13 de mayo del 2015 00:00

La piratería se extiende a través de miles de locales y ventas ambulantes

Piratería

Un local del norte de Quito ofrece los últimos estrenos y también cine clásico y europeo. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

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Javier Ortega
Redactor (I)
jortega@elcomercio.com

En las repisas del local se exhiben los últimos estrenos del cine americano. ‘Rápidos y Furiosos 7’, ‘Los Vengadores 2’, ‘Maestros de la Estafa’... La oferta es amplia.“Todas están en cartelera. La imagen es nítida, pero el sonido es estéreo; si tiene teatro en casa no se las recomiendo. No va a disfrutar”, advierte la dueña a una pareja.

Los jóvenes prueban la calidad en un reproductor de DVD y compran la promoción: cuatro películas por USD 5. “Es una ganga”, murmuran al salir.

A los comerciantes les toma apenas dos semanas sacar al mercado un filme de estreno. Los precios dependen de la calidad del producto. En La Marín, en el Centro de Quito, hay sitios que ofertan películas desde USD 0,50. En el norte, el valor sube hasta los USD 4 si es una copia en BluRay, un formato de alta definición.

Investigadores de la Policía revelan que en el país hay grupos dedicados a la distribución masiva de películas. Tienen torres duplicadoras con capacidad para copiar 10 discos entre 5 y 10 minutos. “En un día pueden sacar miles de películas”, dice uno de los agentes consultados.

¿Cómo acceden a los últimos estrenos? No es un trabajo complejo. Estas personas descargan las cintas en páginas web extranjeras dedicadas a la piratería. Es un negocio redondo, pues el único “gasto” es el pago que cada mes hacen a su proveedor de Internet.

Los distribuidores entregan cada copia a los locales a un promedio de USD 0,70 si es DVD o USD 1,50 si es ­Blu-Ray. Los pequeños comerciantes venden al doble al consumidor final.

En estos días, los legisladores analizan un paquete de reformas al Código Orgánico Integral Penal. Allí se sugiere tipificar a la piratería como delito. Según la propuesta, la persona que fabrique o venda mercancías falsas (ropa, películas, música, libros) será sancionada con prisión de 31 a 45 días y multas que pueden ir hasta los 295 salarios básicos (USD
100 300).

Pero esta reforma, que fue remitida desde la Presidencia, tuvo cuestionamientos en el propio bloque oficialista. “Me opongo. No estoy de acuerdo. Se va a perseguir y meter presos (a los comerciantes)”, criticó María Augusta Calle.

El Ministerio de Comercio Exterior argumentó que hay acuerdos suscritos entre Ecuador y la Organización Mundial del Comercio (OMC), que obligan al país a penar la piratería.

Este ‘vacío legal’ tuvo repercusiones a escala internacional. Hace dos semanas, Estados Unidos incluyó a Ecuador en una lista de naciones con falencias en la protección de los derechos de autor.

Pirateria

En el centro-norte de la capital, los usuarios pueden adquirir libros desde USD 8.

Incluso, el año pasado, la Alianza Internacional de la Propiedad Intelectual pidió ejecutar al país cuatro “acciones prioritarias” para combatir la piratería. Tipificarla como delito, dar al Instituto Ecuatoriano de Propiedad Intelectual (IEPI) apoyo necesario, intensificar los controles y frenar el fenómeno a través de la Red.

También alertó que “muchos vendedores” que estaban en las calles de Quito y Guayaquil “trasladaron sus negocios a lugares dentro de centros comerciales, donde compiten abiertamente con la oferta legal”.

En la Asamblea se cree que el artículo, tal y como está redactado actualmente, generará un “combate injusto y direccionado hacia los pequeños comerciantes de películas y música piratas”. El legislador Luis Tapia (independiente) dijo que pasará un fenómeno similar al tráfico de las drogas. “No se identifica a los grandes capos, se enfocan solo en las mulas”.

En el país operan al menos 60 000 locales dedicados al comercio de películas, según datos de la Asociación Ecuatoriana de Comerciantes de Productos Audiovisuales y Auxilios Mutuos (Asecopac). Más del 60% de comerciantes son mujeres cabezas de hogar.

Desde el 2010, ese y otros gremios se aliaron con el IEPI
para mitigar la piratería. Desde ese año los locales venden películas ecuatorianas en formato original. Bajo ese mecanismo han exhibido unas 200 cintas nacionales, con más de un millón de copias vendidas. Los comerciantes pagan, en promedio, USD 1 por derechos de autor. Y en los locales esas películas se ofertan a USD 5.

Pero hacer algo similar con las cintas que se producen en Estados Unidos es “difícil por la falta de interés extranjero”, reconoce Santiago Cevallos, director nacional de Derechos de Autor del IEPI.

Para la industria de ese país, los réditos son mínimos y no es atractivo otorgar licencias al mercado ecuatoriano.

Mientras los legisladores aún estudian incorporar cambios en el texto de la reforma, en las calles la rutina sigue igual. Cada día se exhiben libros, software, música y películas.

Ayer, en un puesto ambulante del centro-norte de Quito, el libro ‘El Resplandor’, de Stephen King, se ofertaba en USD 12. Las letras estaban nítidas, pero en las primeras páginas no aparecían detalles que tiene un libro original: fecha de impresión o la empresa editora.

En otro local, un antivirus de una firma rusa o el paquete de Office se vendían a USD 20 cada uno. “Si me compra los dos le hago un descuento”, proponía el comerciante.

En el mercado original, estos productos se ofrecen al doble de precio. Montos que muchos ecuatorianos no pueden pagar.

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