2 de July de 2015 22:16

El peligro de la paranoia

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Santiago Estrella
Editor de la Sección Política

Las teorías de la conspiración no han cesado. El Gobierno ha gozado de popularidad y de dinero -cosa esencial-, de apoyo internacional que alaba “el milagro ecuatoriano”. Ocho años de gobierno que nunca sufrió ni sufre un atisbo de derrocamiento. El grito de “fuera Correa, fuera” es el mismo, con nombre distinto, que se ha usado en todas las movilizaciones y para todos los ocupantes de Carondelet.

Pero hay una diferencia: ahora se singulariza. Las caídas de Abdalá Bucaram, Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez fueron al grito de “que se vayan todos”. El grito de ahora demuestra que es para uno solo; es la prueba del hiperpresidencialismo, de la omnipresencia de uno solo que gobierna ahora -por sobre toda la clase política- y a la que nadie presta real atención.

En este mes de protestas -ya no únicamente por las leyes a la herencia y la plusvalía, sino por otras demandas ciudadanas-, la conspiración ha vuelto. Pero necesita de pruebas y no las hay. No han sabido mostrarlas. Y más que una realidad, ya parece una limitación del discurso. Es casi la única respuesta que tienen para defender su posición y sus políticas cuando enfrente tienen a un interlocutor crítico y, fundamentalmente, lúcido.

Mucho tiempo después del 30 de septiembre del 2010, cuando se escuchaban debates, no había funcionario de Gobierno, asambleístas o lo que fueren que, ya carentes de argumentos, no apelaran a algo parecido a: “... es que en el 30-S”, y una suma de argumentos para decir que hubo intento de golpe a un gobierno defendido por los autoconvocados.

A los autoconvocados ahora se los tacha de golpistas, que responden a toda una confabulación internacional. Según el ministro del Interior, José Serrano, están detectados por Inteligencia sus autores, los hechos que van a ocurrir, como la toma de aeropuertos, de puentes internacionales. De la marcha de Guayaquil dijo que habría violencia y desmanes y nada de eso ocurrió.

Lo que no se dimensiona es cuán peligroso puede ser para un país que su gobierno maneje el Estado bajo un estado de paranoia.

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