13 de febrero de 2017 00:00

Pluviómetros ayudan a monitorear las lluvias en Quito

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Evelyn Jácome

El invierno ya no es lo que era. Los técnicos del Inamhi dicen que los sistemas atmosféricos cambiaron y ya no siguen un patrón normal.

En enero se establecieron dos nuevos récords en cuanto a cantidad de lluvia que cayó sobre Quito; nunca había llovido tanto el mes de enero en los últimos 36 años, es decir desde 1981.

Gonzalo Ontaneda, de climatología del Inamhi, explica que en Iñaquito el nuevo récord es de 197,5 milímetros, lo que significa que por cada metro cuadrado cayeron 197,5 litros de agua. En la Tola, la nueva marca es 203,8 milímetros.

Hay otra particularidad: hoy llueve más, en menos tiempo. Los días en que los abuelos sabían con seguridad que los aguaceros iban de octubre a mayo, con dos pequeños inviernillos, pasaron. Hoy puede haber días de lluvias que provoquen deslizamientos, seguidos de semanas de despiadado sol. Así es el Quito actual. Y la nueva forma de llover trae nuevos problemas que afrontar.

De eso está consciente Juan Zapata, secretario de seguridad del Distrito. El crecimiento de la ciudad, la expansión de la zona urbana y la fuerza de la naturaleza han hecho necesario, según Zapata, que el sistema de alerta temprana del Plan de Prevención Ante Época Lluviosa 2016-2017 refuerce el trabajo de los 24 pluviómetros comunitarios con los que cuenta Quito.

En el Distrito se han identificado 60 barrios susceptibles a inundaciones y 100 sectores propensos a movimientos en masa o derrumbes. En 24 de los puntos más críticos de la ciudad opera un pluviómetro.

Se trata de un aparato que provee información del volumen de agua que ha caído sobre determinado sector.

Una de las características de estos artefactos es que son operados con la ayuda de la comunidad. Justamente uno está ubicado en la casa de Pablo Tito, en el barrio Cochapamba Sur.

Él es el responsable del equipo. Hace dos años recibió capacitación para saber cómo leer la información que arroja el medidor. Su casa es la última de la empinada calle De la Pita, en las faldas del Pichincha. Detrás del bien solo hay bosque, por lo que en días de lluvia las laderas pueden afectarse.

El diseño básico de un pluviómetro consiste en dos aparatos. El primero es un recipiente con una abertura superior que permite la entrada de la lluvia. El líquido es dirigido a través de un embudo hacia un colector donde se recoge y puede medirse mediante el peso del agua depositada.

Esa información es transmitida a una especie de calculadora digital que Pablo Tito maneja. Allí se puede ver la hora, el día y la cantidad de lluvia.

Cuando ha llovido más de 10 milímetros, el aparato empieza a pitar y Pablo sabe que es hora de comunicarse con personal del COE Metropolitano para alertar sobre la situación.

Entonces, se activan la sala situacional y los comités operativos. Inmediatamente, un equipo de la Secretaría acude al lugar y evalúa la situación.

Si se detecta peligro para la población, se evacúa a los moradores hacia uno de los ocho albergues que hay en la ciudad.

Tito es guía comunitario y forestal. Cada que empieza a llover, inicia también su trabajo anónimo con el que se evitan desgracias. Los moradores que controlan los pluviómetros son quienes dan la primera alerta sobre el nivel de saturación del suelo.

Zapata indica que en una emergencia el tiempo es el peor enemigo, por lo que contar con la ayuda de los aparatos y de la gente es clave para tener una intervención oportuna.

Carlos Proaño, responsable de los sistemas de alerta temprana, indica que los pluviómetros están distribuidos en todo el Distrito, especialmente en zonas vulnerables, propensas a inundaciones y derrumbes, como La Colmena, El Panecillo, La Pulida, El Troje, Jesús del Gran Poder, Turubamba, La Forestal IV, Rumihurco Alto, Bellavista, Monjas…

En cada barrio hay un responsable comunitario elegido por tener carácter entusiasta y por ser colaborador ya que debe hacer un trabajo sin remuneración, explica Fausto Hidalgo, jefe de seguridad de la Zona Eugenio Espejo.

Cada voluntario es capacitado en el uso y manejo del aparato. Además, en las causas y consecuencias de los movimientos en masa, inundaciones, flujos de lodo…

Hidalgo asegura que, gracias a ese mecanismo de trabajo, se han logrado detectar zonas a punto de saturarse e impermeabilizar taludes. Incluso evacuar a familias en riesgo, como ocurrió en el Comité del Pueblo meses atrás.

En esta administración, gracias a este plan, se ha evacuado a 40 familias que ingresaron en plan de reubicación.

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