25 de septiembre de 2014 20:15

Policía antimotines hizo 2 804 operativos desde el año 2012

agentes de la Unidad Antimotines de la Policía

En los patios de la Dirección de Tránsito del norte de Quito, los agentes de la Unidad Antimotines de la Policía (UMO) se capacitan dos veces por semana. Fotos: Jenny Navarro/EL COMERCIO

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Diego Bravo.  Redactor
dbravo@elcomercio.com

La Unidad antimotines comenzó a especializarse hace dos años y en el país hay 660 agentes. Cuatro están en observación por las protestas de hace nueve días.

El ruido de las botas retumba en el patio de cemento. En cinco minutos, 40 policías que visten trajes y cascos negros forman dos hileras. Son agentes de la llamada Unidad Antimotines (UMO). Levantan sus escudos transparentes para cubrirse la cara, caminan y ensayan las estrategias que aplican en una manifestación.

Es martes, 10:30. El grupo entrena en el norte de Quito. El capitán Freddy Argoti inspecciona la práctica. Él es subjefe de la UMO y en esas tareas no se permiten movimientos errados de las escuadras, tampoco que bajen el escudo. “El tolete no se puede usar para golpear”.

En esta Unidad, que fue creada en el 2012, trabajan 660 de los 42 632 agentes que hay a escala nacional (hasta el 2017 serán 1 320). Los instructores hablan de nuevas estrategias para afrontar disturbios, operar en espectáculos públicos.

Además, desalojos, marchas, plantones, operativos con autoridades, en centros carcelarios, audiencias judiciales, seguridad de instalaciones, eventos deportivos... La orden que tienen es no usar bombas lacrimógenas, aplicar el uso progresivo de la fuerza y “dialogar primero antes de actuar”. 

"Antes se manejaba empíricamente el control y mantenimiento del orden público”, señala un alto oficial.

Pero, tras las protestas del 17 de septiembre, en Quito, en Internet circularon videos en los que aparecen uniformados que supuestamente agreden a los jóvenes. Uno de esos casos se produjo en las afueras de Colegio Montúfar, en el sur.

En las imágenes se ve cómo un policía golpea con el codo en la cara de un chico, cuando este era llevado por uniformados.
Para Argoti, lo sucedido son “hechos aislados”. Es más, actualmente cuatro uniformados están en observación y ya no se encuentran en la UMO, pues podrían ser sancionados administrativamente.

Y ayer, 25 de septiembre, dos padres de familia presentaron una denuncia formal en la Fiscalía. Piden que se investigue a los agentes por presunta tortura a un joven que participó en las manifestaciones. El Ministro del Interior, en cambio, dio el miércoles 48 horas para que se compruebe aquello.

Personal de Asuntos Internos (AI) de la Policía pidió las listas de los gendarmes que acudieron a repeler las manifestaciones en las afueras del Montúfar. Quieren recoger “pruebas testimoniales” y evidencias para analizarlas. “Es difícil identificarlos porque en las imágenes no se ven caras”, precisó una fuente de AI.

En los ensayos de la UMO se enseña a los gendarmes que no caigan en provocaciones. También, utilizan pelotas de tenis para simular que son piedras y los aspirantes a policías simulan ser manifestantes. El personal antimotines se protege con escudos. Otro grupo se ubica al frente y evita el avance de las marchas. Los que van primeros se llaman ‘escuderos’ y los que están detrás son ‘apoyadores’.

También llevan extintores para socorrer a quienes podrían ser impactados por bombas molotov y quemarse.

En primera fila van hombres y mujeres. Los instructores dicen que no hay preferencia. Un oficial dice que “una dama policial es indispensable para solucionar los conflictos de género en las protestas”.

La policía Gladys C., de 27 años, estuvo en las protestas de la semana. Apoyaba a los escuderos y recibió el impacto de una piedra en la cabeza. Ella lleva un año en la institución y era la primera vez que la agredían. Ella se recupera actualmente en la casa de sus familiares.

Las heridas más frecuentes a las que se exponen son los moretones, raspaduras, golpes en la cabeza y pequeños cortes en las extremidades.

Activistas de DD.HH. cuestionan la formación de los policías en el control de las manifestaciones y aseguran que intimidan. “Lo único que se consigue es más violencia”. Si la Policía opera con perros o caballos, la gente se siente provocada, precisa Billy Navarrete del Comité de Defensa de los Derechos Humanos. A su juicio, la formación de los gendarmes en esas tareas tiene vacíos porque les falta capacitación para aprender a mantener el diálogo con las personas.

Los agentes de la UMO no comparten ese criterio, pues afirman que el desarrollo de la tolerancia es prioritario en su formación. Entre el 2012 y lo que va de este año han actuado en 2 804 operaciones, especialmente en siete ciudades.

Durante su capacitación han seguido cursos con especialistas de Francia, España y Colombia, quienes han llegado al país para enseñar técnicas antimotines y cómo evitar muertes o heridos en disturbios.

En los cascos llevan pegadas cámaras. Sus imágenes sirven para corregir fallas en los procedimientos o identificar a quienes dirigen las marchas.

Al final de los entrenamientos del martes se quitan los trajes antimotines y se visten de camuflaje gris. Guardan los escudos y salen a hacer a patrullajes en la ciudad.

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