9 de January de 2010 00:00

Periodismo líquido

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Rubén Darío Buitrón

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Tener certezas es uno de los peores defectos de un periodista. Certezas en el sentido de ideas fijas,  apasionamientos viscerales, prejuicios, pensamientos estáticos.
A los periodistas nos toca, siempre, ir en busca de incertidumbres. Mucho más  en épocas cambiantes cuando todo es expectativa y tensión,  cuando todo es vértigo y  levedad.
En instantes históricos decisivos nos toca asumir nuevos paradigmas, visiones, compromisos.

Plantearnos maneras distintas de hacer lo que veníamos haciendo. Cuestionar todo lo que creíamos que era correcto,  inamovible  o “políticamente positivo”. 

 Un ensayo de la catedrática española María Pilar Diezhendino (www.saladeprensa.org)  me conduce hacia una idea  del  alemán Jurgen  Habermas:  en momentos históricos, de cambios sin precedentes, “las palabras se le envejecen a uno en la boca”.

La expresión de Habermas es tan certera como la de aquel  legendario e inolvidable grafiti: “Cuando tenía las respuestas me cambiaron las preguntas”.
Lo que ocurre es que vivimos “tiempos líquidos”, reflexiona Diezhendino, citando al investigador Zygmunt Bauman.

Tiempos líquidos como los del Ecuador de hoy: un país que se mueve entre la expectativa, las emociones, el miedo, la polarización,  la duda.

Una sociedad con virtudes, con taras  y defectos. Con  dolores y alegrías. Con    vicios, inequidades, injusticias. Con un deseo centenario  de transformar las cosas.

Una sociedad con espíritu de libertad y rebeldía que no admite (¿o no admitía?) que sus líderes lo traicionen, le mientan, se aprovechen de su sed de esperanza, disfracen como “cambio radical” lo que hasta hoy es solo   un cambio de  mando entre los viejos dueños del país y los nuevos dueños del país.

Diluida la época febrescorderista y todavía  cuajando la época correísta, con todas las  similitudes entre una y otra, al periodismo le toca leer los entrelíneas y razones de esa transición.

En tiempos de incertidumbres cabe, sin temores,  un periodismo de incertidumbres, renovaciones, descubrimientos,  asombros y nuevas  sensibilidades .

No nos corresponde evadir la responsabilidad histórica que pesa sobre nosotros. Son tiempos cambiantes y somos parte de estos tiempos   líquidos y de estas cotidianidades   que van reafirmando cómo el poder, con distinto discurso, siempre es el mismo.

 María Pilar Diezhendino propone un cambio de paradigma para construir una nueva visión de la realidad e intentar  respuestas al nuevo estado de cosas.

Podríamos llamarlo “ periodismo líquido”. Los hechos cambiantes y vertiginosos nos exigen, ética y técnicamente, caminar al ritmo de estos tiempos.

¿Cómo? Con un periodismo   abierto, libre, vivo, sensible, que acompañe  al ciudadano  en su desafío urgente de  ser un  actor decisivo (no pasivo) de la realidad.

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