23 de December de 2014 20:39

Un pesebre atrae a ecuatorianos y peruanos

En el lado izquierdo del templo de Amaluza (cantón Espíndola) se hizo esta representación del nacimiento de Jesús. 10 personas colaboraron en el armado que tomó un mes y medio. Foto:Lilia Arias/EL COMERCIO

En el lado izquierdo del templo de Amaluza (cantón Espíndola) se hizo esta representación del nacimiento de Jesús. 10 personas colaboraron en el armado que tomó un mes y medio. Foto:Lilia Arias/EL COMERCIO

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Lilia Arias. Redactora (I)
larias@elcomercio.com

Los movimientos mecánicos de las figuras del pesebre de la iglesia de Amaluza, en el cantón lojano de Espíndola, en la frontera con el Perú, atraen a los visitantes. Esta representación, que es la más grande de Loja, ocupa 250 metros cuadrados.

Esta obra, que es recreada por quinto año consecutivo, es visitada por turistas ecuatorianos y peruanos. El Niño Jesús, María, José, reyes magos, campesinos, ovejas, camellos y aves de corral tienen movimientos que armonizan el paisaje de Belén y Nazaret.

También, se recrearon escenas bíblicas y las actividades cotidianas de los personajes de ese tiempo y en un lapso de dos minutos y medio se simula el paso del día a la noche.

Para la quinta edición, el pesebre se denominó ‘Montañas, ríos y cascadas’. Se escogió este tema porque esos accidentes geográficos predominan en el nacimiento de Jesús.

Para el párroco de Espíndola y creador del pesebre, Jimmy Arias, esta obra es un espacio para catequizar, porque a través de las imágenes se cuenta la vida de Jesús. El sacerdote tiene afición por la arquitectura y electromecánica y está asociado a la organización de Belenistas de Pamplona-España.

A través de Internet recibió tutorías para sincronizar las figuras, que son de barro. “Este permite dar los movimientos mecánicos y evita daños”. Algunas piezas fueron adquiridas en Europa y otras en Cuenca, Quito, Guayaquil y Loja.

Todas se guardan para utilizar el siguiente año, por ello se lo califica como ecológico. Este pesebre fue armado por primera vez en el barrio La Pradera en Loja en diciembre del 2008. Empezó en un área de 10 metros cuadrados.

Luego Arias fue asignado a su nueva parroquia eclesiástica en el poblado fronterizo de Espíndola y llevó su proyecto. De acuerdo con el libro de registros de la iglesia de Amaluza, el año pasado 5 000 personas observaron esta recreación, pero hubo otras 3 000 que no dejaron su registro, dice Arias.

En este ocasión desde el 24 de noviembre hasta el 15 de este mes hubo 1 306 visitantes de Ecuador y Perú. Según el lojano Alberto Chamba, quien vive en el cantón Espíndola, el número de personas aumenta en los días previos a la Navidad.

La instalación de las figuras, armar las escenas bíblicas y dar movimiento a los personajes les tomó un mes y medio y colaboraron 10 personas.

El turista se toma dos horas, por lo general, para observar toda la construcción y entender su significado. La historia se cuenta desde el anuncio del ángel a María, quien fue elegida como madre de Jesús. Pasa al sueño de José cuando aceptó el embarazo de María y luego al nacimiento del Niño Jesús en un pesebre. Esta última representación está ubicada en el centro del nacimiento. Posteriormente, se observa la infancia de Jesús.

Los niños y jóvenes son los principales visitantes de este nacimiento, que ocupa todo el lado izquierdo del templo. Para facilitar la observación se han colocado las bancas de la iglesia para que los infantes se suban y puedan apreciar todos los detalles.

Los fines de semana hay mayor afluencia de fieles, dice la lojana Kenny Troya. Desde el poblado peruano de Ayabaca-Perú, a cuatro horas de Amaluza, arriba la mayor afluencia de visitantes extranjeros.

El peruano Henry Calderón visita por tercer año este pesebre y destaca las escenas diferentes que se muestran cada ocasión. “Este año está muy bonito por las cascadas y ríos porque le dan más vida”.

Los ecuatorianos llegan principalmente de las provincias de Zamora Chinchipe, Cañar, Azuay, Pichincha y El Oro.

En contexto
Esta obra será exhibida hasta el próximo 6 de enero en la iglesia principal de la ciudad lojana de Amaluza, en la frontera con el Perú. Este pesebre cuenta con 300 figuras, entre personas y animales, que tienen movimientos mecánicos. Aparte hay montañas y árboles.

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