14 de diciembre del 2016 00:00

240 personas se requieren para operar una tuneladora

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Mayra Pacheco
Redactora (I)
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Las tareas para poner a punto La Guaragua, la primera tuneladora del Metro de Quito, son guiadas por un equipo de expertos. Entre el personal que supervisa el montaje de esta estructura que mide 100 metros de longitud por 9,40 metros de diámetro es común escuchar un acento español, aunque no todos son oriundos de esta nación europea.

Las grandes piezas colocadas por ahora en la superficie, frente a la estación de El Labrador, se arman bajo las directrices de la empresa fabricante de la tuneladora Herrenknecht, de Alemania.

Previo a su operación, cada parte se coloca con ayuda de una grúa gigante en un orden estricto dentro del pozo de ataque -sitio subterráneo desde donde partirá la maquinaria-, explicó el español José Carlos Aguilar, gerente de Túneles del consorcio Odebrecht-Acciona que construye el Metro.

Por la precisión que demanda esta labor, se estima que en febrero empezará a funcionar la primera tuneladora, con personal calificado que ya ha sido seleccionado. Para la segunda y tercera maquinarias se realizarán otros procesos de contratación de mano de obra.

En promedio para cada uno de estos equipos se necesita de 240 personas, que trabajarán en cuatro turnos -60 por cada uno-. De estos, en el caso de La Guaragua, un 90% (216) son ecuatorianos que adquirieron experiencia en España.

Entre ellos está el piloto de la tuneladora, el ibarreño Leo Villalba, de 50 años, que ha dedicado la mitad de su vida (25 años) a operar estas maquinarias. Él aprendió a manejar estos equipos por casualidad. Viajó en 1988 para especializarse en diseño industrial en la Universidad Politécnica de Madrid-España. Justo empezó el ‘boom’ de las tuneladoras.

Entonces Leo era soltero, tenía 22 años y había estudiado Ingeniería Industrial en la Universidad Católica de Ibarra. Eso le abrió las puertas para que años después conociera el mundo de estas maquinarias.

Inicialmente se vinculó a la empresa FCC, construyó varios túneles en Madrid, trabajó con Acciona en las ampliaciones de las líneas 3, 7, el tren de cercanías de la capital española. En Ecuador participó en la edificación de la hidroeléctrica Coca-Codo Sinclair. En fin, en sus 25 años de trayectoria ha operado unas 12 tuneladoras.

“Estoy feliz de formar a nuestra gente en el manejo de estas maquinarias de alta tecnología”. Javier Cangas, operador de La Guaragua

“Estoy feliz de formar a nuestra gente en el manejo de estas maquinarias de alta tecnología”. Javier Cangas, operador de La Guaragua

El trabajo que realiza, a casi 30 metros de profundidad, literalmente, no le permite ver hacia el cielo ni la luz natural, pero disfruta lo que hace.

La operación de estas maquinarias de alta tecnología le demanda concentración y poner en práctica sus conocimientos en física, hidráulica, mecánica, informática, neumática, cinemática, estática...

La labor de piloto es la principal, porque debe estar pendiente de la presión que ejerce este equipo en la parte subterránea, del empuje que ejercerá la rueda de corte (parte delantera de la máquina), del peso del material que se extraerá.

Junto al piloto, adentro de una de estas maquinarias, trabajan 19 personas más. El resto asiste desde la parte exterior.

Para tener operativa una tuneladora se requiere gente para abastecer de dovelas (pieza de hormigón para recubrir el túnel), topógrafos, encargados de los mantenimientos: hidráulico, eléctrico y mecánico. “Cada tuneladora necesita de un equipo parecido al de la Fórmula 1”, precisó Aguilar.

Con las tres tuneladoras operativas se prevé generar más empleos. Actualmente, en el Metro se han creado 2 800 plazas directas y 5 000 indirectas. En todo el proyecto serán 5 000 directas y 15 000 indirectas, según cifras de la Empresa Pública Metro de Quito.

Parte del primer equipo a cargo de La Guaragua lo conforma también el ecuatoriano Javier Cangas de 39 años. Él supervisará la colocación de las dovelas. Aunque es bachiller tiene experiencia. Llegó a ser operario de tuneladoras luego de realizar algunos oficios desde 1999 en Barcelona-España.

Trabajó en mudanzas, montando tarimas. Luego participó en la construcción de túneles en Segovia, laboró en algunas líneas de Metro. Desde el 2012 -en Ecuador- estuvo en Coca-Codo Sinclair, en la hidroeléctrica Minas San Francisco y ahora en el Metro de Quito.

Los tres últimos proyectos le permitieron a Javier, oriundo de Santo Domingo de los Tsáchilas, radicarse otra vez en su país con su familia, integrada por dos españoles: sus hijos Alexia y Xavier y tres ecuatorianos, su esposa Jazmín, su hija Sofía y él. Leo todavía no sabe si se quedará en Ecuador. Su esposa Ana Carmen y su hija Virginia, ambas españolas, están en Madrid. Todo dependerá de las ofertas de trabajo.

Para José Carlos Aguilar, quien dirige al grupo que construirá el túnel del Metro, la experiencia de estar fuera del país por motivos laborales ya no le resulta extraña. Actualmente, él es uno de los migrantes españoles que trabaja en Quito. Está aquí con su esposa María Jesús, pero extraña a su frío pueblo Molina de Aragón.

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