2 de abril del 2015 00:00

El perro callejero tiene sed y hambre. ¿Quién lo alimenta?

Yolanda Alvarado se encarga de alimentar diariamente a los 40 perros que viven en la terminal de Quitumbe. Foto: Armando Prado / EL COMERCIO

Yolanda Alvarado se encarga de alimentar diariamente a los 40 perros que viven en la terminal de Quitumbe. Foto: Armando Prado / EL COMERCIO

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Isabel Alarcón
Redactora (I)
ialarcon@elcomercio.com

Los ‘comedog’ se instalaron con la esperanza de demostrar que Quito avanzaba en ese ideal de convertirse en una ciudad ejemplar en el trato a los animales, sobre todo de los perros callejeros. Pero a menos de un año de su colocación en la terminal terrestre de Quitumbe, los ‘comedog’ que alimentaban a cerca de 40 canes han sido retirados.

Estos animales pasan las horas recostados sobre la hierba. Ya están acostumbrados al ir y venir de los viajeros que entran a la terminal. Solo se levantan al percibir el olor a sopa casera que prepara Yolanda Alvarado, quien se encarga de alimentarlos todos los días.

Alvarado todavía recuerda la emoción que le causó la colocación de estos dispositivos por parte de la Fundación Amigos de Isabella. En esos dispensadores la gente puede donar dinero para la compra de comida para perro. Ahí mismo se coloca el alimento y el agua. Son utilizados en países como Colombia y Uruguay.

Un ‘comedog’ estaba en la entrada a la terminal y el otro, en la caseta de recaudación. Yolanda Alvarado se encargaba voluntariamente de comprar la comida, de colocar y de asegurarse de que no faltara el agua en los recipientes.

Desde hace dos semanas la situación cambió. Los animales comen y beben agua una vez al día y Alvarado debe financiar el balanceado con su dinero. Alrededor de USD 300 mensuales es lo que destina para comprar el alimento y preparar la sopa que tanto les gusta a sus “niños”.

Se suma lo que gasta diariamente en taxi para llevar las bolsas de balanceado hasta la terminal y en las medicinas para curarlos cuando alguien los golpea. Ella afirma que no son agresivos con las personas.

Varios animalistas que se quejaron por la salida de los ‘comedog’ fueron notificados que estos no serán reubicados.

La mujer que alimenta a los canes de Quitumbe

Según la Empresa Pública Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas, el retiro de los comederos no fue una decisión arbitraria y no se relaciona con la cantidad de perros que pululan por la zona.

Estuvo basada en estudios técnicos que revelaron los problemas de salubridad que causan o pueden causar estos dispensadores en el sector.

Más allá del pronunciamiento de la Epmmop, la implementación de comederos en la ciudad causa diversas posiciones.

Para Fernando Arroyo, coordinador del Centro de Gestión Zoosanitario Distrital de Quito Urbanimal, los dispensadores deberían funcionar únicamente si son monitoreados constantemente.

Arroyo percibe un problema cultural: los propietarios se sentirían menos culpables al abandonar a su mascota en un sitio en el que saben que va a tener alimento. Esto contribuiría a que crezca el número de animales en las calles.

Otro problema es la cadena que se crea cuando la gente alimenta de buena voluntad a los perros callejeros, los cuales no suelen estar esterilizados. Por eso, ese sustento lo que hace es favorecer a la reproducción sin control de esos animales.

Esas razones explican por qué entre los planes del Municipio no está colocar o financiar los ‘comedogs’.

La idea de que los dispensadores aportan al crecimiento de la fauna urbana es un error para animalistas como Paola León, quien sostiene que en sitios como la terminal de Quitumbe las manadas establecidas no permiten el ingreso de nuevos animales a la zona, ya que defienden su territorio.

León cuenta que personas particulares ya habían esterilizado, vacunado y desparasitado a gran parte de la manada de la terminal. Considera a estos ‘comedog’ como un aporte para mejorar las condiciones de estos perros callejeros y van a insistir en su reinstalación.

Si planea instalar un ‘comedog’ se deben tener algunas precauciones

Los ‘comedog’ 
deben ser ­monitoreados por una persona que se encargue de colocar y retirar el balanceado para que no se contamine.

En Quito hay otros dos dispensadores de balanceado donados por la Fundación Amigos de ­Isabella, uno en el Centro y otro en Calderón.

Los comederos cuentan con una ranura para colocar las donaciones que son utilizadas para después comprar la comida para los animales.

Se debe realizar un mantenimiento de los dispensadores para evitar la acumulación de bacterias o que se convierta en un foco de infecciones.

Para pedir que llegue a su barrio la campaña de esterilización gratuita de Urbanimal es necesario que la solicite en su Administración Zonal.

Actualmente, Yolanda Alva­rado está ­receptando donaciones monetarias y de balanceado. Se puede ­comunicar al 098 429 0159.

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