de nuevas unidades administrativas en el país. Incluso podría surgir rivalidad cuando existan proyectos que beneficien a la provincia, ya que pudieran surgir confrontaciones por los beneficios.

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