10 de mayo de 2016 00:00

57 policías heridos y 8 sumarios en año y medio

Los policías metropolitanos realizan labores de control del espacio público, por ejemplo, despejan las calles de comerciantes y mendigos. Foto: Alfredo Lagla / EL COMERCIO

Los policías metropolitanos realizan labores de control del espacio público, por ejemplo, despejan las calles de comerciantes y mendigos. Foto: Alfredo Lagla / EL COMERCIO

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Evelyn Jácome
njacome@elcomercio.com

Videos violentos que se vuelven virales, comerciantes agredidos y policías metropolitanos heridos son el resultado de los enfrentamientos que a diario ocurren en la ciudad entre quienes deben mantener el orden y quienes violentan la ley. Al cumplir dos años de la administración del alcalde Mauricio Rodas, los enfrentamientos entre metropolitanos y comerciantes han generado polémica y debates sobre todo en las redes sociales.

Del un lado, un grupo de uniformados con la misión de cumplir su trabajo y evitar que vendedores sin permiso se tomen los espacios públicos. Del otro, personas que no encuentran más alternativas que vender ilegalmente productos en las vías para subsistir.

¿Cuán frecuentes son ese tipo de pugnas y en qué derivan?
Debido a los videos donde se ve a personal municipal respondiendo con violencia ante los comerciantes, se han abierto ocho sumarios administrativos contra uniformados por hacer uso indebido de la fuerza: cuatro el año pasado y cuatro en lo que va del 2016.

Juan Zapata, secretario de Seguridad, sostiene enfáticamente que no se permitirá el uso de violencia por parte de los efectivos y que se ha investigado cada caso. Pero la violencia es de lado y lado. Solo en lo que va del año, 30 policías resultaron heridos mientras realizaban su trabajo, siete de ellos en el Centro Histórico.

No importa si los policías son hombres o mujeres, los comerciantes los reciben con tubos, palos e incluso cuchillos.

De eso da fe Valeria Anangonó, de 27 años, policía desde hace tres años y medio. Trabaja en el Grupo de Acción Táctica (GAT), que realiza operativos para controlar el uso adecuado del espacio público.

Su deber es acercarse al vendedor autónomo y hacer un llamado de atención oral, si se repite, se le entrega una notificación y, luego de tres avisos, se arma el operativo junto con la comisaría y se retiene el producto. Allí es cuando se producen los altercados.

“No entienden que hacemos nuestro trabajo. Nos insultan. Casi todos los días nos lanzan piedras, nos dan con tubos”, dijo Anangonó, quien es madre, ha participado en cientos de operativos y lo único que tiene para defenderse es un chaleco antibalas y unos guantes. Nada le protege la cabeza. Tampoco tiene tolete, gas ni armas. Recuerda que en un operativo, a un compañero le cortaron el brazo. Le cosieron 10 puntos.

Otro, mientras trabajaba en un operativo de control de venta de jugo de naranja en la Gaspar de Villarroel, en el norte, recibió un golpe con un tubo y le rompieron el codo. Y uno más pasó un mes en el hospital por un golpe en el brazo. Fue necesario que lo operaran y colocaran tres platinas y seis clavos. Sigue en recuperación. A un policía le salvó el chaleco. Le agredieron con un arma corto punzante.

Zapata advierte la vulnerabilidad de este grupo y asegura que analizan la posibilidad de dotarles de equipamiento antimotín como coderas, rodilleras, cascos y chalecos de corte. Se busca asegurar que ningún policía salga herido. En total, en el último año y medio, 57 policías resultaron lesionados.

“Asimismo, aquel policía que no comulgue los principios éticos, morales y legales no tiene cabida aquí”, asegura.

Anangonó cuenta que a pesar de ser una mujer tranquila es complicado no perder el control frente a la agresión. Las amenazas también llegan a diario. Al principio, afirma, no podía dormir, pero luego se acostumbró.

Zapata insiste en que quien viste un uniforme debe saber manejar esos episodios. Desde este mes se van a iniciar seminarios para el manejo de crisis y temas de psicología.

Los uniformados que se encargan de controlar las ventas reciben capacitación en derechos humanos, resolución de conflictos, legislación del espacio público y otros temas.

Pero el trabajo del metropolitano va más allá del control de ventas ambulantes. De los 1 291 miembros, 698 pertenecen al Departamento de Control del Espacio Público, el resto trabaja en rescate en estructuras colapsadas, son guías comunitarios, brindan control ambiental, seguridad, etc.

Zapata explica que desde que la gestión de riesgos pasó a ser competencia municipal, la entidad asumió nuevos retos. Hoy cuenta con 50 rescatistas especializados, entre ellos buzos.

El policía metropolitano se prepara durante nueve meses y pasa por dos etapas: una de tres meses académicos y una práctica de seis meses. Cada año recibe una capacitación en diferentes temas.

En contexto
Las ventas en las calles de la ciudad se sienten con mayor fuerza. La crisis económica es una de las razones. Ahora, el reto del Municipio es velar por el uso de espacios públicos y trabajar con los actores: quienes realizan el control y aquellos que lo utilizan.

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