11 de March de 2010 00:00

Piñera asume un Chile en reconstrucción

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Santiago Estrella Garcés. Desde Santiago de Chile

Esta tarde, cuando Sebastián Piñera asuma como nuevo presidente de Chile será también el fin de uno de los períodos democráticos más exitosos de la región. Han sido 20 años de gobierno de la Concertación de Partidos por la Democracia, luego de la dictadura de Augusto Pinochet.

Analizar un país que solo se fije en los cuatros años de gobierno de Michelle Bachelet, sería un error, sostiene a EL COMERCIO el politólogo Pepe Auth.

“El punto de referencia son los 20 años de Concertación. Si bien cada uno de los presidentes  Aylwin,  Frei,  Lagos y Bachelet  tuvieron su color propio, todos se plantearon la continuidad y resolver los vacíos que dejó la administración anterior. Bachelet no es la excepción”, apunta Auth.

Durante estos cuatro períodos de la Concertación, Chile tuvo un crecimiento económico que lo llevó a integrar el OCDE, mejor conocido como el club de los países ricos. Así, Piñera, un empresario exitoso, y que ha prometido ser el presidente de “la reconstrucción”, recibe un país con ahorros fiscales que bordean los USD 20 mil millones y con planes sociales que ha prometido mantener.

Sin embargo, tanto Jorge Navarrete, de la Democracia Cristiana, como Auth, coinciden en que ninguna lectura de Chile se puede ahora realizar sin contemplar los efectos devastadores para la economía y la sociedad que tuvo el terremoto. Si este país esperaba un 2010 venturoso, con un crecimiento entre el 4,5 y el 5,5% del PIB, otro será el panorama.

El terremoto costará al menos tres puntos de ese crecimiento esperado, luego de un 2009 marcado por la crisis, que tuvo indicadores del -1,7%. Se calcula que el país requerirá USD 1 200 millones para reparar puentes,  3 600 millones para hospitales... Piñera tenía pensado invertir USD 12 000 millones para fortalecer la economía. Ahora, todo deberá ir para la reconstrucción nacional.

Lo más inmediato “y quizá lo más difícil de lograr en el tiempo, será la reconstrucción del ánimo de los chilenos”, dice Navarrete.

“Nos deja una enseñanza dolorosa: la ausencia de redes sociales fuertes. El modelo exitoso de Chile ha desarrollado el industrialismo, la acumulación, que tan buena imagen ha generado en el exterior, pero deja también como uno de los mayores damnificados la autopercepción que teníamos de nosotros”, añade.

Los temas pendientes que  Piñera hereda serán la educación y la salud.  En Chile, es sabido que para acceder a los mejores centros universitarios, los estudiantes deben aprobar la Prueba de Selección Universitaria (PSU), en donde bajo situaciones límites de estrés, miles de jóvenes se juegan su futuro. Son precisamente los que salen de los colegios estatales los que menor evaluación tienen.

También en la salud pública las deficiencias son preocupantes. Sea desempleado o sin capacidad económica para pagar el Isapres (cobertura médica privada), los pacientes deben acudir a los hospitales que carecen de la infraestructura necesaria y no  cubrir la demanda. “Hay que reconocer que si bien es aún deficiente, hay una mejora en estos dos servicios. Pero las mejoras son solamente cuantitativas, mas no cualitativas”, añaliza Auth.

Chile, pese al crecimiento en estos 20 años de la Concertación, deja un tercer tema pendiente: la desigualdad, la enorme brecha entre ricos y pobres. Una quinta parte de la población se lleva el 80% de los ingresos. Mientras que el sueldo básico es de USD 320, un gerente de cargo medio puede recibir USD 12 000 al mes.

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