28 de enero de 2015 08:18

Polémica en Nueva York por medidas exageradas para megatormenta que nunca llegó

Una pareja camina por el puente de Brooklyn el 27 de enero del 2015 en Nueva York. Foto; AFP

Una pareja camina por el puente de Brooklyn el 27 de enero del 2015 en Nueva York. Foto; AFP

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Agencia AFP
Nuefva York

Las draconianas medidas de las autoridades de Nueva York ante la posible “histórica” tormenta de nieve que en realidad nunca llegó provocaron el martes una fuerte polémica, obligando a una enérgica defensa de parte del Alcalde.

“Mejor prevenir que curar”, dijo el alcalde Bill de Blasio, luego de haber ordenado junto con el gobernador estatal, Andrew Cuomo, un toque de queda para los vehículos y el cierre del transporte público durante la noche.

Fue la primera vez en la historia que el metro neoyorquino, utilizado por millones de personas a diario, quedó cerrado de manera preventiva por una tormenta de nieve, recordó el diario New York Times.

Desde el domingo por la tarde, las autoridades comenzaron a advertir sobre lo que podría ser “la peor tormenta de nieve” de la historia de la ciudad, y pusieron en marcha medidas que paralizaron el frenético ritmo habitual a la Gran Manzana.

Sin embargo, los pronósticos no se cumplieron. La nevada en el centro de Nueva York fue de apenas un tercio (30 cm) de lo proyectado (90 cm).

Una niña se cubre del frío en Plainview , Nueva York. Foto: AFP

Una niña se cubre del frío en Plainview , Nueva York. Foto: AFP

Tras la falsa alarma, parte de la prensa y muchos ciudadanos se preguntaban sobre la necesidad de semejantes precauciones.

“¡Yup, nevó!”, tituló de manera irónica el tabloide Daily News con la foto de un niño en un trineo de plástico disfrutando de la nieve.

“Esto es apenas una nevada y he estado aquí toda mi vida, salvo un tiempo en Londres. Es ridículo cuando llaman tormenta a esto”, afirmó de su lado a la AFP el consultor financiero Curtis Brill.

Jennifer Daly, oriunda de Nueva Orleans (sur) pero que trabaja en la Quinta Avenida en Nueva York, se lo tomó con filosofía, afirmando que estaba acostumbrada a ese tipo de excitación por los huracanes que no siempre se volvían tan peligrosos como se advertía.

“La gente tiene que ser cauta. Es mejor tomar precauciones y no tener accidentes”, dijo.

El recuerdo de Irene y Sandy
La situación recuerda en parte a lo ocurrido en 2011, cuando el por entonces alcalde Michael Bloomberg fue acusado de exagerar con la evacuación obligatoria de parte del sur de Manhattan por el huracán Irene, que al tocar tierra en Nueva York se convirtió en tormenta tropical.

Un año más tarde, sin embargo, Nueva York fue golpeado por el devastador huracán Sandy, que demostró lo que la naturaleza era capaz de hacer, a pesar de que Bloomberg volvió a tomar las mismas medidas mientras algunos se burlaron de él.

Cerca de 100 personas muertas, cientos de hogares afectados y decenas de miles de personas sin agua y electricidad, además de pérdidas por miles de millones de dólares, fue el saldo del desastre natural más grande que haya afectado a Nueva York en los últimos años.

El propio De Blasio había sido duramente criticado en enero de 2014, apenas asumió en su cargo, por no mostrar a la alcaldía lo suficientemente preparada para enfrentar una tormenta de invierno moderada.

En una conferencia telefónica por la tarde, el director del servicio meteorológico nacional, Louis Uccelini, defendió el martes el trabajo hecho por sus equipos, subrayando que las previsiones climáticas siempre incluyen incertidumbre.

“Debemos mencionar esas incertidumbre con claridad de modo que los responsables puedan evaluar el riesgo”, dijo Uccelini.

De su lado, el meteorólogo Gary Szatkowski, de Mont Holly (Nueva Jersey), pidió disculpas a través de Twitter.

“Mis más sinceras disculpas a los numerosos responsables políticos y a los aún más numerosos ciudadanos comunes”, escribió Szatkowski.

La tormenta, que abarcó una franja de unos 450 km de largo desde Filadelfia hasta el estado de Maine, en la frontera con Canadá, se movió el martes hacia el norte, a Nueva Inglaterra, donde impactó con fuerza en la región de Boston.

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