8 de February de 2010 00:00

Otro policía que servía a la Fiscalía, involucrado en un choque en 2009

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Redacción Judicial
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La muerte de Natalia Emme la conmovió. Katy Campaña dice que al enterarse de que la joven fue arrollada por un vehículo de la Fiscalía (el 14 de enero de 2010) sintió cercano el dolor  de sus padres.

En 2009, sus cuatro hijos y su nuera resultaron heridos en un accidente de tránsito, donde también estuvo involucrado un vehículo del Ministerio Público.



Reglamento de bienes
Art. 5.  Los bienes de las  entidades   públicas solo se emplearán para los fines propios del servicio público. Es prohibido el uso de dichos bienes para fines políticos, electorales, doctrinarios  o para actividades particulares y/o extrañas al servicio público.

Art. 62.  Cuando dos personas jurídicas distintas pertenecientes al sector público quisieren que una de ellas entregue a la otra   bienes,  podrán celebrar un contrato de comodato o préstamo de uso, sujetándose a las normas especiales.


Art. 3.  El daño, pérdida o destrucción del bien, por negligencia comprobada o su mal uso, será de responsabilidad del servidor que lo tiene a su cargo, y de los servidores   que  tienen acceso.

Recuerda que por la mañana del domingo 17 de mayo ellos salieron hacia el Club de Oficiales del Ejército, para nadar en la piscina.

A las 17:30 dejaron el complejo y se dirigieron hacia el valle de Los Chillos, en un  vehículo  Zoyte rojo (placas PDA-6408). Tomaron la autopista General Rumiñahui, pero al pasar el puente peatonal a la altura  del Jardín del Valle, en la urbanización Monjas, fueron impactados por otro auto.

Era un Nissan Patrol GRX  marrón, con placas PEQ-116, que iba detrás de ellos, según Campaña. “Sentí el golpe y traté de maniobrar, pero nos subimos al parterre y dos llantas explotaron”, recuerda Pablo Torres, conductor del Zoyte rojo. “Luego viré el volante y  el vehículo volvió a la vía, pero ese carro nos volvió a impactar en la parte posterior, cuando trataba de escapar del sitio”.

El auto dio cinco vueltas de campana. Gabriel, el hijo menor de Campaña,  salió despedido por la ventana posterior. “Cuando logré salir del automóvil,  las puertas estaban comprimidas, vi a mi hermano cerca de una pared de tierra con la muñeca destrozada”.

La ambulancia 6 de la autopista llegó a los pocos minutos y el paramédico  Byron Rivera dio los primeros auxilios a Pablo Torres. Ordenó su traslado a la Clínica Pichincha, pues tenía una fractura  en su cabeza. Era el más grave.

El conductor del Nissan Patrol, el gendarme Jorge Ponce, dijo a la Policía que el vehículo rojo circulaba “por el carril derecho y por rebasar a otro auto que circulaba delante se cambió de carril intempestivamente y lo impacté en la parte posterior  izquierda”.

Hubo un testigo que observó desde su vehículo el incidente. Gustavo Guarisela iba detrás del Nissan. Él dijo que el conductor, luego del primer impacto, escapó del sitio, no sin antes impactar por segunda vez al Zoyte. “Lo seguí hasta el parque de la Floresta, donde la congestión vehicular lo obligó a detenerse y en ese lugar fue capturado por policías del patrullero con placas PWA-222”.

Los moradores del sector se aglomeraron y trataron de linchar a Ponce, tras conocer lo ocurrido. A los pocos minutos, un piquete de policías llegó al lugar y trascendió que la persona detenida era el chofer del fiscal general, Washington Pesántez.

Esto caldeó el ambiente y el Grupo de Operaciones Especiales (GOE) intervino. “Era la misma escena que vimos por la televisión, cuando atropellaron a la joven Natalia Emme. En nuestro caso también llegaron grupos de élite para cuidar al detenido, porque se enteraron que era policía y trabajaba para la Fiscalía. Si hubiera sido cualquier persona estoy segura que no hubieran hecho lo mismo”, dice la madre.

El propio gendarme reconoció ese día que prestaba “sus servicios para la dirección General de Inteligencia, como seguridad del señor Fiscal General de la Nación”. Su versión consta en el parte policial No. 1434.

Mientras los gendarmes llevaban a Ponce hasta el centro de detención provisional de tránsito (en la calle Cordero), en el lugar del accidente dos ambulancias del Cuerpo de Bomberos socorrían a los otros heridos. Los trasladaron al Hospital Militar.

Allí se conoció que María Isabel Torres, de 25 años, tenía rota  la nariz y casi pierde sus ojos. El hueso de la muñeca izquierda de su hermano Gabriel, de 18 años, se desprendió; su cuñada, Ana Rosa Moreno, tenía rota la clavícula y el pie; y el hermano mayor  Sebastián, de 29, sufrió politraumatismo en la espalda y la cabeza.

La familia presentó una denuncia contra  Ponce, pero  llegaron a un acuerdo extrajudicial. “En los  juzgados nos decían que era mejor un mal arreglo, que un buen juicio”, refiere Sebastián Torres.

Además, señala que  la esposa del policía les pidió que  llegaran a un acuerdo porque  la Fiscalía le había dado la espalda. “Ahora nos duele pensar que si hubiéramos seguido adelante con el caso, quizá la muerte de Natalia  se pudo haber evitado”, dice Sebastián.

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